Artes plásticas

Salvador Dalí reina en Mónaco

Salvador Dalí reina en Mónaco

El año en el que se cumplen tres décadas de su muerte, una exposición en el Grimaldi Forum muestra lo mejor de su producción entre 1910 y 1983

ABRAHAM DE AMÉZAGA

Aunque no hacen falta excusas para poner en pie exposiciones en torno al gran maestro de Figueras, no se puede pasar por alto que este año se celebran tres décadas de su desaparición. Aprovechando tal efeméride, el Principado de Mónaco ha decidido rendirle tributo, y del mejor modo, con una gran exposición a partir del próximo sábado 6 de julio, que estará abierta hasta el 8 de septiembre. Es una de las grandes muestras internacionales de este verano, de obligatoria visita para los que siguen el calendario del arte, y sobre todo veneran la obra de Salvador Dalí (1904-1989).

En el periodo de la Guerra Civil española, el artista estuvo en la localidad de Roquebrune –lindante con el Principado y desde la que se divisa este–, pintando en La Pausa, «casa que perteneció a Gabrielle Chanel», como matiza Sylvie Biancheri, directora del Grimaldi Forum. Ahora, los cuatro mil metros cuadrados de este centro cultural acogen el arte pictórico del catalán, así como sus influencias y universos, como en veranos anteriores hicieron con Warhol, Picasso o Bacon, entre otros.

Sin título (1982.
Sin título (1982. / fund. gala-salvador dalí

Entre el centenar de obras destacan cincuenta pinturas y el tratado '50 secretos mágicos'

Al ser la primera gran retrospectiva en Mónaco sobre Dalí, el interés de la comisaria de la misma, Montse Aguer, ha sido presentarlo de una manera diferente a las habituales. «Es el pintor más que el personaje el que está en el centro de la muestra», porque entre otros aspectos «llegó a concebir un surrealismo eterno que atravesó las épocas», ha señalado Aguer, quien es además directora de los museos Dalí y del Centro de Estudios Dalinianos en la Fundació Gala-Salvador Dalí.

Una de las características particulares de esta exposición es la disposición del centenar de obras, entre las que sobresalen cincuenta pinturas del maestro. Como ejemplos, 'Autorretrato con cuello rafaelesco' (1921), 'La memoria de la mujer niña' (1929), 'Desmaterialización cerca de la nariz de Nerón' (1947), o la estereoscópica 'Dalí pintando a Gala por detrás' (1972-1973). En ella, merece un apartado especial '50 secretos mágicos', su tratado de pintura que vería la luz en 1948. Allí apunta formas, puntuando a los grandes maestros con un análisis comparativo entre Rafael, Leonardo da Vinci, Velázquez o Picasso, entre otros. A este último lo había conocido en su primer viaje a París, en 1926, ciudad en la que un lustro más tarde tendrá lugar su primera muestra individual. Ese tratado de pintura, que podemos ver en la capital monegasca, vislumbra no solo sus gustos, sino a «un artista que quiere ser inmortal y que se convertirá en inmortal», recordaba Aguer en marzo en París, en un lugar de lo más daliniano, el Hotel Meurice, frente a los jardines de las Tullerías, donde el artista pasaba largas temporadas en la suite que ocupara antes que él Alfonso XIII, cuando se vio obligado a exiliarse.

Resulta fascinante adentrarse ahora en un recorrido por sus distintas etapas. Desde sus primeras obras, de gran poso impresionista, a la libertad que siente por experimentar, sumergiéndose en las vanguardias europeas, del impresionismo a la abstracción, pasando por el cubismo y la pintura metafísica. Un recorrido cronológico que inscribe a Salvador Dalí en la historia de la pintura, y donde es un deleite ver cuadros de sus comienzos inspirados por los sublimes paisajes de Cadaqués. Son los de un hombre contemplativo, que ama el Ampurdán, la belleza que le rodea.

Si bien bajo influencia de Gris y el mencionado Picasso, tendrá un periodo cubista; es el surrealismo quien lo atrapa en sus redes a finales de la década de los veinte, llegando a ser uno de sus grandes exponentes, a pesar de que partícipes de este movimiento lo tilden de «demasiado caprichoso». Esto le permite ir más allá en este campo, estableciendo su método paranoico-crítico, inspirado de algún modo en las teorías de Freud.

En esta muestra, Gala –venida al mundo con el nombre de Elena Ivánovna Diákonova– «tiene lógicamente su espacio, porque le inspiró, le aportó ideas y por supuesto lo apoyó; una mujer que representa el retorno del clasicismo», como señala la comisaria. La que fuera esposa del poeta Paul Éluard, y más tarde de nuestro protagonista, lo influiría en esa observación de lo clásico, que tiene al arte italiano como paradigma, y que apasionará al pintor hasta tal punto que pone en pie los citados 50 secretos mágicos. La exposición monegasca deja por tanto en evidencia que Dalí «estuvo influido por su España natal, así como por diversos artistas clásicos», como recuerda Biancheri, la directora del Grimaldi Forum.

Los casi diez años que el matrimonio pasa en los Estados Unidos tienen su peso a la hora de decir adiós de algún modo al surrealismo y dar la bienvenida a la mística nuclear, la ciencia y la religión. Habrá que esperar a las décadas de los sesenta y setenta para que el hiperrealismo americano, tan en boga en ese momento, llame su atención y entable amistad con Andy Warhol, el mejor comunicador de su propia obra.

Dalí abordó por tanto a lo largo de su existencia diferentes temáticas, incluida la de la muerte en su última fase, y porque la veía muy cerca. Tuvo, además, una gran capacidad para combinar tradición e innovación, creando un lenguaje artístico único y reconocible aún hoy en cualquier punto del globo. «La pintura es superior al resto de las artes», dijo en cierta ocasión, abogando por rehacer su historia. Es por lo que el objetivo en Mónaco estaba claro: «Mostrar una historia de la pintura desde los ojos de Dalí», según Aguer. Ahora solo queda imaginar qué pensaría de ella este genio de las mil caras creativas. Estaría feliz porque si algo adoró desde siempre fue que se hablara de él y de su obra.