Tóxico

JOSÉ MARÍA ROMERA

El lenguaje de la psicología divulgativa acuñó hace no mucho una acepción del adjetivo ‘tóxico’ que no figura en el diccionario. Es la que se desprende de enunciados como «huir de las relaciones tóxicas» «el peligro de las amistades tóxicas» o «cómo defenderse de un jefe tóxico», donde ‘tóxico’ equivale a perjudicial, nocivo, dañino o pernicioso. No hace falta explicar que se trata de una extensión metafórica de la palabra, que en su sentido literal solo significa ‘que contiene veneno o causa envenenamiento’ y que se aplica fundamentalmente a determinadas sustancias. Referido a personas, ‘tóxico’ pasa a ser aquel que por su personalidad problemática causa malestar, siembra discordias, merma la estima propia o produce algún otro tipo de daño psicológico sobre quienes tienen un trato cercano y continuado con ella. ‘Tóxico’ procede del latín ‘toxicum’ (‘veneno’), que a su vez deriva del griego ‘toxicón’: el veneno que se ponía en la punta de las flechas del arco (‘toxón’). De ahí sale el antiguo ‘tósigo’ (veneno), que da lugar a ‘atosigar’ (‘emponzoñar con tósigo’). Nada tiene que ver este ‘atosigar’ poco usado con otro ‘atosigar’ más conocido, verbo homónimo cuyo significado es agobiar, meter prisa, acuciar a alguien a base de exigencias o preocupaciones, y que surge a partir del ‘tussicare’ latino (‘toser’). Aunque podría decirse que una de las conductas habituales de las personas ‘tóxicas’ consiste en ‘atosigar’ a sus víctimas, se trata de palabras con itinerarios semánticos separados que han venido a encontrarse por efecto del azar.

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