Lecturas

Las nueve críticas literarias de la semana

El escritor argentino Patricio Pron./Roberto Ruiz
El escritor argentino Patricio Pron. / Roberto Ruiz

En esta novela, ganadora del último premio Alfaguara, el escritor argentino plantea una ruptura de pareja en el marco de un sistema de mercado que condiciona la sexualidad y los afectos

Patricio Pron o el amor y sus circunstancias

Iñaki Ezkerra

El contexto socio-económico en las historias de amor ha tenido tradicionalmente un papel secundario que, sobre todo en el cine, dura hasta nuestros días. Los enamorados luchan contra las circunstancias hostiles a su relación como si la última palabra la tuvieran ellos y como si su destino, tanto unidos como separados, se dirimiera solo en el campo de las individualidades. Este planteamiento voluntarista, que es el del 'Romeo y Julieta', fue heredado no ya solo por toda la literatura romántica sino que llega hasta tiempos bien recientes con novelas emblemáticas como 'El amor en los tiempos del cólera' de García Márquez o ensayos como 'Enamoramiento y amor', en el que Francesco Alberoni planteaba la relación amorosa como fuerza revolucionaria en oposición a las interpretaciones materialistas. Algo ha cambiado en los últimos tiempos y en la propia narrativa en castellano. En 'Feliz final' (2018) el sevillano Isaac Rosa presentaba a un matrimonio perplejo ante la situación que viven de una ruptura no ajena a la crisis económica. Un año antes, la mexicana Catalina Aguilar Mastretta publicaba 'Todos los días son nuestros', una novela en la que un amor eterno dejaba también de serlo debido a unas incompatibilidades educacionales y sociales. Ella se había formado en un izquierdismo ilustrado y él en una alta burguesía conservadora y convencional. En este contexto, pero yendo aún mucho más lejos en la atención a los agentes circunstanciales que pueden dinamitar una relación matrimonial, hay que ubicar 'Mañana tendremos otros nombres', la novela con la que el argentino Patricio Pron ha obtenido el premio Alfaguara 2019.

Aquí ya no existe la perplejidad de los dos casos anteriores. Es cierto que él experimenta dolor y desconcierto ante una situación nueva de 'obligada soltería' que no ha buscado ni calculado y que esos sentimientos acaban con la facilidad que hasta entonces había tenido para conciliar el sueño. Pero ambos miembros de la pareja se presentan ante el lector demasiado conscientes de la generación, la sociedad y el mundo al que pertenecen. No existe una novela en la que la irrupción del desamor se encuentre tan justificada por las circunstancias ambientales, culturales, sociológicas, económicas y hasta tecnológicas. Cabe albergar incluso la sospecha de que Pron, que es un escritor profundamente irónico, hubiera llevado el humor a un punto de soterramiento que se confunda con el realismo, pues todo el libro es en realidad una exposición de la infinidad de factores que harían la ruptura prácticamente inevitable en sus dos protagonistas. De ellos, que comparecen en un discurso de pasado y de tercera persona omnisciente, no se nos dan los nombres. Se alude a Él y Ella haciendo honor a la caducidad de las identidades que explicita el título de la obra. Él se dedica a escribir ensayos y Ella a la arquitectura. Él se ha quedado solo en una casa del Madrid de nuestros días que han estado compartiendo hasta entonces y que se le cae encima, razón por la que se plantea buscar otra, a la cual se irá con unos libros que llegan a adquirir unas connotaciones simbólicas.

El planteamiento argumental es, de este modo, inverso al de la novela romántica y no digamos ya al de la literatura rosa. En vez de estar ante la clásica batalla de 'dos contra el mundo', estamos ante la del 'mundo contra dos' y ganando en apariencia ese mundo que no es ya el del «amor revolucionario» de Alberoni sino el del «amor líquido» de Bauman; el del capitalismo deshumanizado, el consumismo sentimental, el mercantilismo erótico y la afectividad tan virtual como las mismas ofertas sexuales de Internet; el de los manuales de autoayuda y las reinvenciones personales; el de las redes sociales, los chats de WhatsApp y la rescisión de amigos 'tóxicos' con problemas laborales, psicológicos o de salud; el de la denominada 'generación Tinder', esa aplicación geosocial que facilita al usuario la comunicación con otros seres guiándose por una robótica identificación de datos personales y recetas de gustos coincidentes o compatibles para fijar ocasionales encuentros.

Y, sin embargo, 'Mañana tendremos otros nombres' no es un libro de tono desolado ni dramático porque la prosa incisiva y metódica de Pron se aleja de cualquier aspaviento. Se limita a seguir considerando el marco material, las infraestructuras y superestructuras, todos los factores ajenos a la pareja que inciden en esta de forma determinante, hasta el último momento, hasta lo que se dibuja como un final abierto y abre una puerta a algo que no es exactamente la esperanza.

La memoria secreta

J. Ernesto Ayala

Al señor Grönewald le acaban de comunicar que su cáncer es terminal. No le queda mucho tiempo de vida. Por ello decide que una persona que conoce en Budapest venga a Estocolmo urgentemente. En la capital sueca vive el señor Grönewald. La persona que llama es mujer, es húngara y psiquiatra. El señor Grönewald tiene un hijo adoptado. Se llama Ervin y en realidad fue comprado, circunstancia que desconoce el propio Ervin. El señor Grönewald es viudo. Su mujer se llamaba Teresa, y con ella urdió la compra de Ervin. Ahora el señor Gröne- wald, que está a punto de morir, no tiene ningún contacto con su hijo. La visita de la doctora Bíró, que así se llama, nos aclarará qué hay detrás de la existencia de Ervin, qué pasó en su país de origen y qué pasó con sus padres. Estos son los datos sustanciales que arman la novela del escritor húngaro Gábor Schein (Budapest, 1969).

La novela de Schein no es lineal. Todo comienza en un presente que nos atañe. Podría ser alrededor de 2007. Pero el origen de su drama comienza con la revolución húngara de 1956. Y con su derrota. Las memorias se cruzan porque así todo va encajando mejor. Cada relato es una pieza de un gran puzle histórico y familiar. El relato de la doctora, que frena la entrada en escena de la otra pieza del puzle, Ervin, se demora en la información que tiene de la madre de este. La madre de Ervin fue parte del gran engranaje represivo del régimen comunista en Hungría. Fue informadora hasta que descubrió que con su información estaba dañando la vida de muchas personas, que lo único que hicieron fue disentir con el régimen que los oprimía. Esta información que tenemos de la madre de Ervin se cruza con la que nos da la propia doctora Bíró, en tanto ella fue psiquiatra en un hospital que el régimen cerró años después, dejando casi a la intemperie a multitud de personas sin atender. Y mediada la novela entra en acción Ervin, con sus problemas matrimoniales, con su silencioso resentimiento con unos padres adoptivos que nunca lo trataron como él creyó que se debía tratar a un hijo. La muerte del señor Grönewald lo vuelve a reunir con su hijo.

Schein retrata una época política y familiar. Retrata la inmensa inmoralidad de un régimen que no deja indemne a nadie. También retrata la impostura y esos silencios y secretos que no se conocen pero se sospecha que existen. Por eso hacen tanto daño. Sobre el daño del alma de una familia y de un país, trata esta hermosa y doliente novela.

Tinta y azufre

Pablo Martínez Zarracina

Ajedrecista y melómano, Paolo Maurensig es un escritor familiarizado con la precisión y la tonalidad. Lo demuestra en su última novela, un texto breve que presenta la solidez de una miniatura y la elegante frivolidad de un bibelot. Si hay libros que nos hacen pensar en los autores que se advierten como influencias tras sus páginas, otros nos hacen pensar más bien en los autores que disfrutarían con esas mismas páginas. El último trabajo de Maurensig pertenece al segundo grupo y es probable que Chesterton, Leonardo Sciascia o Joan Perucho asintiesen satisfechos al leer esta novela. Entre otras cosas, por el encanto de su protagonista, alguien «que presenta siempre un aspecto bien cuidado, viste con traje cruzado, exhibe una elocuencia refinada, un tono de voz engatusador». Es, por supuesto, el diablo, aunque uno más tragicómico que temible. Digamos que un diablo más de andar por casa que el Mefistófeles de 'Fausto'.

La referencia a Goethe no es casual. La novela de Maurensig transcurre en un pequeño pueblo de los Alpes suizos llamado Dichtersruhe, topónimo que puede traducirse como 'el descanso del poeta'. El origen del nombre tiene que ver con un hecho de dudosa veracidad que se ha terminado elevando a la categoría fundacional: hace doscientos años, en uno de sus viajes entre Weimar e Italia, a Goethe se le averió el carruaje y tuvo que hacer noche en el pueblo. Hoy Dichtersruhe tiene una gran estatua del poeta en su plaza principal y tres posadas que se disputan el privilegio de haber sido la que le dio alojamiento aquella noche histórica. La otra peculiaridad de Dichtersruhe consiste en que todos sus habitantes tienen una fortísima vocación literaria. Todos se sienten «iluminados por la luz de un cometa» y escriben novelas, poemas, diarios, memorias, piezas teatrales. El sacerdote que cuenta la historia principal (el libro contiene un juego de narradores a modo de muñeca rusa, manuscrito encontrado mediante) lo entiende cuando es destinado al pueblo y descubre que en la oficina de correos siempre hay algún vecino enviando un grueso paquete a alguna gran editorial europea.

Que esos envíos sean por sistema infructuosos explica que el diablo elija aparecerse a los escritores frustrados de Dichtersruhe adoptando la forma que más puede tentarles: la de un importante editor. Lo hace, según el sacerdote narrador, «porque la literatura no solo es la última esfera del conocimiento que aún le reconoce cierta credibilidad, sino también porque es el ámbito donde toda vanagloria, alimentada por la envidia, crece en desmesura». O sea, el lugar idóneo para tentar a los hombres y hacerse con sus almas, emponzoñando de paso la convivencia entre ellos. El mejor método para conseguir todo eso es, por supuesto, organizar un premio literario. A medio camino entre la intriga y la comedia, Paolo Maurensig compone en 'Un asunto del diablo' una miniatura divertida e inteligente. Lo hace con la economía de quien sabe que pocas cosas terminan siendo más plúmbeas que una travesura extendida. Y con la certeza de que el tono serio, casi solemne, favorece el efecto del disparate fantást ico. El resultado es una historia llena de encanto que esconde un mensaje contra una sociedad en la que es preferible ser conocido y defenestrado a vivir tranquilamente en el anonimato.

De vicios y virtudes en el núcleo familiar

Elena Sierra

En las sagas policiales muchos autores prefieren utilizar escenarios reales y así es como una misma ciudad o pueblo, a lo largo de los años y los títulos y por muy pequeño que sea el sitio, termina convirtiéndose en ese lugar en el que la mitad de los habitantes son asesinos en serie, criminales sádicos, y la otra mitad víctimas. Y los investigadores, verdaderos imanes de malotes. Salvador Robles, antiguo trabajador de este periódico, suele recurrir sin embargo a un escenario imaginario, con toques de ciudades reales. En Metrópoli, el escenario de las andanzas del inspector Telmo Corrales, puede pasar de todo. Incluso sin Corrales, que en 'Una voz en la noche' está lejos; el peso recae en su segunda, Cecilia Fresnedo.

Van ya unas cuantas novelas ambientadas en Metrópoli, una ciudad en la que desde los nombres de las calles hasta los de algunos personajes apuntan a la fábula moralista. También los hechos, y el autor lo reconoce así: se trata de exponer vicios de la sociedad contamporánea, contrapuestos a las virtudes de algunos personajes. Es el turno en esta de la familia, no como refugio sino como todo lo contrario y debido a la avaricia de uno de los personajes. Este hombre, en apariencia estupendo, mata nada más comenzar a sus tíos para quedarse con su dinero y sus joyas. La investigación posterior no trata tanto de desvelar el nombre del culpable -conocido de antemano- como de sacar a la luz las maldades y bondades de quienes participan de la trama.

Documento y denuncia

Jon Kortazar

El arte narrativo de Erich Hackl (Steyr, Austria, 1954) consiste en encontrar una historia dura y entrañable y pegarse al terreno como si fuera un explorador con una conciencia inflexible con su papel de narrador. Historias duras y terribles, pero vistas desde una humanidad que comprende el compromiso y el sufrimiento. 'Como si un ángel', la nueva entrega en nuestro país de su rica narrativa, se centra en la historia de Gisela Tenenbaumm, que desapareció en Mendoza. El comienzo no deja tiempo a respirar: «En 1977 el Viernes Santo cayó el 8 de abril. Fue el último día que, con toda certeza, Gisi vivió».

La misión del narrador consiste en reconstruir, sin dar lugar a la ficción, la vida de la protagonista y de las personas que la acompañaron hasta ese momento. ¿Qué pasó con la vida de Gisi? ¿Cuál fue su proceso de compromiso político? ¿Por qué lo hizo? ¿Qué fue de ella? Y quedan los demás, quienes sufren su ausencia.

Esa tela de araña constituye el núcleo fundamental de la obra de Hackl, que sabe que es improbable una respuesta cierta y armónica. Al narrador le gustaría que la desaparecida apareciera como un ángel, pero sabe que esa historia es imposible, por eso busca a través de la documentación y de la memoria de los amigos y familiares de Gisela su testimonio vital. Pero quedan huecos que nada podrá llenar.

La documentación y la denuncia de una Estado totalitario configuran una narración que avanza en el contraste entre el pasado y el presente, entre la presencia de la desaparecida Gisela, a través de la memoria de los suyos y la ausencia definitiva en una historia infeliz, como ese retrato que muestra la portada, en un granulado que hace imperfecto el retrato de Gisela.

El eclipse y caminos para lograrlo

El vizcaíno Gonzalo Mira ha editado anteriormente ('Noviembre' y 'Ayer'). Ahora publica un volumen de poemas y/o de relatos cortos en los que hay un hilo conductor: el amor, por presencia y por ausencia. No tiene nada de raro, muchas personas siguen pensando que escribir sobre el amor es escribir poemas. En el último caso, los textos se despachan a gusto contra la persona ya no amada, la traidora, y le desean lo peor (lo que se puede resumir en nunca volver a encontrar un amor tan puro como el que se rechazó). Afortunadamente, hay también espacio para la esperanza, la luz de una nueva ilusión, el descubrimiento de las buenas relaciones, y algunos textos que evocan cuentos y el oficio de escribir.

Dios, el hombre, el amor y dos o tres cosas más

Tute es el pseudónimo del prestigioso dibujante bonaerense de humor gráfico Juan Matías Loiseau. La editorial Lumen, que publicó en 2017 'Tenemos que hablar', una selección de sus irónicas viñetas sobre las relaciones de pareja, pone ahora en las librerías 'Dios, el Hombre, el amor y dos o tres cosas más', un volumen que es su primera novela gráfica y que hace una lectura amablemente crítica así como cargada de humanidad de los textos bíblicos. Con una mirada humorística no exenta de los clásicos guiños de la cultureta nacional argentina, a los que nos tenía habituados Quino, se reflexiona cómicamente sobre la soledad, la frustración o la apatía del ser humano; sobre el libre albedrío, la conciencia del absurdo y la busca de un sentido de la existencia.

Trabajar cansa

Pavese publicó por primera vez 'Trabajar cansa' en la editorial Solaria de Florencia en 1936, pero después sometió esa versión a una profunda reelaboración que es la que publicó Einaudi de Turín en 1943, siete años antes de su suicidio. En esa versión definitiva, aparecían dos apéndices en prosa junto al texto poético: el titulado 'El oficio de poeta', fechado en 1934, y 'A propósito de algunos poemas no escritos todavía', con fecha de 1940. En ambos exponía los motivos y las claves de una experimentación poética que se había iniciado en 1930 con la composición 'Los mares del Sur', que abre la etapa de su madurez creativa. Visor publica ahora aquella definitiva versión: «Algún antepasado nuestro debe de haber estado muy solo (…) para enseñar a los suyos tanto silencio».

La diosa del sol y la realeza en la Antigua Creta

Actual directora del Departamento de Estudios Clásicos y Mediterráneos de la Universidad de Illinois, Nanno Marinatos nos brinda en 'La Diosa del Sol y la realeza en la Antigua Creta' un ameno ensayo centrado en esa deidad femenina que va más allá de su consabido papel como símbolo de la fertilidad para tratar su dimensión de autoridad suprema del mundo y del inframundo. Para ello, compara documentos y muestra el significado de motivos iconográficos hasta ahora herméticos y de un significado indescifrable, como la roseta, el árbol sagrado y la piedra, el doble hacha, el trono de Cnossos, las montañas o las armas sagradas y milagrosas que forman un complejo y apasionante conjunto de una cultura como la minoica que es nuestro pasado originario.

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