Literatura

La literatura más mestiza

Arundhati Roy es una activista y escritora que obtuvo un gran éxito con 'El dios de las pequeñas cosas'./
Arundhati Roy es una activista y escritora que obtuvo un gran éxito con 'El dios de las pequeñas cosas'.

Las Letras británicas son hoy de manera especial el lugar en el que se reúnen autores de todos los continentes

Iñaki Ezkerra
IÑAKI EZKERRA

Uno de los grandes argumentos con los que se ha tratado de justificar el 'Brexit' ha sido el del empobrecimiento de los ciudadanos británicos supuestamente causado por las oleadas de la inmigración de los últimos años. Sin embargo, la creatividad literaria ha salido ganando gracias a ese fenómeno. Se ha enriquecido y ha fortalecido más que nunca su salud. Resulta innegable que una buena parte de la mejor literatura que hoy se produce en Reino Unido es la del mestizaje.

Empecemos por ella, por ese incruento imperio de la palabra que ha sucedido al otro y que no se halla en vías de extinción sino de expansión. Empecemos por esa Commonwealth literaria en la que caben los novelistas angloindios, los angloárabes, los angloasiáticos, los angloafros…, que aún están creando y que dejarían de ser 'oficialmente europeos'.

Por la propia historia colonial británica, son los escritores de origen hindú, tanto de primera como de segunda generación, los más abundantes en la literatura del mestizaje que ha cuajado en Reino Unido. La nómina puede abrirse con Anita Desai, nacida en Mussoorie en 1937 y autora de novelas como 'En custodia', que tiene como protagonista a un gris profesor de su país que se redime de su vida sin horizontes gracias a su relación con un admirado poeta. Nacida Nueva Delhi en 1971, Kiran Desai, hija de la ya octogenaria escritora, representa un vital relevo generacional y obtuvo en 2006 el premio Man Booker por su novela 'El legado de la pérdida', que juega con los contrastes entre la tradición y la modernidad, a través de la figura de un anciano juez hindú que fue educado en Cambridge.

En esa nómina de la literatura angloindia caben también Vikram Seth (Calcuta, 1952), autor de 'Un buen partido' y 'Una música constante', dos novelas de una gran carga poética tanto en el contenido como en la forma, o Vikram Chandra (Nueva Delhi, 1961), de quien se pueden destacar 'Juegos sagrados', obra que mezcla el thriller policíaco con el fresco sociológico y la incursión psicológica, o el ensayo autobiográfico 'Geek Sublime', en el que vierte su experiencia como programador informático para reflexionar sobre las relaciones entre las artes y las modernas tecnologías.

Existe una especie de Commonwealth literaria que reúne autores de gran nivel

Variedad temática

El panorama es tan variado y dispar en los avatares biográficos como en las temáticas. De Arundhati Roy puede decirse que tiene de británica la educación y la lengua inglesa en la que escribe, pero nació en la ciudad india de Shillong en 1959 y vive en Nueva Delhi. Ganó el Premio Booker en 1997 con 'El dios de las pequeñas cosas', novela a la que suma dos beligerantes ensayos de carácter político: 'El final de la imaginación' y 'El álgebra de la justicia infinita'. Su caso sería el opuesto al de Hanif Kureishi, que nació en 1954 en el municipio londinense de Bromley de madre inglesa y padre paquistaní, pero cuyas novelas poseen un claro sesgo europeo. En 'El buda de los suburbios' retrataba a unos jóvenes anglo-pakistaníes que participaban de la contracultura rockera de los años 70 y en 'Algo que contarte' planteaba las relaciones entre sexualidad, sociedad y política a través de un psicoanalista progre de la época de Blair.

A todos estos autores se suman los de origen indio, que pudiendo considerarse británicos de nacimiento o de adopción, han optado por trasladarse a los Estados Unidos. El ejemplo más conocido es el de Salman Rushdie (Bombay, 1947), que, ganó el Booker en 1981 con una novela -'Hijos de la medianoche', que ya era una incursión en un realismo mágico que llegaría a su apogeo con 'Dos años, ocho meses y veintiocho noches' (2015), novela que emparejaba a Averroes con una mujer sobrenatural para procrear una fantástica prole, y que descendía a un realismo simplemente hiperbólico en su sociologismo con 'La decadencia de Nerón Golden', en la que pinta una siniestra familia de Bombay en un Nueva York que va del inicio de la Era Obama al de la Era Trump.

Arriba a la izquierda, Vikram Seth es el autor de 'Un buen partido' y 'Una música constante'. Debajo, Ian McEwan está en la primera línea de los autores británicos. En el centro, Martin Amis, hijo del también escritor Kingsley Amis, fue un 'enfant terrible' de la literatura británica. Arriba a la derecha, Kiran Desai ganó el Booker de 2006 por 'El legado de la pérdida'. Debajo, Salman Rushdie es uno de los novelistas más leídos e influyentes del mundo.
Arriba a la izquierda, Vikram Seth es el autor de 'Un buen partido' y 'Una música constante'. Debajo, Ian McEwan está en la primera línea de los autores británicos. En el centro, Martin Amis, hijo del también escritor Kingsley Amis, fue un 'enfant terrible' de la literatura británica. Arriba a la derecha, Kiran Desai ganó el Booker de 2006 por 'El legado de la pérdida'. Debajo, Salman Rushdie es uno de los novelistas más leídos e influyentes del mundo.

Una ruta viajera similar es la seguida por Amitav Ghosh (Calcuta, 1956), que en su día estudió en la Universidad de Oxford y que hoy vive en Nueva York. De él es 'Cromosoma Calcuta', un thriller futurista en el que se especula criminalmente con la inmortalidad, y también 'Mar de amapolas', novela que se adentra en el mundo colonial hindú del XIX y en el negocio del opio destinado al mercado chino. El caso de Hari Kunzru, autor de la novela 'Dioses sin hombres', en la que una formación rocosa en el desierto californiano de Mojave es capaz de abolir la distancia entre la tierra con el cielo y subvertir las leyes naturales, sería el del hijo de madre inglesa y padre indio que nació en Londres en 1969 y que, como los dos anteriores, hoy vive en Nueva York.

La narrativa del mestizaje en Reino Unido no se cierra con los autores angloindios o anglopaquistaníes. Están también los angloasiáticos, como Kazuo Ishiguro (Nagasaki, 1954), el último Nobel, de quien recordamos 'Lo que queda del día', la novela del mayordomo secretamente enamorado de un ama de llaves que dejó la mansión para casarse. Está Zadie Smith, que nació de un fotógrafo inglés y una modelo jamaicana en 1975, en el municipio londinense de Brent y que triunfó en 2000 con 'Dientes blancos', una novela que reflejaba la realidad multiétnica a través de tres familias. Pero el mejor canto al mestizaje lo ha entonado Chris Cleave, que es algo así como un angloafro vocacional y la mejor respuesta al 'Brexit'. Nacido en Londres en 1973, su nexo con el continente africano reside en que se crió en Camerún. Debió de ser una experiencia fecunda porque, en su gran novela de éxito, 'Pequeña abeja', cuenta la peripecia de un joven refugiado nigeriano que busca asilo en Gran Bretaña.

El gran cambio de la literatura británica en las últimas décadas ha sido promovido por el premio Booker

Padres e hijos del Booker

El cambio que la literatura británica ha experimentado en las últimas décadas, la revolución que supuso la llamada 'ficción literaria', que es algo así como el 'boom' latinoamericano en versión anglosajona, llegó de la mano del premio Booker, que se convirtió en un trampolín del éxito para los autores de origen británico y en un pasaporte o carta de ciudadanía literaria para los de orígenes exóticos. No solo muchos de los escritores hasta ahora citados lo recibieron. Los propios maestros septuagenarios de lo que podemos llamar 'el triunvirato' de las letras inglesas (Julian Barnes, Ian McEwan y Martin Amis) se hallan unidos estrechamente a ese reconocimiento. Julian Barnes lo recibió en 2011 por 'El sentido de un final'; Ian McEwan lo había recibido en 1998 por 'Amsterdam' y a Martin Amis no se lo dieron en 2003 porque en su novela 'Perro callejero' mezclaba la industria de la pornografía con la familia real.

Del primero cabe citar 'Nada que temer', un texto a caballo entre el ensayo filosófico, la novela autobiográfica y el libro de memorias con un tema esencial por medio: la muerte, el miedo que inspira y el camino de su aceptación. Ocho meses después de publicarlo murió su mujer y de esa pérdida son deudores tanto los relatos reunidos en 'Pulso' como la citada novela 'El sentido de un final'. De Ian McEwan son ineludibles las novelas 'Expiación', 'Chesil Beach' y 'La Ley del Menor', llevadas al cine con sensibilidad y talento. De Martin Amis resultan insoslayables 'Experiencia', que es su autobiografía, 'La casa de los encuentros' que es una novela demoledora sobre un campo de trabajo de la URSS y 'Koba el Temible', que es un ajuste de cuentas con Stalin y la tolerancia de los intelectuales occidentales ante el comunismo.

Entre los autoras que pertenecen a esa misma generación, pueden añadirse los nombres de A. S. Byatt, que obtuvo en Booker en 1990 con 'Posesión', novela en la que un joven graduado en Literatura inglesa descubre dos cartas que demostrarían que una poetisa del siglo XIX venerada por feministas y lesbianas habría tenido un amante, y Pat Barker, famosa por tres novelas ('Union Street', 'Tira tu casa' y 'La hija del siglo') que tratan sobre mujeres obreras y sus relaciones con sus parejas en las que el alcohol hace acto destructivo de presencia.

Ya entre los autores sesentones que vendrían después, sobresalen Kate Atkinson, Hilary Mantel, Philippa Gregory, Irvine Welsh y Nick Hornby, el más divertido de todos, que narra en 'Érase una vez un padre' la aventura de un tipo soltero y solvente de 36 años que se apunta a un grupo de autoayuda para ligar con mujeres separadas fingiendo tener un hijo y ser víctima, como ellas, de un matrimonio decepcionante. En el grupo de los autores cincuentones y cuarentones pueden citarse a Jeanette Winterson, Michel Faber, Neil Gaiman, Jonathan Coe, Will Self, David Nicholls, David Mitchell, Tom McCarthy, Jojo Moyes, David Szalay, Caitlin Moran, Ruth Ware o Sarah Waters, una de las más conocidas y autora de otra novela de imposturas, 'Falsa identidad', en la que una joven delincuente y huérfana es enviada a una mansión de doncella para embaucar en un fraudulento matrimonio a una muchacha de su edad, también carente de padres, pero no tan inocente como imaginaba.

Finalmente, no podemos olvidar a los grandes 'autores de género', como es el caso de John Le Carré, el decano de la novela británica de espías; Ken Follet, el autor de 'Los pilares de la Tierra', novela que se inscribe en la ficción histórico-medieval; J. K. Rowling, la madre del ciclo de Harry Potter; o James Lever, el joven autor de cuya existencia se dudó y al que se llegó a tomar por un pseudónimo de Martin Amis cuando publicó 'Yo Cheeta: Mi vida en Hollywood', una delirante sátira en la que la chimpancé de Tarzán cuenta su vida. Aunque todos estos autores dejaran de ser oficialmente 'europeos' el día que se materialice el 'Brexit', es obvio que sus libros seguirían siendo nuestros porque el placer de leer no conoce fronteras.