Números artísticos

ALICIA GIMÉNEZ BARTLETT

Leo en el periódico de hace unos días: «Descubierto el mayor número primo, formado por 23 millones de cifras». Me quedo sorprendida. Nunca hubiera imaginado que un número, primo o no, pudiera ser ‘descubierto’ y tampoco que tal descubrimiento resultara noticiable. Me interno en el artículo para ver si me entero de algo. Existió un matemático francés en el siglo XVII, llamado Marin Mersenne, que hizo una lista de números primos raros cuya característica es que son una potencia de dos menos 1:2’’-1. Desisto de cualquier comprensión, pero no por eso encuentro el artículo menos interesante. En él veo dos cosas que me llaman la atención: una, que estos números no tienen aplicación práctica y que deben ser considerados como obras de arte. Dos, que hay una organización americana que, con voluntarios, busca esos números primos enormes. ¿No es maravilloso? Yo creía que el arte se reducía a la pintura, la música, la literatura etc. También pensaba que el llamado ‘saber’ enraizaba en la ciencia y la filosofía. Sin embargo, nunca jamás se me hubiera pasado por la cabeza que un puñetero número pudiera ser exaltado a la categoría de obra artística. Semejante reacción por mi parte sólo demuestra mi ignorancia, y mucho me temo que no sólo la mía. Aunque quizá debería, no consigo avergonzarme. Mi sensación es casi de alegría al saber que hay montones de conocimientos a los que nunca podré acceder y montones de personas que se ocupan de ellos. La cultura y la ciencia tienen tantos apartados, levantan tantas pasiones en algunos mortales, que podemos sentirnos orgullosos y seguros al comprobar que, junto a la tremenda bobería que parece imperar en el mundo de hoy, hay especialistas que gozan con la estética de saberes en los que avanzan con perseverancia. Con noticias como esta, uno se congratula de pertenecer al género humano.

Otra cosa es pretender estar al tanto de todo. Resulta imposible. Lo que sí debemos hacer es admirar a quienes estudian, investigan y rebuscan… no sólo a los que escriben o pintan. Sólo admiramos la Ciencia cuando puede adaptarse a nuestras necesidades. Error tremebundo. Me imagino al descubridor de este número primo tan descomunal, que al parecer se llama John Pace, extasiado frente a su descubrimiento, experimentando un placer vedado para muchos comunes mortales. Puede que yo no comparta su arrobo, pero soy feliz al saber que hay hombres como él, que siguen en la senda de la sabiduría de manera muy poco llamativa. Estoy convencida de que muchos colegas felicitarán a Page y serán conscientes de su hazaña, aunque muy probablemente, tenga pocos seguidores en su cuenta de Instagram.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos