Lecturas

Tres cantautores que viven en sus palabras

Leonard Cohen./E. C.
Leonard Cohen. / E. C.

Leonard Cohen, José Antonio Labordeta y 'Migue' son ejemplos de artistas cuya obra poética se ha recuperado tras su muerte

ELISABETH G. IBORRA

La muerte de los grandes cantautores y poetas nos sobrecoge más que cualquier otro fallecimiento porque sus composiciones nos tocan mucho la fibra sensible, porque los sentimos parte de nuestros recuerdos y, en muchas ocasiones, sus versos han marcado nuestras vidas.

El día que falleció Leonard Cohen muchos nos sentimos un poco desarropados, como si hubieran arrancado de este mundo inhóspito una sensibilidad tan necesaria para sobrevivir. Pero como los grandes artistas nunca mueren, su legado para la posteridad nos salva de quedarnos fríos y sin sus letras. Por eso es de agradecer que algunas editoriales publiquen un recopilatorio de su obra a título póstumo, muchas veces textos, poemas, canciones, notas, fragmentos o versos sueltos que se encuentran por ahí en cajones aún inéditos, por lo general deslavazados, y algún íntimo o estudioso del artista homenajeado se molesta en recopilar con denuedo para sacar un libro digno de su autor al mercado editorial.

O su hijo, como es el caso de Adam Cohen, que cuenta en el prólogo una anécdota preciosa sobre los cuadernos de su padre desde que, de niño, le pedía dinero y le mandaba a rebuscar en sus bolsillos: «Mientras buscaba, siempre me topaba con un cuaderno de notas. Después, en el transcurso de los años, cuando le preguntaba si tenía un encendedor o unas cerillas, invariablemente, al abrir los cajones, mis dedos tropezaban con blocs de papeles escritos. En cierta ocasión, cuando le pregunté si tenía una botella de tequila, me dijo que mirara en la nevera, donde encontré un cuaderno de notas extraviado, congelado».

«Llegué a encontrar un cuaderno de notas congelado en la nevera», recuerda el hijo de Cohen

Ha debido de ser una tarea ingente reunir todo aquello, incluso para el propio Cohen en sus últimos momentos de vida, pues participó y llevó la batuta en la selección. Su hijo prosigue: «Conocer a mi padre era (entre muchas otras cosas maravillosas) conocer a un hombre con papeles, cuadernos y servilletas de bar, todos con su distinguida caligrafía, diseminados (cuidadosamente) por todas partes. Procedían de mesitas de noche de hoteles, o de tiendas de todo a cien; las libretas doradas, encuadernadas en cuero, lujosas, o que, por su aspecto, parecían importantes, jamás las utilizaba. Mi padre prefería recipientes humildes. A principios de los años noventa, había armarios llenos de cajas de libretas, cuadernos que contenían una vida de dedicación a lo que más le definía. Escribir era su razón de ser. Era el fuego que atendía, la llama más importante que avivaba. Nunca se extinguió».

Un trabajo de años

Por eso se titula 'La llama' este magnífico homenaje-compendio que han editado los profesores Robert Faggen y Alexandra Pleshoyano, así como el habitual editor canadiense de Cohen, para la editorial Canongate. En España, Salamandra la ha traducido con un admirable resultado Alberto Manzano Lizandra.

En la introducción, sus editores explican que «Leonard proporcionó claras instrucciones sobre cómo quería organizar el libro, que debía incluir obra escrita y una generosa muestra de dibujos y autorretratos. Previó tres secciones. La primera consiste en 63 poemas que él mismo eligió cuidadosamente de un valioso acervo de textos inéditos que abarca varias décadas. Todo el mundo sabe que Leonard solía trabajar en sus poemas durante años, a veces décadas, antes de publicarlos, y él mismo dio estos por concluidos». El resultado es intachable, pues, y muchos lectores probablemente podrán leerlos por primera vez en castellano.

La segunda parte contiene las letras de las canciones de sus últimos cuatro discos, que quizá no demasiados fans sabían que fueron escritas previamente como poemas.

La tercera parte del libro tal vez sea la más íntima y desconocida, pues presenta una selección de entradas de los cuadernos que Cohen llevó consigo desde su adolescencia hasta el último día de su vida, el 7 de noviembre de 2016. Robert Faggen se ocupó del nada despreciable trabajo de supervisar «la transcripción de más de tres mil páginas de cuadernos que abarcan más de seis décadas. Aunque Leonard participó en la selección que habría de aparecer en 'La llama', no llegó a establecer un orden definitivo. Proceder cronológicamente habría supuesto todo un reto, si no un imposible, puesto que Leonard numeraba los cuadernos a partir de un sistema que no hemos llegado a descifrar y, además, volvía a menudo a los mismos cuadernos diferenciando apenas las entradas con tinta de distinto color. Al cabo, se ha optado por seguir la numeración de Leonard pese a que, a todas luces, esta no respondiera siempre a criterios cronológicos», explica su editor.

Respondiendo a la voluntad del cantautor canadiense, se incluye su discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias, leído en Oviedo el 21 de octubre de 2011. Y para darle la máxima actualidad, se han agregado, por cortesía de su amigo y colega Peter Scott, «algunos de los últimos 'emails' que Leonard intercambió menos de veinticuatro horas antes de su fallecimiento». También quiso que aparecieran en 'La llama' algunos autorretratos y dibujos suyos, como ya hizo en 'El libro del anhelo'. Pero como no le dio tiempo a seleccionarlos, le tocó a Alexandra Pleshoyano «escoger casi 70 autorretratos, de entre más de 370, y 24 dibujos. 'La llama' contiene también, con autorización expresa de Leonard, 20 reproducciones facsimilares de otras tantas páginas de su diario».

«En raras ocasiones se me concedió el poder de enviar oleadas de emoción al mundo. Fueron sucesos impersonales, sobre los que no tenía ningún control», decía el poeta humildemente en su poema 'En raras ocasiones'. Y este es uno de los mejores regalos que pudo dejar a quienes le anhelamos.

Inteligente y cariñoso

Existen, o existieron, otros artistas entrañables que, por su reputación de sensibles y buenas personas, extrañamos. Un caso de cariño casi unánime en España es el de José Antonio Labordeta, cantautor y, en su incansable defensa de la justicia, poeta. Su libro 'Mercado Central', según su prologuista José Luis Melero, dejó ya por 2011, al poco de fallecer el también político, el buen sabor de boca del «mejor Labordeta, el Labordeta divertido, inteligente y cariñoso, el Labordeta apasionado por la literatura, el que escribió con pasión prácticamente hasta el final de sus días».

Para el editor de Xordica, Chusé Raúl Usón, 'Mercado Central' fue escrito «desde el amor y el cariño hacia sus amigos, en el que Labordeta muestra el verdadero valor de la amistad». Y sus amigos, en compensación, le acompañaron hasta el último momento, incluida la presentación póstuma de sus ficciones, retratos textuales apoyados en las valiosas caricaturas del ilustrador zaragozano Luis Grañena. En cuanto a la propia edición, Melero se guarda un secreto a medias con el poeta: «Yo sí conozco naturalmente el orden en que los redactó, pues José Antonio los iba numerando conforme me los pasaba, pero no pienso desvelarlo, no vaya a ser que alguno, equivocada y torticeramente, trate de organizar un ranking de amistades. De ahí que se presenten cronológicamente, del más mayor al más joven». Por su parte, el autor Fernando Sanmartín lo definía como «un libro festivo, no ajeno a la caricatura, lleno de amistad, cariño y muy vital, donde las imágenes son como silbidos que nos hacen girar la cabeza al escucharlos».

Por último, a pesar del tiempo transcurrido desde la muerte en 2004, a los 21 años, de Miguel Ángel Benítez Gómez 'Migue', miembro fundador, cantante, guitarrista y compositor de Los Delinqüentes, se puede rescatar su disco-libro 'Cómo apretar los dientes', que acompañó en 2010 el lanzamiento del último proyecto musical en el que estuvo enzarzado con las poesías de 'Migue'. El libro contiene «seis capítulos repartidos en 160 páginas que abarcan todas las letras de las canciones de 'Matajare 9' y una selección de las mejores poesías, historietas, fotografías y dibujos inéditos de Migue Benítez, cronológicamente ordenados, desde sus últimos días hasta sus inicios como escritor, poeta y músico siendo todavía un niño con 12 y 13 años. En sus poesías de cuadernos de instituto están los textos del Migue que hacía teatro y se inventaba con El Canijo el grupo Los Delinqüentes. Y en el resto de los capítulos queda reflejada su vida y su forma de observar la naturaleza desde que se convirtió en autor profesional de canciones. Un viaje en el tiempo, a través de sus palabras, desde los 21 hacia los 17 años». Y porque no le dio para más.

 

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