Las nueve críticas literarias de la semana

Santiago Posteguillo, cuando se anunció el Planeta./
Santiago Posteguillo, cuando se anunció el Planeta.

Yo, Julia

Iñaki Ezkerra

Desde hace unos años, y en sintonía con el asentamiento social de las reivindicaciones feministas, se ha puesto de moda el legítimo y saludable redescubrimiento para la literatura y el cine de mujeres que, pese a su valía y su importante papel entre los bastidores del pasado, no ocuparon el lugar que merecían, ni en su época ni en los libros de Historia. Como pasa con todas las modas, esta tiene sus aciertos y desaciertos. Entre los primeros, cabe citarse la realista y delicada película 'Nannerl, la hermana de Mozart', que dirigió el francés René Féret en 2010 con un exquisito guión propio que se sumaba a una amplia bibliografía sobre el tema, en la que se cuentan por lo menos cinco autoras: Alison Bauld, Carolyn Meyer, Nancy Moser, Rita Charbonnier y Sharon Chmielarz. Entre los desaciertos, se pueden citar 'Aspasia, amante de Atenas', una novela de Medem que no pudo llevar al cine, y que estaba inspirada en 'Ágora', la película que Amenábar estrenó en 2009 y en la que reivindica la figura de la filósofa y matemática Hipatia de Alejandría, nacida en el siglo IV d.C. En su película, Amenábar incurría en la trampa, hoy tan extendida, de hacer una lectura de un personaje de hace diecisiete siglos a la luz de los valores de nuestra época, y de presentar como un icono de la liberación sexual a una mujer que, según las referencias de ella en la 'Suda' bizantina, decidió mantenerse virgen pese a estar casada.

En este contexto cultural, hay que situar inevitablemente 'Yo, Julia', la novela con la que ha obtenido el Planeta de este año el escritor valenciano Santiago Posteguillo, y que tiene como protagonista a Julia Domna, la mujer que llegaría a gobernar Roma de la mano del emperador Septimio Severo en el año 193 d.C. en un marco incomparable de guerras civiles, en el que cinco hombres se disputan el trono tras el asesinato del emperador Cómodo. La acción narrativa del libro se desarrolla precisamente entre el año 192, en el que Cómodo será ejecutado, y el año 197 en el que logrará consolidar su poder Septimio Severo al derrotar a Clodio Albino, su último oponente, en la batalla de Lugdunum. Antes de ese último episodio bélico, Severo tendrá también que vérselas con Pertinax, con Didio Juliano y con Nigro en Issos.

El planteamiento novelesco que hace Posteguillo de todas aquellas luchas, y que justifica la relevancia que concede a Julia Domna en este texto que alcanza las 700 páginas, es la hipotética inteligencia política de esa mujer, a la que aquí se le atribuye la capacidad de insuflar la ambición de mando en el esposo. De mando y de crimen, pues no estamos ante un hombre inocente que debe protegerse de enemigos inmerecidos, sino ante un arribista exgobernador de Panonia que marcha contra Roma para deponer a Juliano y dictar su muerte, en un tiempo que los historiadores rememoran como singularmente sangriento. Al darle tanta vela en esos entierros, el autor convierte a Julia Domna en una suerte de precursora de la Lady Macbeth shakespeareana pese a que, por otra parte y de un modo contradictorio, trata de arroparla de unos rasgos psicológicos y unos valores políticamente correctos que la hagan atractiva a los ojos del lector: su inquietud por las cuestiones intelectuales y su afán por rodearse de las mentes más lúcidas de su tiempo, que le otorgan la condición de emperatriz filósofa; su fidelidad conyugal, que es puesta en duda por los desleales; su amor sincero por el emperador que supuestamente la convierte en una excepción histórica, o su procedencia siria que despierta la desconfianza y la hace víctima de un racismo y una xenofobia un tanto forzados, que para sí los quisieran los refugiados provenientes, en nuestra época, de ese mismo rincón del mundo.

Aunque la heroína de Santiago Posteguillo hace algunos guiños innegables a una doctrina de la corrección política que ni se olía en su verdadero contexto histórico, y aunque presenta algunos lazos de parentesco ficcional o simbólico con la Hipatia de Amenábar, dicho planteamiento colisiona con una trama argumental que no es otra que la lucha políticamente incorrecta, descarnada y encarnizada por el poder. A esa objeción de contenido se suma otra en el plano técnico, como es el salto que da Galeno de Pérgamo del estatus de narrador en primera persona a la tercera omnisciente y al estatus de personaje al que se refiere ésta. Esta discordancia desconcierta en un autor que ha estudiado literatura creativa en EE UU, la patria de Henry James, el creador de la 'teoría del punto de vista'.

Amor

J. Ernesto Ayala

Todos hemos leído novelas donde se habla de amor. Novelas con historias de amor dolientes. (Hago un paréntesis, hablo de novelas de amor y no de novelas sentimentales). Novelas de amores equivocados o imposibles. Pero se da la circunstancia de que ahora comentaré una novela que se llama precisamente 'Amor', de la escritora noruega Hanne Orstavik, aunque su tratamiento de este sentimiento me ha parecido de una originalidad incuestionable.

'Amor' trata de una madre sin pareja que vive con su hijo a un día de cumplir los nueve años. Ambos se mudaron porque a la madre la trasladaron en su trabajo, que consiste en asesorar en asuntos culturales a los ayuntamientos. Se encuentran, por tanto, en una población nueva para ellos, en la cual tendrán que encontrar nuevas relaciones, hacer amigos, tanto ella como el niño. Así transcurren los días. Un día, la madre necesita ingredientes para la tarta de cumpleaños de su hijo. Ella coge su coche y se marcha. El niño a su vez se encuentra en las calles, muy nevadas, con unos chicos y chicas. Y aquí empieza la novela de verdad. En la bifurcación de estas vidas durante veinticuatro horas. Al día siguiente será el cumpleaños del pequeño protagonista.

La madre se encuentra con una feria. Allí conoce a un feriante y enseguida establecen una relación como si se conocieran de antes y fueran amigos. Pero la mujer se siente segura con este hombre, apuesto y algo misterioso. Se monta en el coche de él y trasiegan unas horas. Se paran a cenar. Y luego lo hacen para tomar unas copas. Ella se siente atraída por el hombre, pero este parece no enterarse de esta circunstancia. Cuanto más tiempo están juntos, la mujer más amor siente por el feriante.

Mientras tanto, su hijo es invitado por una chica mayor que él a su casa. El niño no había entrado todavía a ninguna casa de su nuevo pueblo. Lo reciben casi de manera automática, como si lo conocieran de toda la vida. Los padres de la niña apenas reparan en él, pero lo invitan a cenar y a quedarse a dormir. El niño se marcha y en el camino conoce a una mujer que lo recoge en su camioneta. Todo ocurre con una maquinal naturalidad, casi insólitamente familiar. Al final el niño regresa a casa y comprueba que su madre todavía no ha retornado. A su vez la madre se separa de su ocasional amigo. Cuando le insinúa algo más consistente, el hombre la rechaza.

Aunque el lector no lo crea, Hanne Orstavik ha escrito una original historia de amor. No el que está en uno, sino el que se busca y no se encuentra.

Diarios

Pablo Martínez Zarracina

Schopenhauer se cruzó en Venecia con Lord Byron. El poeta iba a caballo por el Lido y, al reconocerlo, la acompañante de Schopenhauer comenzó a gritar, bordeando el ataque de nervios. Byron fue la primera 'rockstar' de la historia. El puro instinto de conservación sentimental hizo que Schopenhauer decidiese no acercarse con su amiga y presentarse, por más que llevase en el bolsillo una carta de recomendación de Goethe.

La leyenda escandalosa y romántica del poeta inglés atravesó como un cometa la Europa del XIX. También contribuyó a que a su muerte en 1824 se tomasen algunas pésimas decisiones. Destaca entre ellas la de quemar sus memorias. Lo hizo el albacea literario de Byron, Thomas Moore, que expurgó además los textos diarísticos del poeta, en un intento de salvaguardar su honor y el de terceros. En vida de Byron otro de sus amigos, John Hobhouse, también echó al fuego páginas íntimas de contenido problemático. Byron, que no daba demasiada importancia a sus poemas y ninguna a lo que escribía para «guardar en el cajón», apenas lamentó aquella decisión.

Los diarios de Byron llegan por tanto hasta nosotros incompletos y censurados. Su naturaleza fragmentaria y algo irregular se debe además al empeño inconstante del propio autor. «¡Si esto lo hubiera empezado hace diez años y lo hubiera seguido fielmente!», anota al comienzo del diario que llevó entre 1813 y 1814. «¡En fin! Demasiadas cosas hay ya que desearía no tener que recordar». Cuando comienza su diario de 1821, escribe: «De pronto se me ha ocurrido una idea. Empecemos un diario una vez más».

Galaxia Gutenberg presenta ahora una edición de los 'Diarios' de Byron al cuidado de Lorenzo Luengo. Se trata de una versión revisada del libro que apareció hace una década en la editorial Alamut. En esta nueva versión, Luengo fija por ejemplo el texto con una puntuación que lo hace más accesible para el lector contemporáneo. Byron, que escribía sus notas con apresuramiento, prescindía de puntos y comas y separaba sus frases con guiones de un modo bastante frenético.

Lo que encuentra el lector en estas páginas es un compendio de intimidad y pensamiento que avanza un poco a saltos y que encuentra una cierta urdimbre en el propio temperamento de su autor. Byron se muestra en sus diarios como una especie de rehén de su propia naturaleza y confiesa que no se pega un tiro porque es demasiado perezoso para hacerlo. Presumiendo de que sus actos no soportan la «retrospección», entiende que es más conveniente anotar sus ideas. Estas son con frecuencia arrebatadas y desdeñosas hacia el oficio literario. «Acción, acción, acción», escribe Byron, que con frecuencia resume lo que ha hecho en el día con unas series particulares y llenas de encanto: «Leí, cabalgué, pegué unos tiros, volví, cené, escribí, salí de visita, oí música, hablé por hablar y volví a casa».

Otras veces Byron anota sus lecturas o da cuenta del avance de sus trabajos. Los viajes y las opiniones políticas, que combinan un creciente interés por los movimientos revolucionarios y un constante desprecio hacia la vida inglesa, son otros de los temas recurrentes de estas páginas que agrupan los cuatro principales diarios del autor y dos añadidos dispersos. Un completo cuerpo de notas orienta al lector en lo tocante a nombres y episodios biográficos. Sirven de guía en este viaje a la trastienda del héroe romántico.

Cárdeno adorno

Elena Sierra

La primera novela de la austríaca Katharina Winkler no se anda por las ramas y va al núcleo de la violencia contra las mujeres. La elegida como protagonista es una niña de tantas, una chica turca de una zona rural pobre que vive con sus padres y hermanos como se puede. Son un rebaño de niños y niñas cuyo pastor, el padre, monta a veces en cólera y pega a la madre y a todos los hermanos; el resto es una vida en la que no hay muchas cosas pero sí contacto con la naturaleza y ello permite a la autora sacarle chispas poéticas al cambio de estación, a los juegos en el agua o en el campo, a la luz, al calor de los animales y los hermanos.

El propio título es una imagen poética: cárdeno adorno no es más que el resultado del golpe que lucen las mujeres como Filiz, la protagonista, que se cuenta con pocas palabras en primera persona. Poesía entre tanta violencia, esa es la gran baza de un relato muy duro en el que el abuso, la violación, el maltrato físico, la cosificación y la deshumanización que sufre Filiz son la constante. La violencia en todas sus formas, primero como niña, después como recién casada abusada por su suegra y por su marido, y más adelante como joven emigrante en algún lugar de Europa, ese sitio en el que las mujeres pueden ponerse pantalones y salir a las calles. Ella no. Ella no existe. No cuenta. Solo las relaciones que consigue establecer con algunas personas de los lugares en los que vive le dan un respiro.

La narración es una sucesión de sueños que no se cumplen, de palizas y de deseos que no se tienen más porque han sido arrancados con cada golpe. Hasta perder las ganas de vivir. No era fácil enfrentarse al relato sin caer en el exceso, pero Winkler lo ha hecho.

Moscas

Pedro Vicario

Una novela negra negrísima. 'Moscas', la primera incursión en la ficción del periodista Agustín Pery, es un relato conciso, escrito con bisturí para no poner en él nada prescindible, que se adentra en la corrupción en un lugar que podría ser cualquiera de la geografía española (o mundial, basta con que fluya el dinero con una cierta alegría, debidamente 'engrasado') pero que es Mallorca. Todo comienza cuando aparece el cadáver de un periodista de investigación que ha ido demasiado lejos en sus indagaciones, y el caso le cae a Iñaki Altolaguirre, 'Alto', un policía deslenguado, de vuelta de todo, que debe indagar supervisado por Marga Valiente, una jueza trabajadora, inteligente y capaz de imponer respeto a los policías por razones mucho más poderosas que un físico notable.

En la novela no falta ningún ingrediente del 'noir': hay sicarios, empresarios corruptos, policías que no están precisamente limpios, prestamistas con más poder que un alcalde de una ciudad mediana y podredumbre para repartir. Pery trabajó como integrante de un equipo de investigación periodística durante seis años en la isla y conoce Mallorca y su cara menos hermosa. Por eso, el lector sigue las páginas de la novela con la idea de que es muy probable que en ella haya menos ficción de la habitual. Personajes y trama pueden ser ficticios, pero el ambiente general y el aire que respira la historia suenan a muy reales. Alguna referencias al pasado de 'Alto', curtido en la lucha antiterrorista, también lo parecen.

'Moscas' es una novela escrita con un ritmo velocísimo en la que la realidad golpea al lector y le obliga a observar lo que hay detrás de los hermosos atardeceres de sus playas de poniente.

Esclavos de la consigna

La obra literaria del escritor chileno Jorge Edwards, Premio Cervantes en 1999, se halla indisolublemente asociada a su faceta memorialística desde la publicación en 1973 de 'Persona non grata', la polémica crónica de su experiencia diplomática en la Cuba de Fidel Castro a la que fue enviado por el gobierno de Salvador Allende en 1971. 'Esclavos de la consigna' es la segunda y última parte de sus 'Memorias', iniciadas en 2012 con el volumen 'Los círculos morados', y recoge los recuerdos de sus años de formación en el Chile de mediados del siglo XX, su trato directo con intelectuales como Pablo Neruda, Nicanor Parra, Alejandro Jodorowski y una implacable crítica a las utópicas ilusiones políticas de su generación. De ahí la alusión del título a una consigna que no podía ser otra que la socialista.

El camino hacia la no libertad

'El camino hacia la no libertad' es un ensayo del historiador estadounidense Timothy Snyder que sostiene, contra la tesis de Fukuyama sobre 'El fin la Historia' por el triunfo de la economía de mercado y la democracia liberal, que las instituciones, los estados y los valores occidentales están en peligro principalmente por el regreso del autoritarismo a la Rusia de Putin y las maniobras internacionales de éste, desde la guerra física en Ucrania a la guerra cibernética en Europa y Estados Unidos pasando por su alianza con los nacionalistas, los oligarcas y los populistas de todo el Globo. Una ofensiva de la que serían resultado el voto británico contra la UE y las elecciones que llevaron a Trump a la Casa Blanca. El Apocalipsis de Snyder parte de datos reales que merecen una atención crítica.

Superwoman

'Superwoman' es la nueva novela de la donostiarra Begoña Ameztoy que, además de escritora y pintora, ha sido tertuliana de programas televisivos como 'Crónicas marcianas', 'Sálvame' o 'Hable con ellas'. Del conocimiento de ese mundo de los 'reality shows' y la prensa del corazón parece haber salido precisamente la caricaturesca y patética heroína de esta última entrega narrativa. Almudena Gortázar va por la vida de 'sex symbol', de triunfadora, de efigie social de la belleza, la moda y los medios de comunicación. Vive la fantasía de un universo creado para postrarse a sus pies y en ella se dan cita de modo imposible la mujer liberada, la progre que no perdona y la maruja sin redención. La acción novelística discurre hacia la catástrofe y la revelación del fraude que encarna esa falsa diosa.

Ni aquí ni allí

'Ni aquí ni allí' es una novela revelación. Su autor, Tommy Orange, es un activo miembro de las tribus cheyene y arapajó de Oklahoma. En esa primera obra, que ya es un 'best seller', aborda el tema de un maltrato sufrido por las tribus indígenas de América del Norte que llega hasta nuestros días y cuenta con un duro realismo así como con grandes dosis de espiritualidad la historia de doce nativos americanos que tienen cada uno un motivo personal para acudir al gran 'powwow' de Oakland, una asamblea de los pueblos indios norteamericanos. Entre esos doce personajes está desde el que trata de recuperar a la familia a la que abandonó por culpa del alcohol hasta quien va a ver bailar por primera vez en público a un sobrino que ha aprendido danzas tradicionales de su pueblo a base ver vídeos en YouTube.

 

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