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Un grupo de chicas prepara un trabajo en la Azoka rodeadas de una inspiradora oferta cultural. Maika Salguero

Seamos monstruosas

La Azoka es un ser palpitante con tentáculos mercantiles, alas y ganas de volar. La disecciono y me invade la curiosidad, la necesidad cotidiana de literatura

Garazi Albizua

Viernes, 28 de noviembre 2025, 20:43

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Durangoko Azoka es una monstrua y, como todas las monstruas, es interesante y compleja. Quiero escribir un artículo sobre este ser palpitante, absorbente y embriagador. Para ello, la disecciono, me disecciono también: tengo trece o catorce años, seguramente habré ido a la Azoka en el día para estudiantes, pero no me acuerdo. Recuerdo a mi tía; vamos juntas a comprar. A por unos imprescindibles, me comenta ella, tiene encargos. A mí lo que me importa es que me da 50€. ¡Cincuenta euros! Tengo trece o catorce años y un montón de pasillos por recorrer para hacerme con el botín. Comeremos un bocata más tarde, puede que escuchemos parte de un concierto. Vuelvo a casa pletórica, el presupuesto para Durango me flipa. Pienso en qué es lo que me flipa exactamente, miro a la monstrua, veo su tentáculo mercantil, me seduce. Sí. Lo del presupuesto para la literatura es algo que interiorizo. Tengo veintitrés o veinticinco años, colecciono 'multi jobs'; un sueldo es pura financiación de cómics y libros.

2017. Voy a Durango, nerviosa. He escrito y dibujado 'Kemena'. Hago cola para entrar; tras la puerta me intercepta una periodista, quiere saber por qué estoy aquí. Tartamudeo. Pero solo por dentro; soy una persona muy nerviosa que ha aprendido a disimular la ansiedad con seria dignidad. Es que voy a meterme en la Azoka-monstrua como parte de su materia, pienso, pero digo algo más entusiasta y menos raro: es que he hecho un cómic. En el stand, mi editor me comenta que he entrado por la puerta grande, que justo escribo mi primer cómic y salgo en la radio. Que estoy de suerte: he recibido la atención de los medios. Noto la garra alrededor de mi garganta. Le canto una nana para que afloje. Atención mediática, por aquel entonces Euskadi Irratia, hoy en día también las RRSS. Siento que decir las RRSS me convierte en alguien fuera de onda. Decir fuera de onda me aleja de cualquier radar y calor del foco.

Diciembre, 2018, Durango. Novedad entre las novedades. Primera edición de la beca creativa de Gerediaga Elkartea. La gana 'Atopia RPG', juego de rol. Rasco las escamas de mi monstrua; sonríe, juguetona. Por pura carambola o porque conozco a Gorka, que participa en 'Atopia RPG', acabo escribiendo un relato que aparecerá en el juego. Más tarde, por inercia, por sinergias, porque la literatura también es eso, terminaré conociendo a Txerren y a Maddi, que engordarán el grupo de amistad regurgitado de la monstrua. Nos conecta. Nos abraza. Aspiro el sudor, las lágrimas, las ilusiones y la imaginación que la conforman. Nos forman.

2019, voy a Durango. Trabajo en el stand de Nabarralde, pero estoy con Miren, amiga. Nos invitamos a cafés a una marcha enfermiza. Vendemos últimas publicaciones. Hacemos caja, recogemos. Estamos exhaustas. Un ala del monstruo nos cobija. Vamos a cenar y nos engañamos diciendo que después saldremos de juerga. Caemos muertas en el colchón de O Camino, madriguera de los ejes humanos de la Azoka: escritura, música, editorial, arte.

2024, escribo 'Egunen akabera', presento en Durango, pero hay más. La monstrua me sube al lomo, salimos del recinto; 'Zu non, han da! Azoka ibiltaria' traspasa fronteras: presento la novela en Deustu, gracias a los tentáculos, alas, ganas de volar y eterna curiosidad de ella, la Azoka.

Observo al ser: disecciono, corto y coso. Veo algo colosal, interesante, complejo y vivo. Frente a frente vuelvo al presupuesto para libros, a la necesidad cotidiana de literatura. La monstrua comprende: se arranca una branquia, con delicada suavidad la incorpora a mi sistema respiratorio. La Azoka me invadirá del 5 al 8 de diciembre y también hoy; pero sobre todo, mañana. El ente vive fuera del armario de las fechas. A diario, monstruas.

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