Lecturas

El norteamericano que escribió un poema al árbol de Gernika

Una postal de la época. En la imagen pequeña, Archer M. Huntington./
Una postal de la época. En la imagen pequeña, Archer M. Huntington.

Archer M. Huntington, fundador de la Hispanic Society of America, incluyó en un libro publicado en 1934 una poesía dedicada al símbolo de los fueros vascos

PATRICIA FERNÁNDEZ LORENZO

Sorprende al lector de hoy en día que un libro de poemas escrito por un norteamericano y publicado hace 85 años en Londres recogiese una poesía dedicada al árbol de Gernika. Esta localidad no se había hecho todavía tristemente famosa por las bombas, que la acecharían tres años después, ni por el célebre cuadro de Picasso. Sin embargo, el poeta, conocedor de la historia del árbol, en el cual, como escribía, «Fernando e Isabel juraron los fueros vascos», se preguntaba retóricamente desde sus primeros versos:

«¿Habéis visto el árbol de Guernica,

el árbol sagrado de Euskadi?»

Quizás lo más curioso es que, escrito en inglés, el poema incluyese en 1934 dos palabras en su transcripción en euskera:

«Así que Guernikako Arbola,

Canción del poeta errante,

Canción del corazón de Vizcaya,

Que se eleva como una llama entre sus ramas,

Marsellesa de Guernica,

Aquí se erige el himno de la tierra vasca».

El autor de tales versos fue el hispanista neoyorquino Archer M. Huntington (1870-1955), fundador de la Hispanic Society of America y destacado coleccionista de arte y cultura hispánica. Heredero de una gran fortuna, lo suyo no iba a ser dedicarse a los negocios familiares, como deseaba su padre, sino promover los estudios hispánicos en su país y crear en 1904 el primer museo español. Su atracción por la cultura española había comenzado en su adolescencia, pero se consolidó durante sus primeros viajes por la península.

Como otros viajeros de finales del siglo XIX, Huntington venía atraído por lo castizo que se encontraba en las zonas rurales que no habían sido industrializadas. No era el caso del País Vasco, donde las explotaciones mineras e industriales habían modificado parte del paisaje y las formas de vida tradicionales. Sin embargo, este hecho no empañó su interés por la región. Prueba de ello es que además de 'El Árbol', el mismo libro –que su amigo el duque de Alba quiso se tradujese al español– incluyera otros dos poemas suyos titulados 'Euskalherria' y 'The Boat of Santurce', dedicado este a la procesión marítima de la Virgen de la Guía (ambos figuran en 'The Ladies of Vallbona', Londres: Collins, 1934 ).

Su afán por documentar la vida en la región le llevó a reunir una colección de cuatrocientas fotografías de escenas populares y arquitectura tradicional de Bizkaia, Gipuzkoa y Álava firmadas por fotógrafos como Anna Christian, Ruth Matilda Anderson, Kurt Hielscher, Jean Laurent o los suizos Hauser y Menet, autores de la foto del árbol de Gernika que guarda la Hispanic Society.

El origen de su interés por el País Vasco es indisociable de la amplitud de miras con que se dedicó a reunir sus variadas colecciones de cuadros, esculturas, arqueología, numismática, tejidos, cerámica… y la biblioteca mejor dotada en literatura hispánica tras la Biblioteca Nacional de España. Él ambicionaba encerrar el alma de España, con todas sus variantes, en un museo. En su libro de viajes 'A Note-book in Northern Spain', publicado en 1898, el joven Huntington relata un trayecto de su periplo desde Pamplona y explica que, al toparse con unos peregrinos que iban a Lourdes, escucha a dos mujeres hablando en euskera. Para ilustrar a sus compatriotas americanos sobre los vascoparlantes, inserta una cita de Victor Hugo: «Quienquiera que haya estado en la tierra de los vascos, desea regresar; es una tierra bendita», para añadir a continuación una reflexión de su propia cosecha: «Estas gentes, por su energía y espíritu emprendedor, resultan atrayentes para un americano».

Entabló amistad con ilustres vascos como Zuloaga y Unamuno, a quienes llevó a su sociedad

Retratos y medallas

Y parece que fue así, pues este americano entabló amistad con ilustres personajes originarios del País Vasco que fueron miembros de la Hispanic Society y formaron parte de su galería de retratos. Ignacio Zuloaga, que expuso su obra en Nueva York en 1909, fue uno de sus buenos amigos, al igual que lo fue el escritor bilbaíno Miguel de Unamuno. Con ambos compartía la visión de la España del 98 y a ambos les premió con la Medalla de la Hispanic.

El museo posee varios cuadros de Zuloaga, entre ellos su autorretrato y el retrato de Unamuno. Aunque Huntington había hecho el encargo a Sorolla, el boceto de Unamuno –que puede verse en el Museo de Bellas Artes de Bilbao– quedó sin terminar. De Sorolla es también el retrato del novelista Pío Baroja que alberga el museo de Nueva York. Respecto a los autorretratos de Ramón y Valentín Zubiaurre, ambos artistas, los donaron a la Hispanic Society en 1930 tras haber recibido su nombramiento como miembros. También la pedagoga María de Maeztu fue reconocida con la membresía de la Hispanic por su labor en la formación universitaria de las mujeres. José Félix Lequerica, Xavier Zubiri o Eduardo Chillida, entre otros, se incorporaron con posterioridad a ese selecto club de miembros que da cabida a gentes destacadas por sus aportaciones a la cultura española.

Aunque la Guerra Civil marcase el fin de una época y confiriese un nuevo simbolismo a Gernika y su árbol, Huntington había percibido con clarividencia que la idiosincrasia de España –a la que describía como una nación de naciones debido a las diferencias identitarias de sus regiones– residía en su rica variedad cultural, algo que él se dedicó a estudiar, cultivar, admirar y respetar. Sus poemas fueron el último intento de un romántico de dar esquinazo a una modernidad que el avance del siglo XX acabaría por instaurar también en España.

Temas

Libro