Música

Puccini enamorado

Roberto Alagna y Aleksandra Kurzak cantan dúos del italiano, incluidos algunos poco conocidos

C. C.

En el mundo de la lírica hay algunos dúos que, además del valor interpretativo de sus integrantes y de la conjunción que muestren, presentan un aliciente adicional: se trata de parejas en la vida real que asumen roles de parejas en el escenario. Parejas que muestran su amor o el drama de una ruptura; la búsqueda o el éxtasis; el dolor o la culpa. Los dúos en los que se da, o se daba, esta circunstancia son muchos a lo largo de la historia. Y los aficionados suelen buscar en esos casos un guiño, una complicidad especial, una entonación que es apenas un leve matiz diferente de la que hacen cantantes que no son nada cuando bajan del escenario –o que incluso pueden odiarse, que es peor– y por tanto intepretan su amor en el más estricto sentido del término.

Una de esas parejas dentro y fuera del escenario es la formada por Roberto Alagna y Aleksandra Kurzak. Con la soprano polaca, el tenor francés parece haber encontrado una estabilidad que le fue esquiva con Angela Georghiu, con la que protagonizó un tormentoso matrimonio que duró casi dos décadas y cuyas chispas se hacían visibles incluso en los encuentros artísticos.

De amor, y de pasión, trata precisamente este disco en el que la pareja aborda una serie de dúos de obras de Puccini. Algunos dúos son muy célebres: ahí están los que forman parte de las óperas 'La Bohème', 'Manon Lescaut', 'Tosca' y 'Madama Butterfly'. En estas piezas, Alagna y Kurzak brillan como cabe esperar. Su 'O soave fanciulla' ('La bohème') raya a gran altura, como 'Mario, Mario' ('Tosca'). Junto a estas piezas, hay otra mitad del álbum que se detiene en temas de óperas mucho menos conocidas y prácticamente nunca interpretadas por estas latitudes. Ahí están 'La Fanciulla del West', 'Il Tabarro' y 'La Rondine', títulos que se sitúan más o menos en torno al puesto 100 entre los más interpretados, según los datos estadísticos de Operabase, y bastante más atrás si se saca a Italia de ese cómputo.

Lo curioso es que, sin duda, son esos dúos lo más interesante del álbum. Por dos razones: primera, porque permiten acercarse a temas de óperas que pocos aficionados tendrán en su discoteca, ni siquiera en esos volúmenes recopilatorios que tanto gustan a los sellos discográficos; segunda, porque son dúos muy bellos y de gran intensidad emocional. Es el caso de 'Minnie che dolce nome', de 'La Fanciulla' y 'Nella tua casa' de 'La Rondine', pero también de otras piezas.

El acompañamiento de la Sinfonia Varsovia, dirigida por un especialista bien conocido como Riccardo Frizza –un nombre emergente en el terreno lírico–, tiene el empaque preciso para que las voces puedan lucirse.

 

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