«El Tío Lobo es fascinante por cruel»

Juan Ramón Lucas, durante su estancia en Bilbao. /JORDI ALEMANY
Juan Ramón Lucas, durante su estancia en Bilbao. / JORDI ALEMANY

Juan Ramón Lucas Periodista y escritor. Ha publicado 'La maldición de la Casa Grande', donde novela la historia de un cacique murciano, dueño de minas en La Unión

ELENA SIERRA

El periodista Juan Ramón Lucas oyó hablar por primera vez del Tío Lobo, que se ha convertido en el protagonista de su primera novela, una noche murciana en el marco del Festival del Cante de las Minas de La Unión. Y le pareció «fantástico por cruel». No solamente por eso, aunque esa característica del que llegó a ser uno de los ricos propietarios más importantes de Murcia y uno de los hombres más influyentes de España a finales del siglo XIX y comienzos del XX le fascina. También porque era «una persona inteligente, emprendedora, muy trabajadora y que se consideraba justa y buena, pero que no era ni una cosa ni la otra, desde luego», explica ahora el autor. «Miguel Zapata, el Tío Lobo, estaba convencido de que las relaciones humanas estaban basadas en una desigualdad de procedencia divina; es decir, que no somos iguales porque Dios así lo ha querido y, entonces, que el que tiene el poder puede hacer lo que quiera».

Todo esto lo cuenta Lucas durante la promoción de 'La maldición de la Casa Grande' (Espasa), la novela con personajes muy reales que ha sido el resultado, cinco años después de haber oído hablar de aquel dueño de minas que fue un visionario y un emprendedor, pero también un negrero, de aquella noche murciana. La escritora superventas María Dueñas estaba a su lado entonces, pero le cedió el personaje. Arturo Pérez-Reverte ya lo conocía de antes, y tampoco lo había hecho suyo. De esta manera el Tío Lobo fue encontrando a su autor y ha acabado hablando en las más de 400 páginas de una novela con la que Lucas no solo quería descubrir el carácter de ese hombre, sino también «retratar la atmósfera oscura, gris, violenta y de absoluta desesperanza de la época. Había mucha, mucha miseria».

Juan Ramón Lucas es hijo de asturianos, así que el mundo de la mina no era desconocido para él y sabe que esa desesperanza era común en muchos lugares. Lo que tiene de especial lo ocurrido en Murcia, explica, es que era aun peor de lo que se contaba de las cuencas mineras de Bizkaia, de Asturias, de Huelva. «El microcosmos era mucho más reducido y había muchísima gente. En ese punto, en El Dorado murciano, llegó a haber una población de 40.000 personas en un núcleo muy reducido y aislado». Eran personas llegadas de provincias limítrofes, muchas de Almería. «El lugar creció muy rápido y se instauró un régimen de explotación, mucho más violento que en otros sitios».

Como hijo de asturianos, el mundo de las minas no le resultaba desconocido

Condiciones inhumanas

Los capataces y guardas paseaban, vigilando, con las armas en las manos y dispuestos a corregir cualquier salida del buen camino de un tiro. También el Tío Lobo recorría sus posesiones –tierras y personas– a caballo. «La Unión era casi de estética del Oeste. La Guardia Civil decomisaba armas cada cierto tiempo, pero no era la autoridad. El único ocio que se conocía era el del alcohol y los cafés-cantantes. La única ley era la de los propietarios, caciques muy poderosos. El sistema de poder, la pirámide, estaba muy bien jerarquizada».

Un dato: entrado el siglo XX se prohibió el trabajo infantil en las minas, pero en las tierras mineras de Murcia el «30% de la mano de obra eran menores de 16 años. Y se trabajaba de sol a sol, o como decían ellos, de luna a luna». Otro: Tío Lobo se llevó a sus minas una fea costumbre que había conocido en Bizkaia, la de pagar a los trabajadores con bonos y no con dinero; solo podían adquirir alimentos y ropas en los locales del propio cacique. Y eran de «ínfima calidad, ponía a su disposición los peores productos». La ganancia estaba en todos lados, menos en los bolsillos de los mineros, que eran prácticamente esclavos y que en un abrir y cerrar de ojos podían acabar atados por una deuda imposible de saldar.

Dice Lucas que esta historia, la de Miguel Zapata y la de La Unión, está muy poco estudiada, hay pocos libros publicados y menos aún novelas. Él las desconoce, al menos. Así que tenía un personaje real muy literario y un marco inexplorado. Solo necesitaba encontrar la voz. Primero pensó en escribir una novela histórica, pero lo dejó pronto, le faltaba algo. Luego creó un personaje extranjero que llegara a las minas y descubriera todo aquello, y al poderoso protagonista, pero tampoco le pareció lo mejor. «Habría sido la mirada extranjera». Y terminó recurriendo a María la Guapa, la voz narradora de 'La maldición de la Casa Grande'. «Quería un testigo que lo contara desde dentro».

Un personaje real

María fue real, existió, aunque hay muy pocos datos sobre ella. «Entró a trabajar en la casa y fue durante décadas la enfermera y la amante del Tío Lobo. Él tenía una enfermedad de la piel que requería curas tres veces al día y que su ropa se lavara aparte de la de los demás. Estuvo con él hasta su muerte», explica Lucas. Eso le dio la oportunidad de meter en la casa de Miguel Zapata la voz de fuera, una mirada externa, pero al mismo tiempo del lugar. «Atraviesa todos los sectores sociales: hija y hermana de minero, amante del dueño, venida de Almería».

Para ambientarse, aparte de leer todo lo que pudo sobre la época y el lugar, Lucas tuvo como libros de cabecera los 'Episodios Nacionales', de Pérez Galdós, las obras de Valle Inclán, de Clarín, de Blasco Ibáñez... Y 'El metal de los muertos', de Concha Espina, que aunque le parece «muy cursi» cree que refleja muy bien lo que ocurría. Quería encontrar el tono adecuado para contar esta historia de la que se ha «enamorado» más o menos «como se habría hecho entonces».

La vida y la personalidad de Miguel Zapata, que se llamaba Tío Lobo porque de joven había acabado con uno que quería matarle unas ovejas –era de familia ganadera y pronto buscó nuevos sectores que le dieran dinero–, ya están noveladas. Ascenso y caída, caciquismo y rebeliones, amor y muerte. Pero a Lucas le ronda una segunda parte sobre aquellas tierras mineras, confiesa. «Hay muchas historias que he tenido que dejar fuera, personajes que se merecen más espacio, detalles». No parece que este debut en la ficción vaya a quedarse en eso. Si hay otra novela, asegura, estará sin duda ligada a la primera. «Dependerá de la respuesta de los lectores».

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