El Schubert más concentrado

Khatia Buniatishvili./Henar Sastre
Khatia Buniatishvili. / Henar Sastre

Khatia Buniatishvili firma unos Impromptus y la Sonata D. 960 con versiones íntimas y emocionantes

C. C.

El acuerdo entre los críticos es amplio: Khatia Buniatishvili tiene pocos rivales cuando se trata de abordar repertorios de enorme exigencia técnica y casi física, con Rachmaninov como ejemplo más claro. La pianista georgiana, nacionalizada francesa, es una fuerza de la naturaleza y se mueve entre las miles de notas de los conciertos del ruso con una facilidad que deslumbra. Incluso a algunos les parece que 'deslumbra' demasiado, con versiones rapidísimas en las que, por increíble que parezca, no falta una nota. Esos mismos críticos no estaban ya tan de acuerdo cuando el repertorio tenía más de sutileza que de sucesión de tormentos y éxtasis. Quienes escucharon en el Euskalduna la pasada semana a esta joven pianista de 31 años en el Concierto Nº 20 de Mozart ya no pueden albergar dudas. Quienes escuchen este disco de Schubert, tampoco.

El álbum, de muy generosa duración, se abre con la Sonata D. 960, la última de Schubert, escrita dos meses antes de su muerte, cuando el compositor, atacado por una sífilis entonces incurable, era consciente ya de su final. Lo primero que sorprende es la duración: a Buniatishvili la sonata le lleva diez minutos más que a Brendel, que durante décadas ha firmado la versión de referencia. La mayor parte de esa diferencia está en el segundo movimiento, una mirada a la muerte, como la propia pianista explicaba en una entrevista concedida a este diario el pasado jueves. Ahí, además de hacer todas las repeticiones –que Brendel no hace–, Buniatishvili parece detener el tiempo. Toca con tal concentración que cada compás parece un mundo y la música flota en el espacio. Es esa conciencia del propio final, esa oración de un hombre joven, con tanto talento como poca suerte. El tiempo puede ser discutible. Ella misma confiesa que ha ido al límite. Pero el resultado es una emoción de una intensidad que rara vez se percibe en una grabación.

Los bellos 'Cuatro impromptus' D. 899 reciben una lectura igualmente intimista pero quizá algo más próxima al canon. Y, como si de la propina de un recital se tratara, el álbum se cierra con 'Ständchen', el célebre lied arreglado para piano solo por Liszt. De nuevo, otra versión concentrada y hermosa de una pieza que tantos pianistas han grabado. Quizá los más puristas pongan algunos reparos al disco. Solo ellos.

El disco

Tïtulo:
Schubert.
Intérprete:
Khatia Buniatishvili.
Temas:
Sonata D. 960, Cuatro impromptus D. 899 y 'Ständchen'.
Sello:
Sony.