El personaje

Lo peor no es el miedo

El periodista Diego Carcedo. / VIRGINIA CARRASCO
El periodista Diego Carcedo. / VIRGINIA CARRASCO

Como informador, vivió y narró guerras, revoluciones y catástrofes naturales. Ahora cuenta sus vivencias de esos años en un libro

ELENA SIERRA

Despertarte para ver que te van a dar un garrotazo e intuir que te van a tirar después en medio de la selva, a medio camino de ningún sitio, da mucho miedo. Encontrarte, tan blanco, en un país negro en el que el Gobierno proclama el odio al miembro de la casta de los antiguos colonizadores, también. Saber que todas esas llamadas telefónicas en tu habitación a cualquier hora, y los ruiditos de la línea, se deben a que estás siendo espiado, puede que te congele la sangre. Ir a ver cuánto hay de verdad en unas supuestas sanaciones milagrosas, exponerte a una de ellas y ver cómo, en apariencia, te sacan alguna viscera, seguramente produce sudores fríos. Estar en el medio de la evacuación final de una ciudad antes de que entre ese ejército que ha podido con el de la gran potencia estadounidense, y apurar los minutos sin tener transporte, más que miedo dará pavor. Y pasar días y días atrapado en un barco cargado de refugiados que huyen, y sin que parezca haber un destino, más de lo mismo.

Pero cuando el periodista Diego Carcedo (Cangas de Onís, 1940) hace recuento de esos momentos en los que, a lo largo de una vida dedicada a ir al foco del drama para intentar contarlo, ha estado en peligro y ha sentido miedo, no son esos los que peor cuerpo le dejan. Menciona otro par, llega hasta tres, y no son en los que ha estado en mayor riesgo físico. Son los que le han hecho preguntarse si puede seguir viviendo con eso, por qué no ha actuado mejor y si se ha olvidado de que es un ser humano.

Todos, los anteriores y los próximos, aparecen en sus memorias periodísticas 'Sobrevivir al miedo' (recientemente publicado por la editorial Península en la colección Huellas).

Nació en Cangas de Onís, Asturias, de 1940.
Estudió Historia y Periodismo. Fue reportero de TVE, sobre todo en conflictos y desastres naturales. Ha escrito varios libros. 'Sobrevivir al miedo' es el último.

Instantes de una vida

El primero tuvo lugar en 1970, en Perú, tras un terremoto que dejó 70.000 muertos y a miles de personas incomunicadas en zonas remotas. Los periodistas llegan en helicóptero, están un rato, vuelven volando a un lugar más cómodo. Tienen prisa. Una mujer se acerca y le tiende a Carcedo su bebé de pecho. No tiene comida. No se espera ayuda. Ese niño va a morir y ella quiere confiárselo para que lo lleve a otro sitio, cualquiera, mejor. Allí donde al menos haya una esperanza. Puede dejarlo delante de cualquier puerta allá donde aterrice, alguien se apiadará y lo atenderá. El corresponsal de TVE, que lleva ya años curtiéndose en sucesos, guerras, posguerras y desastres naturales como parte de su trabajo para 'La Nueva España', la agencia Pyresa y los informativos, se niega. Todavía se arrepiente.

El segundo ocurre en Vietnam, en 1975. Tienen que saltar una última valla para acceder a la embajada americana y poder montarse en uno de los últimos helicópteros que se lleva a los extranjeros hacia la paz. Una periodista inglesa no suelta de la mano un niño vietnamita que se ha encontrado por el camino (conseguirá agarrarlo hasta casa), y Carcedo ve a una mujer que sujeta a un bebé en un rincón, aplastados todos por una masa en estado de pánico. El bebé está muerto, y el periodista, que ha saltado de país en país y de un foco informativo a otro para el programa 'Los reporteros' y los informativos de TVE, se da cuenta y se desmaya. A punto está de no salir de allí.

El tercero tiene como escenario un paraje ugandés, entre animales fascinantes y a mediados de los setenta. Allí un cura español que le ha echado un cable le pide que le ayude como monaguillo en la Misa del Gallo. La respuesta es un no. Cuando ve, por una rendija, cómo ese hombre de fe hace el ritual solo, a punto está de cambiar de idea. Pero le da vergüenza. Y le hace preguntarse por su insensibilidad. Aquel misionero fue asesinado meses después.

Carcedo es uno de esos periodistas que ha vivido de todo y en todas partes, algo que nadie podía imaginarse en su pueblo asturiano de posguerra (ni en la España de décadas más tarde). Pero llegó a recorrer mundo y mostrárselo, por una ventanita televisiva, a sus compatriotas, como lo hicieron sus colegas Miguel de la Quadra Salcedo, Javier Basilio, Jesús González Green, Vicente Romero, Manu Leguineche. El asturiano fue después el corresponsal de TVE en Lisboa (allí vivió la Revolución de los Claveles y el 23-F español) y con los años llegaría a director de los Servicios Informativos de su cadena, director de Radio Nacional –a veces, reconoce, dan más miedo los despachos–. Es, desde 2006, presidente de la Asociación de Periodistas Europeos.