Maria Manonelles, 20 años

«Los que pasamos por un psiquiátrico no somos monstruos»

La joven ibicenca hizo las ilustraciones durante el mes y medio de encierro./
La joven ibicenca hizo las ilustraciones durante el mes y medio de encierro.

La adolescente refleja en el libro 'Duermo mucho' su mes y medio de encierro por una depresión

ELENA SIERRA

Figuras largas y delgadas, esquemáticas, con un solo color, el negro, pueblan las páginas del libro 'Duermo mucho' (Fragile Movement). Maria Manonelles Ribes dibujaba así sus días en el ala de pisquiatría del Hospital del Mar hace un par de años. Si quería más colores, más lápices, y dado que no podía tener a mano nada afilado, debía dirigirse al puesto de control para pedir que le sacaran punta... Y era un engorro. Dibujaba para no olvidar nada, porque esta ibicenca de poco más de 20 años que desde la adolescencia sentía que no estaba bien, dice que tiene mala memoria. Sabía que era importante reflejar su mes y medio de encierro aunque no fuera para hacer un libro.

– No tenía pensado que fuera a ser un libro, fue más bien algo que comencé a hacer mientras estaba allí dentro porque lo que quería llevar algo parecido a un diario para acordarme de todo. Tengo muy mala memoria, y me repetía a mí misma que tenía que acordarme de todo. Pero también dibujaba para entretenerme, porque teníamos muchas horas vacías. Yo estudiaba Ilustración y dibujar me ayudó a socializar con la gente.

– ¿Y al salir del psiquiátrico?

– Me tocaba presentar mi proyecto final de Ilustración pero lo había cancelado porque había perdido todo un mes de producción de una animación que estaba haciendo. Y dije: «Pues reviso todo esto y lo convierto en libro y lo presento». Lo hice. Tampoco entonces iba para más, pero personas que no conocía de nada y que también habían estado en un psiquiátrico, tras verlo, me pidieron que lo publicara. No esperaba que la gente fuera a empatizar. Fue una edición muy pequeña, y fue ¡un éxito! (risas). Se vendieron los 140 ejemplares. Y me contactó la editorial.

– ¿Esto en cuanto tiempo?

– Han pasado dos años desde que ingresé en el psiquiátrico.

– ¿Lo más sorprendente es que tanta gente se sienta identificada con su historia?

– Es lo que no me esperaba. Como no me esperaba que me dijeran que lo mejor para mí era entrar en la unidad psiquiátrica. Vas a entrar en un psiquiátrico y solo tienes la imagen de las películas y ¡hostia! Da miedo. Son imágenes terribles.

Una de las ilustraciones de la joven autora.
Una de las ilustraciones de la joven autora.

– ¿La realidad no es así?

– Algunas cosas sí, otras no. En el libro aparecen algunos estereotipos, sumada la humanidad de las personas enfermas que están allí. No somos monstruos, somos gente. ¡Somos gente!

– El libro es la denuncia de un sistema que no funciona...

– Mi crítica es que el funcionamiento de la unidad está obsoleto. Yo llego a esa conclusión con mi experiencia, habrá quien haya estado allí o en otro hospital y tenga otro punto de vista. El hecho de juntar a un montón de personas que están mal en un sitio sin que puedan salir para curarlas, bueno, parece una paradoja... Hasta el propio Hospital del Mar está empezando a atender personas con problemas de salud mental en su propia casa. Eso empieza a cambiar. Qué buena noticia. En otros lugares del mundo ya está demostrado que no es necesario encerrarnos ni dejar de explicarnos toda la verdad, la de las contenciones. Se necesita un planteamiento muy distinto.

«Vas a entrar en un psiquiátrico y solo tienes la imagen de las películas, y da miedo»

Lo que no se borrará

– Del tiempo en el hospital, ¿qué no se le va a olvidar?

– Las anécdotas divertidas, que las hubo; algunas cosas chungas, también. Cuando la editorial me pidió que revisara el libro y ampliara algunos fragmentos, saqué mi carpeta gigante con todas las cosas del psiquiátrico de debajo de la cama después de dos años. Me puse a leer y el primer día tuve un ataque de ansiedad. ¡Todo lo que mi cabeza no había guardado! Y yo se lo agradezco, mira, es mejor. Pero sí que prefiero acordarme de los compañeros, de los momentos curiosos y graciosos, de cuando estábamos tranquilos, y de lo que fue bonito. Yo hice amigos ahí que me dieron consejos superbuenos, con buenos valores, y son amistades que conservo en el corazón de verdad. Me aportaron muchísimo.

– «No somos monstruos», dice.

– Acabo de ver el trailer de una película en la que sale un personaje con personalidad múltiple y es el monstruo. Ya hubo otra, con el mismo personaje, y yo no la vi porque me dio mucha rabia. Qué miedo, qué miedo, que está todo looooocoooo, ¿no? Es terrible. Y ocurre en las noticias, que se utiliza lo de los problemas mentales como un dato más. Sí, claro, y «hombre negro pega a una señora vieja», ¿no?

Portada del libro de Maria Manonelles.
Portada del libro de Maria Manonelles.

– ¿Cuánto puede hacer un libro o una película para romper con esa imagen?

– Hay que ir con cuidado, de eso se trata. Y con respeto, sobre todo si trabajas en medios. E informarse bien. Estás hablando de personas en una situación complicada sufriendo un estigma y un peso muy chungo.

– ¿Cómo explica qué es tener depresión, que fue su diágnostico?

– Hay muchos prejuicios con la depresión; se interpreta como tener pereza o estar muy triste o no tener ganas de hacer cosas. No es eso. En mi caso, la identifico con perder el gusto por todo. Todo lo que siempre me ha apasionado –grande y pequeño: del olor del café por la mañana al Circo del Sol– dejó de gustarme de pronto. Y darte cuenta de que nada te emociona de ninguna manera, significa que nada te impulsa a hacer cosas. Ya no eres la misma y te alejas de todo el mundo. Te aíslas, te metes en la cama, no merece la pena levantarte, ni lavarte los dientes ni hacer nada. La motivación no existe. No ves nada delante de ti, ni a las personas que te intentan ayudar ni un futuro.

– La frase esa de «si quieres puedes», ¿la ha oído mucho?

– Sí. Y «Tú si puedes porque yo pasé por eso y lo superé». No. Todos somos diferentes y cada uno tiene sus limitaciones. Hay que tener empatía y saber que, si alguien tiene una debilidad en algún momento, hay que ofrecerle la ayuda que necesita. Y si no puedes ofrecerla, busca a quien pueda. Hay que actuar. Quien pasa por algo así no puede solo. Mi madre lo tuvo claro desde el minuto cero, yo pensaba que exageraba. «Psicólogo, psicólogo, psicólogo», decía ella. Mi padre al principio decía que yo no tenía nada y que solo quería ser especial y llamar la atención, lo que hace que más adelante tardes más en expresar lo que te pasa. A veces parece mejor negarlo que aceptar que la persona a la que quieres está fatal.