Artes plásticas

Pequeños mundos perfectos

Una de las obras de Pedro Salaberri expuestas en Espacio Marzana./
Una de las obras de Pedro Salaberri expuestas en Espacio Marzana.

Los paisajes de Pedro Salaberri se convierten en escenarios idealizados, a caballo entre la figuración y la abstracción

GERARDO ELORRIAGA

Pedro Salaberri detiene el mundo en un instante bello y, además, extrae de ese momento especial aquello que le parece especialmente armónico. El pintor navarro no pretende ser un cronista visual, sino alguien empeñado en la elaboración de paisajes idealizados, pequeños mundos perfectos que desearía habitar, donde prima la comodidad y sobran las disonancias. «Quiero disfrutar porque vivimos en un planeta convulso», alega y reconoce que no se entromete en el trabajo que hacen otros, aquellos que denuncian. Él aspira a ser el emisario de mensajes de belleza y placer. «Cuando sufres, no ayudas a nadie, pero si trasmites felicidad y placer, harás bien», aduce.

La ciudad y el campo, el telón de fondo de nuestra vida, constituyen sus intereses habituales. La vida en una ciudad de dimensiones medianas como Pamplona, en un entorno plácido y verde, cerca de la montaña, facilita esa visión hedonista. El artista declara su rechazo al filtro virtual, a contemplar a través de una pantalla, aunque su obra no aspira a una reproducción mimética de la naturaleza. «La realidad es una cosa, la pintura, otra», alega y manifiesta su búsqueda de la síntesis. «Digo lo indispensable, nada más», asegura y dice huir del barroquismo y el afán por contar muchas cosas o privilegiar el detalle. «No me importa la cornisa de la ventana, sino cómo me acoge el espacio».

Ese esfuerzo por la contención conduce una encrucijada. Los lienzos de Salaberri se hallan entre la figuración y la abstracción, entre su compromiso con lugares concretos, ciertos montes, algunas calles, y la aventura cromática sin anclajes. Los cielos se agitan más que la tierra en los lienzos y la luz crea transparencias y reflejos, como si se tratara de un juego de espejos dentro de una sucesión de planos.

Pedro Salaberri

fecha
Hasta el 1 de marzo.
Lugar:
Espacio Marzana. Bilbao

Experiencia estética

El autor afirma que siempre se halla a un paso de desprenderme de la referencia, pero que se contiene cuando quiere nombrar los pueblos y caminos, mientras que, en otras ocasiones, el emplazamiento se diluye a favor de campos de color y la construcción de una experiencia estética. «A veces, tiendo a ser más narrativo y, en otras, solo quiero hablar de formas», admite y señala que este vaivén está guiado por el mero deleite. «No me empeño en ser yo mismo, lo soy, pero sin marcarme una senda», indica. «La pintura me mantiene vivo, atento, me hace mirar. La inacción es la muerte».

La figura de Salaberri aparece vinculada a la Escuela de Pamplona y su nombre se asocia con el de Isabel Baquedano, Juan José Aquerreta o Elena Goñi, otros autores indispensables de la pintura navarra. A su juicio, existe una manera común de acercarse al paisaje y el retrato. «Hablamos lo justo, sin gritar», señala y apunta que todos comparten un pudor similar. «Somos discretos, claros y concisos, y nuestro carácter se proyecta en nuestra manera de contar». Las influencias, en su caso, radican en esa formación en la Escuela de Artes y Oficios, la admiración por artistas como Ben Nicholson, la mesura de la pintura japonesa, o la tradición vasca. «Ahí están Arrúe o Arteta y esa voluntad dejar el esqueleto, de decir sin retórica, porque basta con lo necesario».

 

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