Artes plásticas

Los tesoros saqueados

G. E.

Los Bronces de Benín constituyen la joya de la corona de las reclamaciones vinculadas con el arte primitivo africano, aunque esta denominación resulta muy poco conveniente con esa profusa relación de relieves y esculturas, realizadas en la mencionada aleación y también en latón, marfil, cerámica o madera. La estatuaria, con ejemplares que se remontan al siglo XV, refleja una depurada técnica vinculada al método de cera perdida.

Las piezas muestran cabezas, figuras humanas y animales, o escenas de corte y caza, con un refinado naturalismo de formas estilizadas. Las obras tenían una función política y religiosa, aunque también hay elementos vinculados a la decoración palatina. Este suntuoso patrimonio fue esquilmado por una expedición militar británica a la ciudad de Benín, situada en la costa meridional de la actual Nigeria, y actualmente entre 3.000 y 5.000 se hallan diseminadas por decenas de museos de Europa y Norteamérica.

El arte subsahariano también cuenta con otros exponentes, caso de la talla de la Reina Bangwa, ahora incluida en la colección del Museo Dapper de París y que es reclamada por Camerún, o el tesoro de Magdala, formado por veinte piezas, y que perteneció a la dinastía abisinia. Las tropas inglesas asaltaron la fortaleza real y se llevaron un cáliz, una extraordinaria corona votiva y al heredero al trono. El Victoria y Albert Museum ha alcanzado un acuerdo con Etiopía para su entrega mediante la fórmula del préstamo a largo plazo.

La situación más complicada se encuentra al norte del continente, en Egipto, donde la rapiña de los occidentales durante los siglos XIX y XX se acompañó de la connivencia de los gobernantes. La piedra de Rosetta, hoy propiedad del Museo Británico, ejemplifica este saqueo de la herencia faraónica. La estela recoge un decreto del rey Ptolomeo V y constituyó el vehículo fundamental para descifrar la escritura jeroglífica ya que incluía estos caracteres junto a su traducción al griego y el demótico egipcio.