Punto de vista

Lorca en Irán

IÑAKI EZKERRA

Lorca arrasa en la República iraní. El estreno de 'La casa de Bernarda Alba' en el Vahdat, el mayor teatro de Teherán, logró poner en pie a toda la platea ante la escena del derramamiento de sangre de Adela, la hija rebelde que mantiene una relación en secreto y se rebela ante el luto de ocho años y el consiguiente enclaustramiento que su madre ha impuesto en la casa por la muerte del esposo. Veo que la noticia se vende como un paso en el hermanamiento del Islam con Occidente y como un avance progresista. Pero me temo que esa interpretación es un tanto optimista. No estoy muy seguro de que el texto que Lorca escribió para mostrar la irracionalidad del fanatismo religioso, de la violencia atávica, de los prejuicios sociales, del sentido del honor tradicional y de la represión sexual en la mujer, en vez de inspirar conmoción en ese público, no inspire más bien entusiasmo. Como no estoy nada seguro de que la reacción de esos espectadores sería la misma si supieran que su admirado poeta era gay o si lo que se estrenara en ese teatro fuera 'El público', obra que es un canto al erotismo homosexual. Y es que el teatro que el director escénico Ali Rafiei ha llevado a Irán es casualmente el que retrata la España profunda: 'Yerma', 'Bodas de sangre', 'La casa de Bernarda Alba'… Para colmo, Rafiei se ha permitido retocar el desenlace de la última de esas obras. En lugar de suicidarse al creer muerto a su amado, Adela muere a manos de su hermana Martirio. ¿De veras es un paso progresista negar que una mujer ame a un hombre hasta quitarse la vida?

 

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