Ciencia y tecnología

Los peces del crepúsculo

Los peces del crepúsculo
MIKEL CASAL

Existe en los océanos una zona de luminosidad intermedia que puede contener más vida que la totalidad de las pesquerías del planeta

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ

Es sabido que los océanos, que cubren dos terceras partes de nuestro planeta, siguen siendo enormemente desconocidos. Sabemos más acerca de la superficie de la Luna que de las aguas que nos rodean. Pero nuestra ignorancia no parecería tanta como para descubrir hace poco toda una zona del océano antes desconocida. En realidad, claro, esta zona siempre ha estado allí, pero no había sido identificada como un espacio diferente, singular, aparte de las que tiene a su alrededor. Los seres humanos la recorrieron sin ver hasta hace poco sus características únicas, especialmente en los alrededores de los arrecifes coralinos.

Los corales proliferan a profundidades entre los 40 y 150 metros, aproximadamente, que es a las que pueden vivir las algas, con las que mantienen una relación simbiótica mutualista, donde los corales aportan protección y las algas ofrecen al coral nutrientes gracias a sus procesos de fotosíntesis. Hasta hace poco, se pensaba que por debajo de la zona donde prosperan los corales comenzaba la zona afótica (de 'fotos', luz, lugar donde no hay luz), a donde ya no llega la luz del sol, progresivamente absorbida por las aguas marinas (esa absorción explica el color azul que se acentúa conforme descendemos en el océano) que primero absorbe el rojo y el amarillo, después el verde y, finalmente el azul, hasta llegar a las profundidades del océano donde la vida se las arregla para continuar sin luz.

Pero existe esta zona de luminosidad intermedia, crepuscular, situada entre los 130 y los 300 metros de profundidad, aproximadamente, que algunos investigadores han sugerido que se denomine 'rarifótica' de luz escasa, también conocida como disfótica (mal iluminada), una capa del océano distinta de las que están arriba de ella y debajo de ella, pero por la que pasan seres vivos de ambas creando un espectacular intercambio.

Los seres de la zona crepuscular participan en una constante migración por todo el mundo que el Instituto Oceanográfico de Woods Hole llama «una colosal ola viviente» Cada noche, muchos habitantes de esta zona del océano suben a la superficie para alimentarse y vuelven a su banda oscura antes del amanecer. Pero hay otros animales que hacen el camino inverso, los depredadores de superficie como ballenas o tiburones que bajan a las aguas crepusculares para alimentarse, dada la abundancia de vida que se ha determinado que contiene. Se trata de una estrecha banda de los océanos, considerando que la profundidad media de las aguas oceánicas es de 3.700 metros alcanzando con frecuencia profundidades de 7 y 8 kilómetros hasta su parte más profunda, la fosa de Las Marianas que llega a los 11.000 metros. Y, sin embargo, los científicos calculan que puede contener más vida que la totalidad de las pesquerías del planeta sumadas.

El vertebrado más común

Esto explica una de las cuestiones que intrigaron a los oceanógrafos de mediados del siglo pasado, que utilizaban el sonar para tratar de medir la profundidad de los océanos y se encontraban con resultados absurdos… parecía haber un 'falso fondo' de sólo unos cientos de metros. Finalmente se determinó que la enorme biomasa que habita en la zona crepuscular era la que reflejaba las ondas del sonar impidiéndoles llegar a la verdadera profundidad de las aguas.

De hecho, hasta hace poco tiempo se pensaba que el vertebrado más común era la gallina de corral, de la que se calcula que en cada momento hay unos 24.000 millones de individuos criándose en todo el planeta, pero los estudios en la zona crepuscular señalan que los peces luminosos llamados gonostomátidos superan con mucho ese número. Los gonomástidos pueden contarse en millones de billones… hablamos de 18 ceros.

Y hablamos también de 1,3 Tm. de gonomástidos por cada ser humano de hoy. Una reserva de proteína espectacular que, para explotarse, requeriría que nos hiciéramos a la idea de consumir un pez de aspecto bastante desusado y no muy apetitoso a primera vista.

Eso solo con este genus o grupo de especies. Y en la zona habitan muchísimas otras especies de peces y otros animales. Los científicos sugieren que podría haber allí más de un millón de nuevas especies por descubrir, describir y comprender, que pueden ofrecer respuesta a muchas preguntas sobre el desarrollo de la vida en la Tierra. Como ejemplo, el celacanto.

Pero la pesca no solo se hace para alimentar a los seres humanos: gran parte de la actividad hoy en día se orienta a la harina de pescado para piensos animales y a los aceites de pescado, de modo que la industria pesquera ve con interés la abundancia de esta banda del océano. Los estudiosos, sin embargo, señalan el agotamiento de algunos caladeros por sobrepesca y, dado que hablamos sobre todo de aguas internacionales, pretenden que se establezcan reglas claras que eviten la sobreexplotación de un espacio que apenas estamos conociendo.

La mayoría de los animales de la zona crepuscular son pequeños, desde animales unicelulares y plancton hasta medusas y peces como los propios gonomástidos, que como máximo pueden ser de unos cuantos centímetros. Pero hay excepciones como los sifonóforos, que forman cadenas que pueden medir más de 40 metros, convirtiéndolos en unos de los mayores animales de la Tierra, o las ballenas que pasan parte de su vida en esta zona.

Su papel en el clima

Estos seres vivos juegan además un importante papel en el clima eliminando –o fijando– carbono de la atmósfera y disminuyendo el bióxido de carbono, el principal gas de invernadero. El fitoplancton convierte el carbono atmosférico en los compuestos que lo forman. Al alimentarse de él en la superficie, el zooplancton (pequeños animales) lleva esos compuestos de carbono a la zona crepuscular. Algunos de estos animales son a su vez comidos por depredadores de mayores profundidades. O bien, los cuerpos y desechos de muchos animales se hunden y son consumidos por seres de las profundidades. Se calcula que unas 200 millones de Tm. de carbono son fijadas cada año en las profundidades, donde pueden permanecer durante miles de años, reduciendo el bióxido de carbono de la atmósfera.

Lo cual puede ser tan valioso o más que su capacidad de ayudar a alimentar al planeta y explicarnos la evolución de la vida.

El ascensor

Los peces, igual que los seres humanos, pueden sufrir aeroembolismos por descompresión cuando son llevados de las profundidades donde viven a la superficie. Para poderlos estudiar, los científicos de la Academia de Ciencias de California crearon un tanque de descompresión portátil que mantiene la presión a la que son capturados los especímenes para su estudio y que se descomprime lentamente en la superficie, sin incomodidad alguna para los peces.