Lecturas

Las nueve críticas literarias de la semana

El autor barcelonés Javier Pérez Andújar./x. margaride
El autor barcelonés Javier Pérez Andújar. / x. margaride

En 'La noche fenomenal', el escritor catalán da un salto del realismo a la narrativa fantástica, pero manteniendo su anclaje con las claves temáticas y las obsesiones de toda su trayectoria narrativa

Javier Pérez Andújar o la novela paranormal

Iñaki Ezkerra

En 'Apocalípticos e integrados', Umberto Eco distinguía entre los consumidores de la alta cultura occidental (la música barroca, la pintura renacentista, la filosofía griega…) y los que abrían su paladar a la plebeya cultura de masas: el rock, el cómic, la televisión… El ensayo se publicó en 1964 y desde entonces han pasado muchas cosas. Ha pasado algo que ya estaba previsto implícitamente en el libro de Eco: los integrados de ayer serían los apocalípticos de mañana, o sea de este hoy en el que los Beatles parecen tan clásicos como Bach y Andy Warhol tan venerable como Velázquez. ¿Qué se puede hacer cuando el mundo referencial que uno creía lo más chic, moderno y epatante, se ha convertido en una antigualla para las nuevas generaciones y uno empieza a tener conciencia de que es un superviviente en su esquema de gustos y de valores aunque se adapte a todos los cambios del presente? Se pueden tomar varias alternativas. Una de ellas es disimular y hacerse 'el enrollao'. Otra es convertirse en un detractor recalcitrante de todas las novedades. Y otra es hacer lo que ha hecho Javier Pérez Andújar: escribir 'La noche fenomenal', que es una disparatada mezcla de homenaje melancólico al pasado autobiográfico y de sátira hilarante.

Pérez Andújar da en esta novela un decidido y valiente salto al territorio de lo fantástico sin por ello romper totalmente sus relaciones con las que han sido las constantes de su mundo narrativo: los libros, la visión de la existencia como algo que se comparte en grupo o la querencia por los amigos, por los que aún están en el mundo y por los que se fueron. Y es que, aunque esta nueva entrega novelística supone un gran giro en su trayectoria, tiene algo a la vez de revisitación de sus obras anteriores. En estás páginas está más que latente la pasión por la literatura a la que homenajeaba en su primera novela, 'Los príncipes valientes' (2007) a través de las evocaciones de una niñez de suburbio no muy distante de la que contaba Juan José Millás en 'El mundo'. Está latente asimismo la ilusión por la aventura en equipo que embarcaba a tres maestros en unas idealistas misiones pedagógicas por los pueblos de su novela 'Todo lo que se llevó el diablo' (2010). Como lo están las reapariciones fantasmales de los viejos camaradas con las que especulaba en 'Paseos con mi madre' (2011).

Una de las diferencias que se pueden observar, sin embargo, respecto a su anterior trayectoria es que en esta ocasión el universo referencial de las lecturas se mezcla con materiales menos nobles como el del mundo de lo paranormal alrededor del cual pivotan todos los personajes, incluido el narrador y protagonista, que se llama Javier, como el autor, obedeciendo a un deliberado y sincero propósito de este de parodiarse a sí mismo, inmerso en el argumento como uno más y saliendo de este bastante malparado o quedándose dentro pese a su voluntad.

La acción narrativa se inicia cuando Javier acude a una «conferencia sobre el otro mundo» que va a dar, en una librería barcelonesa, un tal Ángel, que pronto será el director del programa televisivo sobre fenómenos paranormales al que alude el título de la novela. Es en esa cita donde entra en contacto con la flor y nata del equipo que hará ese programa y del cual él mismo formará parte. Allí está el Jugador de Ajedrez, un tipo apellidado Piñeiro que «sujetaba entre los dientes una pipa apagada» y que frecuentaba distintos medios de comunicación «como experto en ocultura, es decir, en cultura oculta» y están otros seres pintorescos como un tal De Diego que lleva dentro de un frasco unos excrementos «que alguien recogió en el Himalaya» y que todos admiran como un valioso y codiciado tesoro. Ya la misma forma en que nuestro hombre se presenta ante esa fauna marca el tono impagable de la novela: «Les expliqué que practicaba viajes astrales y que había pensado montar una agencia…»

En el reparto de personajes, comparecen seres reales, como el inolvidable José Batlló, que dirigió, bajo el nombre de Taifa, una editorial, una librería y una revista de referencia y que falleció en 2016 aunque Pérez Andújar, que fue su amigo y su colaborador, le reserva una muerte distinta en la ficción. En otras ocasiones las personas auténticas aparecen enmascaradas con otro nombre como es el caso de la cantante de rock Tina Gil, que en el libro es Isis, la chica buena que pide ayuda a los caballeros artúricos en una ciudad cuyo suelo se resquebraja en grietas que conducen a otra Barcelona paralela, pero llena, para el lector, de guiños divertidos y gratificantes.

Atención, regresa Lemaitre

J. Ernesto Ayala

Al lector seguramente no le resultará desconocido el nombre de un escritor francés llamado Pierre Lemaitre. Claro, es el autor de un ciclo de novelas policíacas de enorme éxito, cuyo protagonista es el inspector Camille Verhoeven, probablemente el policía más bajito de la historia de la novela negra mundial. Pero con ese ciclo de novelas hay que andarse con cuidado. Los crímenes que relata son terribles y la inteligencia y la intuición que pone en marcha el policía bajito es endiablada. Pero resulta que Pierre Lemaitre también es autor de otro tipo de novelas. Por ejemplo, sin ir más lejos, el año pasado publicó 'Recursos inhumanos', una desternillante y a la vez demoledora historia de nuestro más rabioso presente. El libro de Lemaitre que comento hoy, 'Los colores del incendio', tiene un precedente del mismo autor, 'Nos vemos allá arriba', con el que ganó el Goncourt y en torno al cual también se hizo una película en la que el mismo autor participó como co-guionista.

Si en 'Nos vemos allá arriba' el arco histórico abarcaba la década de los años veinte del siglo pasado en Francia, en 'Los colores del incendio' su radio cubre desde 1927 hasta 1933 (año en que en Alemania es nombrado canciller un peligroso político llamado Adolf Hitler). Su argumento recrea la historia de una acaudalada familia de empresarios en París. Si tuviéramos que señalar personajes capitales en esta fabulosa historia yo nombraría a Madeleine, la heredera de una gran fortuna, su hijo, Paul, en silla de ruedas por un intento de suicidio a los ocho años, y una singular ama de llaves de nacionalidad polaca que no habla ni una palabra de francés y ni falta que le hace, dada su enorme y extravagante personalidad. Luego habría una cantante de ópera como sacada de una historia de Tintín, y un par de sinvergüenzas muy difíciles de ignorar.

Leer 'Los colores del incendio' es como leer a Dumas, Balzac y Zola de una tacada. Todo ello, hecho a conciencia, redondeado por la marca de la casa Lemaitre. Un festín de novela, a caballo entre el folletín, la crónica histórica, sin contar las lecciones de trampas bancarias, desfalcos, delitos fiscales, etc. Si uno se toma la nada molesta molestia de consultar Google y escribe el paradigma 'Cuarta república francesa' verá que la Francia de los años en que está ambientada esta novela son de una corruptela tan generalizada, con fascismo y comunismo al fondo, que prácticamente no queda nadie sin mácula. Todos los estamentos financieros, sociales, políticos entraron en una vorágine, que solo una escritura y un talento como el de Pierre Lemaitre pudieron reflejar con tanta precisión, tanta iridiscente ironía y sentido del humor. Un novelón de obligada lectura.

El sueño y el café

Pablo Martínez Zarracina

La idea de que la inmigración no es un problema, sino la esencia misma de los Estados Unidos, está muy presente en la obra de Dave Eggers. Libros como 'Qué es el qué' o 'Zeitoun' (ambos en Random House) se ocupaban de historias de inmigrantes que, tras pasar dificultades en sus lugares de origen, encontraban que tampoco América se lo ponía fácil. 'El monje de Moka' enlaza con esos libros. Se trata de otro texto de no ficción tan pegado a nuestro tiempo que Eggers, como en los trabajos anteriormente citados, ha hecho la promoción del libro junto a su protagonista, que esta vez no es sirio o sudanés, sino estadounidense de origen yemení. Se llama Mokhtar Alkhanshali y, pese a su juventud, es hoy un importador de café de gran calidad afincado en California.

Según explica Eggers, la historia de Mokhtar trata «esencialmente del Sueño Americano, que sigue extremadamente vivo y extremadamente amenazado». El lector pronto entiende que lleva razón. Por dos motivos. El primero es que es una historia de éxito, la de alguien hecho a sí mismo. El segundo, que la personalidad del protagonista reúne la mezcla precisa de decisión temeraria y elegante despreocupación. Como Gary Cooper, solo que más moreno y con la ligereza 'hípster' de San Francisco. La vida de Mokhtar comenzó allí, pero en un rincón complicado: el Tenderloin, un barrio marginal. Hijo de inmigrantes yemeníes, creció viendo el esfuerzo de su familia y los 'atajos' de la calle. Fue un chico listo que no estudiaba mucho pero aprendía rápido. Tras terminar sus estudios, sin saber qué hacer con su vida, se enteró por casualidad de algo que lo cambió todo: el café es tan originario de Etiopía como de Yemen, solo que en su país nadie parece saberlo y, en lugar de participar en un potente comercio mundial, los yemeníes sustituyen los cafetales por plantaciones de khat, un estimulante para el consumo interno.

'El monje de Moka' documenta como Mokhtar logra convertirse, a partir de la nada, en un experto en café y en un importador de las mejores variedades yemeníes, consiguiendo además establecer un sistema de comercio justo que beneficia a los productores locales. Es, por tanto, una historia de formación, una historia del café y una historia sobre cómo funcionan los mercados globales dominados por grandes compañías. En todos estos aspectos, el libro funciona, especialmente en lo que es quizá menos documentable: la formación de la personalidad de alguien que entiende de un modo natural los mecanismos que propician los negocios. No funciona tan bien el último gran asunto del libro, que tiene que ver con que Mokhtar comienza su proyecto en Yemen justo cuando en el país estalla la guerra civil, Arabia Saudí comienza a bombardear y el Departamento de Estado abandona a su suerte a los ciudadanos estadounidenses. Se advierte un gran desequilibrio entre la parte primera del libro y esas páginas finales en las que se llena todo de ametralladoras. Es curioso cómo la urgencia bélica aleja al texto de la profundidad del libro de no ficción para aproximarlo al reportaje urgente. Esa traslación desvela el gran peligro de la escritura sin duda talentosa de Dave Eggers: cómo el indisimulado interés por resultar edificante le obliga con frecuencia a esquivar cualquier conflicto suficientemente verdadero, o sea, complicado.

Nada bajo el cielo

Elena Sierra

Bitna está sola en Seúl. Se inventa historias sobre la gente que se encuentra. Salomé está sola y se muere. Mal, con mucho dolor, y busca alguien que la entretenga y le haga pensar en otra cosa. Como Bitna además de sola está sin blanca, ella misma lo hará: le contará sus historias a cambio de dinero. Scheherezade ya logró salvar su vida contando un cuento cada noche, por qué no hacerlo en tiempos modernos y pagar el alquiler inventando algunos para esta mujer rica y sola.

No hay más en este libro del escritor que recibió el Premio Nobel en 2008, J.M. G. Le Clézio. Nada más. Solo la posibilidad de adentrarse en la relación de esas dos mujeres –pasado medio libro hay un destello de eso y la cosa mejora–. Pero no la concreción de ello. Lo que queda es una chica desgranando historias, tampoco muchas. No es que alguna de ellas no sea interesante. Y, de nuevo, hacia la mitad y cerca del final, cuando algunas se cruzan, es posible hasta tener ilusión por lo que pueda ocurrir. Y no, no pasa nada.

Es decir, podría haber mucho más en estas páginas. Pero da la impresión de que al autor no le venía bien ir en esa dirección. Por ejemplo, la narración sobre el hombre que cría palomas y sueña con el Norte del que vino su madre, bien podría dar para una novela por sí sola. El relato fantástico tiene su punto. El de la chica que quiere cantar tendría peso... Si Le Clézio hubiera querido dárselo, desarrollarlo. De haber sido así, 'Bitna bajo el cielo de Seúl' podría tratar de la libertad, del abuso, de la soledad impuesta por un ritmo social endiablado, del capitalismo imposible, de los juguetes rotos, pero no llega a hacerlo.

Y no, y no tiene enjundia, y es una pena.

Singladuras

Jon Kortazar

He aquí dos libros de poemas recientemente publicados y que tienen como eje el viaje: uno físico, el otro inmaterial. Olalla Castro (1979) que en 2013 ganó el Premio Nacional de la Fundación Miguel Hernández, describe dos viajes y dos lugares distópicos, para subrayar el símbolo que se cita en el título del libro: 'Bajo la luz, el cepo'. La expedición perdida de Franklin, el explorador que buscaba un camino entre Groenlandia y Canadá por el Ártico y la ruta de Siskiyou, en el oeste americano activada por la fiebre del oro, son los caminos en los que una voz femenina cuenta el descenso a los infiernos. El hospital de La Salpêtrière, donde una mujer sufre la condena que le ha impuesto su marido en un encierro injusto y la isla de Molokai constituyen dos recintos (heterotopías puras) en los que la narración de una existencia al borde de la desolación y la aniquilación constituye un mundo en el que las palabras son testimonio de un dolor que se transmite desde una emoción impresionante.

En 'Cuenta atrás' David López Sandoval (1975) se ha apoyado en el viaje que va desde la vida a la muerte, como una línea clara en la que se van insertando temas esenciales como el amor, la memoria, y el sentido de la existencia. Apoyado en una expresión clásica (con el verso 'Canta, oh Diosa, la luz estremecida' comienza el libro), la creación de López Sandoval no desdeña el humor y la ironía, se acerca a la poesía de Luis Alberto de Cuenca, en la que clasicismo y modernidad se dan la mano para crear mundos poéticos en los que el significado estremecedor del libro, un intento de aceptar la muerte: «Lo que importa es el fuego, el fuego que se apaga».

Mary y la serpiente

En 'Mary y la serpiente' la escritora escocesa A. L. Kennedy narra, en clave de fábula, la relación que una niña entabla en el jardín de su casa con un reptil llamado Lanmo, que se convierte en su mejor amigo y se acurruca junto a ella cuando se mete en la cama o se posa en su hombro cuando va al colegio. Lanmo tiene que ausentarse algunas temporadas y al volver sufre porque encuentra a Mary más mayor, el pavimento más agrietado y el cielo con menos cometas. El patrón de referencia que ha tomado la autora en este texto, que tiene la extensión de una novela pero un tono de cuento poético, es 'El principito' aunque haya una ligera diferencia entre el piloto que conoce a un pequeño príncipe de otro planeta y una niña que se hace colegui de un animal venenoso.

La escapada

En 'La escapada', Gonzalo Hidalgo aborda el tema de las grandes expectativas de la juventud que acaban resultando frustradas, bien por una ausencia absoluta de empuje vital, bien por un miedo patológico a asumir cualquier riesgo laboral o bien por un mal entendido sentido práctico. El personaje se encuentra con un amigo de la juventud al que le auguraba un brillante porvenir intelectual y que acabó viviendo de un quiosco de periódicos heredado de un familiar que ahora, en la edad de su jubilación, se le revela como una opción más pintoresca que rentable dada la crisis del sector de la prensa. El libro es un crepuscular y nostálgico recorrido de ambos por los escenarios del Madrid de su juventud y por todas las oportunidades fraudulentas o perdidas.

Ernest Shackleton

Ernest Shackleton (1874-1922) fue un gran explorador polar irlandés que encarna la Edad Heroica de la conquista de la Antártida. El sello Shackleton Books le dedica en su colección de 'Mis pequeños héroes' un volumen que lleva el subtítulo de 'el explorador que desafió al hielo para salvar a sus compañeros' y que traza, en una lograda combinación de textos y dibujos, un recorrido por la biografía del valiente aventurero que inició su carrera en la expedición Discovery al Polo Sur bajo las órdenes del capitán Scott y que en 1914 encabezó, al mando del 'Endurance', la Expedición Imperial Transantártica durante la cual quedó atrapado en el hielo y fue rescatado junto con toda su tripulación. Una lección sobre el trabajo en equipo y el valor para asumir los éxitos y los fracasos.

El último barco

Domingo Villar (Vigo, 1971) inició en 2006 con 'Ojos de agua' la serie policíaca protagonizada por el inspector Leo Caldas, de la que publicó la segunda entrega en 2009 con 'La playa de los ahogados'. Ahora llega 'El último barco', un tercer volumen en el que Mónica, una muchacha que vive en un idílico paraje a orillas de la ría de Vigo, desaparece de forma inesperada e injustificada. Alarmado, el doctor Andrade, su padre, visita a Caldas para explicarle que la chica no se presentó a la comida familiar del fin de semana ni fue el lunes tampoco a la Escuela de Artes y Oficios en la que imparte clases de cerámica. Villar sabe jugar con la intriga policial y el sugerente paisaje gallego así como buscar unas alegorías eficaces en la cultura pesquera que advierte sobre la engañosa calma del mar.

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