La pólvora del Rey

El autor reclama un cambio radical de la política respecto de los teatros líricos para diseñar un futuro en el que las nuevas generaciones de artistas tengan más oportunidades

La pólvora del Rey
JUAN CARLOS SANCHODirector de Iberkonzert

El Real mantiene en 2018 la tendencia de contratar mayoritariamente artistas extranjeros». Este titular que encabeza un artículo publicado en 'Diario Lírico', podía inducirnos a pensar que contratar artistas extranjeros es el único perjuicio causado por esta entidad a la industria cultural española, cuando en realidad no es más que la punta del iceberg de todo un sainete de despropósitos. Alejados del público, más allá de la escenografía y la tramoya, hay despachos ocupados por gente incompetente, manejada además por intereses que nada tienen que ver con el arte.

El teatro lírico en España padece un mal endémico que viene arrastrando desde la reapertura de esos dos agujeros negros que son el Teatro Real y el Liceo; digo agujeros negros porque trituran la mayor parte de los recursos destinados al género y de los que no retorna absolutamente nada positivo. Son un mero escaparate para el lucimiento de las creaciones foráneas, donde hacen el agosto las grandes agencias y una especie de fuegos de artificio sufragados con pólvora del Rey pero nada más. Cincuenta y cinco millones de euros al año el uno y 46 el otro deberían dar para algo más que alquilar producciones con sus repartos, porque yo me pregunto: ¿qué relación tienen estos teatros con nuestras facultades de Bellas Artes? ¿Qué planes de futuro para la creatividad en nuestro país? ¿Qué piensan de la necesidad de contar con un consejo artístico preparado y dinámico que ofrezca esperanzas de futuro a nuestros cantantes y músicos con talento? ¿Cuál es su visión en cuanto a lo que podían aportar a nuestra industria cultural?

Conozco el percal y siento decirles que a sus responsables todo esto les suena a arameo. Lamentablemente esta suma de despropósitos no se resolverá, en tanto en cuanto tengamos una Administración pública ignorante, apática y sin coraje. Necesitamos más que nunca un Ministerio de Cultura que ponga fin al desastre, e impida que estas pomposas y superficiales hornacinas dejen al resto de los teatros de la Red Española en la más absoluta de las miserias.

Y hablando de la Red de Teatros, resulta que la mayoría de los ciudadanos de este país desconoce que tenemos una de las mejores infraestructuras culturales del mundo. En los últimos 30 años se ha hecho una labor de restauración de lo antiguo, así como la construcción de nuevos teatros y auditorios sin precedentes. Lamentablemente todos estos preciosos teatros están la mayor parte del año cerrados, o con una programación en precario por falta de recursos. Por contra, esas dos facultades superiores del trilerismo lírico cuentan con una programación de despilfarro, con el añadido de que no aportan absolutamente nada a la nueva creación y menos a la generación de una industria cultural acorde con las posibilidades de nuestro país.

Los responsables de estos dos casinos, desde su arcadia feliz, se limitan a viajar donde les invitan y comprar a golpe de talonario lo que unos crean y otros les dictan. De ahí que los repartos sean en su mayoría extranjeros, dado que estos los ponen las grandes agencias que son las que verdaderamente marcan la pauta. España podía contar con más de cien temporadas de ópera, de tres o cuatro títulos anuales por entidad, si se dotase a estos teatros de provincia con unas ayudas perfectamente asumibles por la Administración, con el añadido de una nueva ley de mecenazgo que sirviese de motivación a la iniciativa privada. De este modo se generaría en el resto de los teatros de España una actividad donde tendrían trabajo cantantes, directores musicales y de escena, nuevas formaciones orquestales, escenógrafos, bailarines, estilistas y otros gremios, muchos de los cuales están a día de hoy hundidos en sus casas. Los conservatorios, las escuelas privadas de Música, las facultades de Bellas Artes, las escuelas de Arte Dramático, de Danza, etc. están haciendo una labor impecable pero inútil, porque acabada la formación el talento se va directamente al paro.

Es triste que en este país uno tenga que actuar más de psiquiatra que de agente, mientras cuatro irresponsables cercanos al poder se atiborran de canapés regados con champán, en salones de terciopelo y alfombra cara, adulando a una clase política ignorante y zafia para que les siga aportando la sopa boba; esa clase política que acude a la ópera como los niños a misa, siempre impacientes para que acabe. No hay día que pase en el que alguien con talento no me llame para preguntarme: «¿Qué estoy haciendo mal para que no me contraten?» Y a uno se le cae el alma a los pies viendo cómo cuatro irresponsables están dilapidando impunemente el futuro de toda una generación de artistas.

Hablamos del modelo centroeuropeo como algo inaccesible; ese modelo donde los teatros de ciudades menos importantes que Berlín, Viena, París, Londres, Ámsterdam, Bruselas, etc, cuentan con una actividad envidiable. Pues para que España alcance ese nivel, solamente le separa la voluntad de una Administración pública concienciada en que la cultura es sin duda el mejor medio para cohesionar territorial y socialmente el país; una Administración pública que se dote de equipos técnicos que pongan freno a tanto despropósito y a ese viaje a ninguna parte al que nos conduce esta política de oropel, papanatismo y despilfarro.

¿Recuerdan aquel tiempo en el que algunos opinaban que era más barato importar puntualmente una gran orquesta que crearla? El tiempo les ha quitado la razón y hoy España cuenta con unas formaciones orquestales que nada tienen que envidiar a las de nuestro entorno. Con el teatro lírico podía pasar exactamente igual si se acabase con esta miope visión de futuro de nuestros políticos, mientras cuatro ineptos hacen el agosto a costa del sufrimiento de toda una generación de artistas. Si queremos acabar con la insolidaridad, el fanatismo, la corrupción, el populismo o el espectáculo bochornoso de nuestra clase política, creo con total sinceridad que la cultura es uno de nuestros mejores aliados.

Tengo plena confianza en que la música y resto de las artes son los mejores medios para tender puentes entre los lugares y sus gentes, ya que nos hacen no solamente más cultos, sino también más libres, porque la cultura siempre es libertad.

 

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