Punto de vista

McEwan y el cine

IÑAKI EZKERRA

Ian McEwan es de los autores que más suerte han tenido con el cine. Las últimas tres películas que se han inspirado en sus obras son impecables. Joe Wright logró con 'Atonement' en 2007 una bella adaptación de su novela homónima, traducida al castellano como 'Expiación'. Otro tanto sucede con la versión que hizo Dominic Cooke en 2017 de 'En la playa de Chesil' y con la que Richard Eyre ha hecho de 'The Children Act', editada en España como 'La ley del menor' y aterrizada ahora en nuestros cines como 'El veredicto'. El hecho es llamativo pues McEwan no es un escritor fácil, ni en las psicologías que traza de sus personajes ni en las situaciones a las que estas les conducen y que son siempre dramáticas. Digamos que lo dramático es lo único que se revela con nitidez en sus libros, el estallido tardío de unas emociones que no se descifran nunca del todo y que se retraen a una intimidad oscura, tensa, dolorosa y contenida. En 'Expiación', la culpable de la tragedia vivirá una vida torturada por el daño que causó en su niñez. La pareja de 'En la playa de Chesil' arruina su felicidad, ella por negar su sexualidad y él sus sentimientos. En 'La ley del menor', ni la juez ni el joven al que salva la vida asumen el derrumbe de sus respectivos mundos. Esa novela, como la película, capta lo errado y lo reprimido, lo inconfesable y lo inaprensible del corazón humano, su ambigüedad, que es a su vez la ley sagrada de la novela según Kundera: ¿dónde acaba el niño encantador, inocente y perdido para dar paso al maníaco-narcisista, obsesivo y manipulador?

 

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