EL RETO DE THIELEMANN

JAVIER ELZO

Christian Thielemann nació en 1959 en Berlín. Siendo niño, acompañaba a sus padres a los conciertos de la Filarmónica de Berlín, donde reinaba Karajan. Viéndole, sintió que debía ser director. Soñaba con Wagner, con cuya música creció. 'Lohengrin', de entrada, pero quedó marcado cuando, con 13 o 14 años, descubrió 'Tristán' y 'Parsifal'. Más aún, cuando en su primera visita al Festival de Bayreuth, del que ahora es Director Musical, asistió al 'Parsifal' de Hors Stein. Con 19 años obtiene su primer contrato con la Deutsche Oper de Berlín, en 1980 es ya el asistente de Karajan en Salzburgo para 'Parsifal' y, un año después de Barenboim, en Bayreuth, para 'Tristán'. En 1983, en el centenario de Wagner, dirige el 'Idilio de Sigfrido' en Venecia y vendrán después 'Rienzi', 'Lohengrin' y 'Tannhauser', hasta que, impulsado por Karajan, al final de la década, sube al olimpo dirigiendo 'Tristán' en Hannover. De ahí en adelante dirige, siempre que no haya que viajar mucho, donde y lo que quiere. Aunque con algunos frenos en sus ambiciones.

Thielemann era el gran favorito para suceder a Simon Rattle como director de la Filarmónica de Berlín a partir de 2019-20. Pero los músicos de la orquesta estaban muy divididos: unos totalmente volcados a Thielemann, otros, rabiosamente en contra, pues temían su fuerte personalidad, en lo musical y en lo organizativo. Nadie ponía en duda sus cualidades musicales, pero, al final, y con fórceps, salió elegido Kirill Petrenko, ante la sorpresa de todos.

He asistido a unos cuantos conciertos dirigidos por Thielemann. Que recuerde ahora, en tres ocasiones la 8ª sinfonía de Bruckner, para mí el Everest de todas las sinfonías. Una vez con la Filarmónica de Berlín, en su propia sede, en la fantástica Philharmonie de Berlín. Otra vez con la Filarmónica de Viena, esta vez en París. Aun teniendo un gran recuerdo de las dos interpretaciones, sin embargo, me impactó más su versión en Lucerna con su actual orquesta, la Staatskapelle de Dresde. Al término del concierto de Lucerna, acompañado de mi mujer y de dos críticos musicales de Madrid, tuve ocasión de saludar a Thielemann. Le recordé su 8ª de París y me espetó: «¡Ah!, Wiener Philharmoniker, what a fantastic orchestra!» Y cuando le comenté que en Lucerna acababa de escucharle en otra 8ª de Bruckner distinta bajo su batuta, se sonrió, me miró y me dijo: «Nunca hay dos interpretaciones idénticas».

También le he escuchado grandes conciertos con Brahms, Schoenberg, Strauss (Richard) una inmensa 5ª de Bruckner tras suceder a Celibidache en Múnich, solo superada por la de Eugen Jochum en 1964, un 'Tristán' musicalmente soberbio en Bayreuth, aunque aquí me quedo con Barenboim, y, quizá, quizá, la mejor 9ª de Beethoven que he escuchado en directo. Con la Filarmónica de Viena, en París. ¡Qué 9ª, que nada hacía presagiar tras una plúmbea 8ª! ¿Sabrá ser vienés el 1º de enero próximo?

 

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