Una potente literatura escasa de premios

Dolores Redondo, Planeta 2016. / Luis Ángel Gómez
Dolores Redondo, Planeta 2016. / Luis Ángel Gómez

Algunos estudios y las listas de ganadores revelan las dificultades de las mujeres para lograr los galardones de más prestigio y dotación económica

ELISABETH G. IBORRA

Avanzado el siglo XXI, para ganar un premio literario, lo ideal sería ser hombre, o, en su defecto, firmar con un seudónimo masculino, y, por supuesto, hablar desde el punto de vista de un hombre de la temática que sea, dado que, si eres mujer, narras como mujer y escribes sobre relaciones, amor y otras cuestiones conexas, al menos un sector de la crítica lo calificará de 'literatura de mujeres para mujeres, sobre temas de mujeres' y, por lo tanto, irá derecho a una categoría inferior. Poco digna de ser premiada o, como mucho, galardonada con premios menores de consolación y de mucha menor cuantía que los premios verdaderamente importantes, aquellos que, salvo algunas excepciones, se han otorgado históricamente por aplastante mayoría a los escritores 'de verdad': los hombres, los que tratan sobre la Humanidad y sobre los asuntos filosóficos y psicológicos de los seres humanos.

Estas son las deprimentes conclusiones que se sacan de varios estudios y declaraciones de escritoras e investigadoras del sector, como Nicola Griffith, que manifestó a 'The Guardian', después de analizar qué obras y quiénes habían ganado los seis principales premios literarios en lengua inglesa en los últimos quince años, que, «cuando se trata de premios literarios, cuanto más prestigioso, influyente y remunerado financieramente sea el premio, menos probable será que el ganador haya escrito sobre mujeres adultas». En España existe una notable excepción a esa regla. Se trata del premio Planeta –en poco más de 48 horas sabremos quién se lo lleva esta edición–, el mejor dotado económicamente, logrado por tres mujeres en los últimos cinco años y diez, en los últimos veinte.

En convocatorias menores la norma es la misma. Con el agravante de que en ocasiones el premio se concede a dos mujeres, que tienen que repartirse el importe. Nieves Álvarez, autora del libro 'Descubrir lo que se sabe. Estudio de género en 48 premios de poesía', publicado por Tigres de papel y la Asociación Genialogías, aclara que «en los premios analizados se dan premios ex aequo tanto a hombres como a mujeres, pero hay más que se dan a dos hombres».

La escritora de nacionalidad checo-española Monika Zgustová, flamante ganadora del Premio Cálamo 2018, supone que «deberíamos verlo caso por caso, es peligroso hacer generalizaciones. En algún caso, puede que haya dos libros del mismo valor que fueron votados por la mitad del jurado».

El problema quizás radica en quién determina el valor de esos libros, teniendo en cuenta que la mayor parte de los integrantes de los jurados son hombres. Según los resultados del estudio 'Descubrir lo que se sabe', que abarca casi 100 años de 48 premios de poesía en todas sus convocatorias, el 18,08% de los premios fueron otorgados a mujeres y el 81,92% a hombres, por jurados que estaban integrados por hombres en un 84,96% y por mujeres en un 15,04%.

Premios con plica

Sin embargo, tras las cifras hay algunas cosas que extrañan aún más. «La práctica totalidad de los premios analizados en mi estudio –dice Nieves Álvarez– son convocados por medio de plicas que, teóricamente, solo se abren cuando se decide el libro ganador. Por ello no se puede saber si se presentan más hombres o más mujeres. Por la misma razón, teóricamente, hasta después del fallo del jurado no se deberían conocer los méritos de la persona que los gana. Sin embargo, algunos jurados llevan ya nombres de ganadores».

En todas las ediciones analizadas, según Álvarez, también vicepresidenta de la Asociación Genialogías, hubo hombres en los jurados, pero en 414 de ellas no hubo ninguna mujer. De 1.060 plazas ocupadas por mujeres en los jurados, 162 (el 15,66%) lo fueron por secretarias sin voto. Es decir, que levantan acta de lo debatido pero ni tienen opinión ni peso en la decisión.

Zgustová opina que «la composición de los jurados debería ser lo más paritaria posible. Dicho esto, los jurados deberían tener en cuenta una única cosa: la calidad de la obra que se presenta. Y la calidad está tanto en lo que escriben las mujeres como los hombres».

Parece obvio decir que existe una mayor dificultad de acceso de la mujer al mercado editorial, para editar tanto como para publicar, circunstancias que confirma Álvarez: «Personalmente, creo que cada vez hay más mujeres en el mundo de la edición. Sin embargo, las editoriales más importantes (desde el punto de vista del volumen de libros publicados y sus tiradas) son propiedad de hombres. Las dificultades de publicar en estas editoriales son mayores para mujeres que para hombres». Y pone un ejemplo relevante en el mundo de la poesía: «La editorial Visor publica a una mujer por cada nueve hombres».

Muchas autoras hablan de discriminación sin querer pecar de victimistas, porque pretenden que se les considere por su valía, no por su sexo. Monika Zgustová relativiza que alguna vez ha sentido «algo de discriminación, no tanto por ser mujer escritora como por no ser de aquí y tratar, a veces, temas que no son los habituales y por ello pueden resultar menos vendibles».

Nieves Álvarez, que también es poeta, señala que las mujeres no piden más premios por el hecho de serlo. «Ni siquiera pedimos que se dé esa cierta discriminación positiva en los premios, pero queremos que no se nos quiten premios por ese mismo hecho. Eso es lo que está pasando actualmente. Urge que se cumpla la Ley de Igualdad Efectiva (de 2007) que exige paridad en los jurados. Esta Ley no se cumple y no pasa nada. Solo un premio ha cumplido la paridad (el Tardor, que ya no existe) y los dos premios nacionales de poesía están cerca de cumplirla». Se refiere al Ricardo Molina y el Nacional de Poesía. En este punto, conviene recordar un dato: según el estudio de la Asociación Genialogías, el 82% de los premios de poesía concedidos por las instituciones públicas desde 1923 ha sido otorgado a hombres.

En concreto, Ley de Igualdad Efectiva, en su artículo 11, exige acciones positivas para corregir las situaciones de desigualdad respecto a los hombres; y, en su artículo 26, obliga a las administraciones a fomentar la igualdad de trato y oportunidades en el ámbito de la producción y la creación artística e intelectual.

Solo para mujeres

Frente al incumplimiento generalizado de esa exigencia, algunas editoriales están publicando exclusivamente a mujeres, como Torremozas, La Bella Varsovia, la colección Bartleby o la editorial Takara, que planea abrir una línea de poesía solo para mujeres en 2019. Y estas mismas editoriales, así como ciertas entidades, están abriendo convocatorias de certámenes sólo para escritoras, despertando con cierta inquina por parte de algunos autores que se han sentido discriminados por no poder participar.

A Zgustová no le parece nada mal que haya editoriales solo para mujeres; «es una especialización como cualquier otra», dice. Y no ve «ninguna razón para sentirse discriminado por ello». En la misma línea, argumenta Álvarez: «Si las grandes editoriales discriminan a las mujeres, no veo mal que haya otras (no hay muchas, al menos yo no las conozco) que publiquen solo a mujeres. En Genialogías (junto a Tigres de papel, que no publica solo a mujeres), estamos publicando títulos descatalogados (que son significativos) de escritoras estupendas». Añade que tampoco es «un fenómeno de ahora, la editorial Torremozas se creó en 1982 y está especializada en la literatura escrita por mujeres, con particular atención a la poesía y al relato corto».

Ahora bien, ¿quiere esto decir que escriben literatura de, por y para mujeres y por ello tienen menos posibilidades de ganar un premio, dado que la crítica considera que nosotras hablamos de amor mientras que ellos hacen análisis sociológicos? Zgustová niega la mayor: «Ni todas las mujeres escriben historias de amor ni todos los hombres hacen análisis sociológicos. Son muchas las grandes obras de ficción que giran alrededor de una historia de amor». Y cita algunos autores como Virginia Wolf, Franz Kafka, Katherine Mansfield, James Joyce, Marilynne Robinson o Lev Tolstoi.

Nieves Álvarez ni mucho menos contempla que las razones por las que las mujeres ganan menos premios sea esa. «Tampoco creo que las mujeres solo hablemos de amor y que los hombres realicen análisis sociológicos. Creo que es debido al machismo imperante en los jurados que otorgan los premios, a que no se cumplen las bases y que algunos premios están decididos antes de que delibere el jurado. Las editoriales intentan mediatizar a los jurados para dar los premios a quienes ellos quieren».

Enviar a los autores

No son pocas las personas que denuncian que los editores se comportan como caciques gestionando los certámenes e incluso mandando a sus autores como jurados para después aprovechar los premios literarios con el fin de sacarles rentabilidad. Zgustová no se moja: «Puede que algunos editores de los grandes grupos hagan esto. Pero esta es su elección, al fin y al cabo, se juegan su dinero, y nosotras podemos irnos y trabajar con aquellos editores que sean más sensibles a nuestras necesidades».

Y una cuestión económica. ¿Por qué las cuantías de los premios son tan extraordinariamente dispares según se trate de galardones 'sin género' o solo para mujeres, incluso cuando están convocados por instituciones públicas? Vaya por delante que en algunos concursos solo para ellas, se les ha premiado con un tratamiento de belleza... O hay diferencias tan abismales como las que denunciaron Claudia Castañeda y Elena Medel entre el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, con una remuneración de 150.000 dólares, frente a los 10.000 del Sor Juana Inés de la Cruz, restringido a mujeres. Y eso con suerte, porque normalmente estos últimos no pasan de los 1.000 euros.

En el estudio 'Descubrir lo que se sabe', su autora se limitó a los premios con una dotación igual o superior a 5.000 euros, convocados por instituciones públicas o privadas sin fines de lucro. Ninguno de los 48 estudiados está dirigido sólo a mujeres. Esto quiere decir que el resto de premios de poesía tiene una dotación inferior. «Personalmente creo (pero no tengo datos para refrendarlo) –dice la autora del trabajo– que es debido a que estas instituciones tienen pocos recursos y es querer y no poder. A veces, ni siquiera se publican».

También la crítica

Y para qué, si tienen muchos puntos de pasar inadvertidos para los medios de comunicación puesto que la crítica literaria también suele estar en manos masculinas, como corrobora Zgustová: «Por el momento hay más críticos masculinos. Pero esto también está cambiando y cada vez se ven más firmas femeninas en los suplementos literarios». Lo confirma Álvarez, pero apostilla que «la propiedad de los medios de comunicación es de hombres. ¿Dónde están las mujeres propietarias de un medio de comunicación? Aunque no forma parte del estudio este tema, creo que es cierto: suelo contar en los periódicos el número de críticas de libros escritos por hombres y por mujeres y la diferencia es alarmante a favor de los hombres. Pero lo mismo sucede en los libros de texto, en las entrevistas, etc.»

Si a eso se le suma la sospecha de la poeta y editora Olalla Castro de que las editoriales están utilizando un tipo muy concreto de obra femenina conveniente y sumisa, para explotarla en el mercado, se dibja un bucle infinito del que es difícil salir. Aunque Monika Zgustová se muestra de nuevo optimista: «Puede que haya algunos editores así; aquellos con los que yo he trabajado no lo hacen. Apuestan por la calidad y consideran que, mientras la haya, el libro va a encontrar sus lectores».

Claro, muchos sí, pero en numerosos casos, especialmente en Narrativa, no se entiende por qué la presencia de las mujeres está mucho menos reconocida y premiada, algo que Manuel Rico, autor y miembro del jurado de los premios Andalucía de la Crítica, que por cierto solo han galardonado como autora en dos décadas a Eva Díaz, denuncia que ni siquiera se ha analizado en el caso de la narrativa y el cuento porque hay más concursos de poesía, pero sería muy necesario un estudio estadístico para establecer un diagnóstico fiable.

GANADORAS

Los últimos premios a mujeres
Nadal
'Media vida', de Care Santos en 2017.
Biblioteca breve
'Música de cámara', de Rosa Regàs, en 2013.
Herralde
'Farándula' de Marta Sanz, en 2015.
Planeta
'Todo esto te daré' de Dolores Redondo en 2016.
Cervantes
Elena Poniatowska en 2013 (solo 4 mujeres en 42 ediciones).
Nobel de Literatura
Svetlana Alexievich en 2015 (14 mujeres en 110 ediciones).
Princesa de Asturias de las Letras
Fred Vargas en 2018 (solo 7 mujeres –y tres ex aequo– en 38 ediciones).

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