El marco que une a Pollock y Warhol
Libro y exposición. ·
Estrella de Diego explora los «territorios compartidos» entre dos figuras esenciales del expresionismo abstracto y el arte popEl año en el que un árbol se interpuso fatalmente en la carrera meteórica de Jackson Pollock, el Moma de Nueva York declinó la donación ... del dibujo 'Zapato', realizada por un joven y ambicioso ilustrador llamado Andy Warhol. Entonces, la disparidad entre ambos parecía absoluta, al menos en la jerarquía del arte. El primero se convertía definitivamente en mito y el segundo sufría la terrible frustración del rechazo. Pero la historia tiene sorprendentes giros de guión y, siete décadas después, los dos se han convertido en figuras esenciales como representantes del expresionismo abstracto y el pop, respectivamente, significativas corrientes estéticas del siglo XX.
Aquel abismo que les separó no sólo ha desaparecido, sino que se han entretejido insólitos vínculos. La exposición 'Warhol, Pollock y otros espacios americanos', en el Museo Thyssen, aborda esa conexión y la contextualiza. Estrella de Diego es la comisaria y autora de 'Tristísimo Warhol' (Anagrama), que proporciona los argumentos sobre los que descansa esta muestra.
La primera relación resulta superficial. «A Andy le interesaba mucho Pollock porque era una celebridad muerta dramáticamente cuando él se esforzaba por salir adelante en el mundo de la publicidad», explica la catedrática de Arte Contemporáneo de la Universidad Complutense. Ahora bien, la intersección va más allá de aspiraciones personales. «Existen territorios compartidos». Señala las investigaciones estéticas en torno a la repetición de formas, tal y como sucede en obras que se pueden contemplar en la selección del Thyssen, desde 'Choque óptico de automóviles' a la serie 'Yarn' o hilados, exploración que, en sus resultados, converge plenamente con la fórmula abstracta de Pollock.
No se trata de una coincidencia casual. Según explica la comisaria, Warhol, en realidad, es un autor muy inteligente que se siente fascinado por la desaparición del espacio y la estructura figurativa convencional, dotada de su característico y académico punto de fuga. Estas iniciativas cobran un carácter radical en las 'Piss Paintings o 'Oxidation Paintings', fechadas a finales de los años setenta y realizadas mediante la exposición a la orina de pinturas realizadas con cobre.
La creación de piezas con reminiscencias abstractas en los primeros años sesenta remite al periodo anterior. «El pop piensa en espacios de collage que tienen mucho que ver con la Escuela de Nueva York», alega De Diego, y menciona ese lugar de encuentro en el que fondo y forma se camuflan y, por ejemplo, las fotografías naturalistas se cosen, literalmente, generando curiosas tramas. «Warhol vive en una sociedad previa al exceso de imagen y esos tejidos suponen una manera de retenerla, de que no se escape, y, de esta manera, se generan redes carentes de jerarquías».
1 /
Masificación capitalista
Pero también hay ideólogos que defienden la condición antitética. El reputado crítico de arte Clement Greenberg contrapuso la visión expresionista, que consideraba propia de una percepción contemporánea combativa con la masificación capitalista, a la ola pop, exponente kitsch, a su juicio, de una creciente cultura consumista. En su opinión, Pollock era un héroe y Warhol, una creación de los mass media. «Buscaba la purificación de la obra de arte y no le gusta que desaparezca el espacio, que se rompa el concepto tradicional y la forma flote», aduce.
La exploración comparativa entre los dos autores va más allá de las cuestiones estéticas. También existe, al parecer, una posición común en su conflictiva relación con los valores culturales y políticos de su época. El imaginario de la primera potencia, consolidada tras la victoria en la Segunda Guerra Mundial, exalta la 'americanidad', una hipermasculinidad encarnada en figuras como las de Ernest Hemingway, dotada de cierto romanticismo, pero en la que no caben las alternativas. «A Pollock le tocó vivir un papel que no quería jugar, el del artista 'macho man' de los miembros de la Escuela de Nueva York, mientras que Warhol era gay y vivía su condición sexual abiertamente cuando nadie lo hacía», señala.
El cuidado extremo de la propia imagen constituye un recurso relevante en ambos casos y la comisaria los llega a describir como 'autores de estrategias' en un tiempo en el que la espontaneidad constituía lo socialmente demandado. Esa perspectiva resulta evidente en el caso de Warhol, que hizo del autorretrato una eficaz herramienta para construir su propia iconografia, pero Estrella de Diego señala, asimismo, que la elaboración de un personaje es una treta de Pollock, compartida con el actor James Dean, para combatir la tristeza, «para distraerla» y esconder la vulnerabilidad. Warhol es un ser melancólico que encajaba a la perfección en este mundo moderno, «donde el exceso conduce sin remedio a la melancolía».
Las filmaciones difundidas del 'action painting' del expresionista revelan, o tal vez sólo lo pretenden, una pasión que, posiblemente, era sólo un adecuado testimonio visual de aquello que se esperaba de él. «Es imprescindible ser cautos en las construcciones entusiastas del 'creador desesperado' que se deja guiar por las pulsiones», advierte. A ese respecto, alega que la radicalidad de ese sujeto artístico que emplea el plano horizontal, guiado por la visceralidad y el inconsciente, se cuestiona cuando, llevados a la pared, los lienzos también funcionan perfectamente.
Warhol vivió en una época diferente en la que la pasión y los modelos anteriores se cuestionaban por una opinión pública menos inocente, más imbuida en un modelo de consumo 'in crescendo', tan vasto de manera cuantitativa como diverso en el aspecto cualitativo. La autora nos recuerda que en 1956, el año de la fatídica muerte de Pollock se dio a conocer '¿Qué hace que los hogares de hoy sean tan diferentes, tan atractivos?', la obra del británico Richard Hamilton que anticipó el arte pop y ese fenómeno de masas con una mirada, fría y sardónica, sobre la realidad de su tiempo.
La ruptura más evidente entre uno y otro va más allá de sintonías formales y la superación entre los campos, frecuentemente tangenciales, de la figuración y la abstracción. 'Tristísimo Warhol' hace hincapié en la irrupción de una propuesta que se autoafirmaba en el deseo homosexual, todo un reto en la época, desde una radicalidad insólita. Frente a la relación velada entre Jasper Johns y Robert Rauschenberg, Warhol, también fotógrafo y cineasta, propuso toda una declaración de intenciones con el cortometraje 'Blow Job', morbosa alusión al deseo, no como una presentación obvia, sino a la manera de una construcción del observador.
La cuestión psicológica subyace en esa búsqueda de concordancias, el leitmotiv de la exposición. Debajo de la apabullante plasticidad de Pollock y la gélida ironía de Warhol, Estrella de Diego apunta la existencia de dos individuos tímidos, reservados, incluso introvertidos, que fueron víctimas de un tiempo en el que no se admitían los titubeos. El reto fue enorme, pero, sin duda, superar ese modelo inclemente les proporcionó la gloria.
El arte como un 'continuum'
Las recetas simplificadas, a menudo, no funcionan. Los sabores finales no se suelen corresponder exactamente con la sugerencia del postulado y, de alguna manera, traicionan su contenido. Algo similar puede ocurrir con la cultura. Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, aseguraba en la presentación de la exposición 'Warhol, Pollock y otros espacios americanos' que esta cita cuestiona el canon de la historia de la plástica contemporánea. A su juicio, deconstruye un sistema binario en el que, hasta ahora, se enfrentaban, con criterios excluyentes, la abstracción y la figuración, o lo expresamente icónico y aquello de características anicónicas.
Las dicotomías engañan. Los dos grandes autores estadounidenses protagonizan esta muestra que rompe esquemas. No tan sólo por buscar puntos de convergencia a representantes de dos corrientes aparentemente tan ajenas la una de la otra como el expresionismo abstracto y el pop, sino debido a esa ambiciosa tesis del arte como un 'continuum' carente de quiebras caracterizadas como súbitas epifanías. «Se trata de una cuestión muy importante en un mundo de confrontaciones como el nuestro», alega Estrella de Diego.
El Renacimiento era visto como un momento en el que todo había pasado. «Ahora se cree que algunos logros atribuidos a ese periodo se deben a la Edad Media que, como su nombre indica, apela a una transición», apunta. Las cosas van sucediéndose y no se puede decir cuándo comienzan y cuándo acaban. «Lo mismo sucede en el siglo XX con fenómenos como el dadaísmo o el surrealismo, que tenían lugar a la vez. No se suceden, aunque los abordamos consecutivamente para facilitar el estudio», aduce. «Existían diferentes escenas artísticas en París Moscú o Berlín. Troceamos la historia y de esa manera, sin duda, la tergiversamos».
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión