Lecturas

Eloy Tizón: «La literatura te educa la mirada»

Eloy Tizón, fotografiado en Bilbao. / JORDI ALEMANY
Eloy Tizón, fotografiado en Bilbao. / JORDI ALEMANY

El escritor publica 'Herido leve', un libro de textos breves donde habla de la pasión por la lectura

ELENA 
SIERRA

De Eloy Tizón son conocidos su cuentos y sus novelas, pero ni una cosa ni la otra es la que lo tiene dando vueltas, de gira promocional. Es un libro de artículos, de reseñas, de lecturas, que apareció de repente una mañana que se le había atragantado uno de ficciones que estaba escribiendo (y que sigue a medias, esperando a que el autor vuelva). Tizón se puso a enredar con un viejo disco duro y se encontró, en formatos ilegibles que necesitaron ser puestos al día, textos de su yo lector de hace muchos años... Con ese momento de arqueología digital dio comienzo a 'Herido leve. Treinta años de memoria lectora' (Páginas de Espuma).

– Esto es una verdadera historia de amor.

– Es mi historia de amor con la literatura. Hay mucha pasión en esta relación y me he esforzado en transmitir eso al lector. No es un libro sesudo, académico ni frío, sino apasionado y que habla del desdoblamiento que supone para muchos de nosotros la lectura.

– Si la cultivas, ¿es amor eterno?

– Toda la vida, es un amor para toda la vida. Depende en gran parte de uno, pero también hay mucho de azar, de que lleguen a tus manos los libros adecuados en el momento adecuado. Cuando se produce esa conjunción, es la felicidad, o una de sus caras. Cuando lees el libro perfecto, te habla solo a ti, no hay nadie más, es para ti.

– Tenía 16 años cuando eso ocurrió por primera vez.

– En mi caso fue con 'Cien años de soledad', de García Márquez, pero no menciono el título en el libro porque no es necesario, no quiero centrarlo en él ni en ese momento, ni en mí como lector. Lo que me importa es esa experiencia que todos podemos tener con cualquier texto que reúna unas ciertas condiciones. Y que se convierte en referencia.

– En ese relato de adolescencia, explica que en clase no había sentido nunca algo parecido con un libro.

– A veces los programas educativos tienen algo funcionarial y, desgraciadamente, esa vitalidad que creo que transmite la literatura, por culpa del sistema, se anestesia. De vez en cuando te tienen que zarandear y recordarte que la literatura es algo emocionante, que te hace temblar, y no algo que tengas que aprender de carrerilla para rellenar un examen.

– Eloy Tizón, sin esos libros, ¿qué sería?

– Alguno otro habría encontrado. Hay algo ahí de fatalidad. La literatura y yo estábamos condenados a encontrarnos. Es una historia de amor predestinado.

– En el libro 'Contra la arrogancia de los que leen' (de Cristian Vázquez en Trama Editorial), se dice que leer no nos hace mejores personas como no leer no nos hace peores. ¿Qué hace?

– Estoy de acuerdo, no te hace mejor persona; algunos de los más grandes dictadores han sido grandes lectores, lo digo en este libro. Lo que hace la literatura, y el arte en general, es educarte la mirada. No ves igual con ella que sin ella, te da un conocimiento del mundo más profundo, más versátil, más rico y más variado. Eso no necesariamente te hace mejor, pero sí te hace más complejo o te ayuda a entender la complejidad del mundo, que no es simple. Yo pienso que una persona que no lee quizá tenga una visión más simple del mundo.

«El canon no es una columna de mármol, sino una cascada de agua en movimiento»

De leer a escribir

– ¿Fue natural el paso de la lectura a la escritura?

– Yo siempre lo he visto muy unido: no dos planetas distantes, sino parte del mismo. Los libros que me aportan me dan ganas de leer y los que no, me las quitan, y cuando escribes lo haces con tu yo lector también porque hay una parte notoria en lo que escribes de referentes, de influencias, escribes con mucho sustrato. ¿En qué momento lo separas? No lo sé decir.

– ¿No pesan los referentes demasiado como para lanzarse a la escritura?

– Hay una fase de imitación que es como un sarampión pasajero, si te quedas ahí estás anulado como escritor. Yo imitaba a mis modelos, pero luego ves que ya no puedes añadir nada a lo que ellos han hecho tan bien. Y vas incorporando otros autores que te ayudan a afinar tu voz. Tú estás hecho de todos los autores que has leído y de una pequeña aportación personal que no depende de esos y es la que te hace diferente.

– ¿Reconoce en sus relatos la influencia de esos otros?

– Hay ciertos ecos que pueden recordar, a veces es el ritmo, la forma de construir la frase, vagamente. No hay que renegar para nada de las influencias. Nuestro trabajo es incorporar eso a nuestra manera de mirar.

– En 'Herido leve', el capítulo dedicado a Felisberto Hernández es una carta de admiración total.

– Es un autor clave para muchos autores, surge justo antes del 'boom', es el Big Bang del 'boom'. Él no conoció ese éxito, pero generó mucha literatura. Es de los autores que te hace escritor. Es por eso muy valioso.

– Escribe sobre el canon y deja claro que es mutante.

– Me he dado cuenta al releer estos artículos. El canon no es una columna de mármol, sino más bien una cascada de agua siempre en movimiento y siempre sujeta a debate, eso es lo más interesante del canon. Siempre estamos introduciendo posibles autores y sacando a otros. Nunca hay nada definitivo en la literatura, no podemos dar nada por sentado, esa es una enseñanza valiosa. Hay autores que hoy consideramos intocables que pasado mañana no van a estar ahí. Y los muy marginados hoy pueden ser centrales mañana.

– ¿Lo importante es que cada cual tiene su canon personal e intransferible?

– Eso es, nadie tiene la última palabra en literatura. Por eso no quería hacer un libro cerrado, sino abierto; no es restrictivo, no impongo lo imprescindible. Opino sobre lo que creo que tiene calidad pero no aspiro a tener la última palabra. Incita al debate con otros lectores y entiendo que no estén de acuerdo con ciertas afirmaciones.

– En su canon, ¿quién cree que no desaparecerá?

– Los que hay en la primera parte, en 'Intuiciones tempranas', que son mis grandes deslumbramientos y se mantienen a lo largo del tiempo. Intuyo que no saldrán, que me acompañarán lo que me queda por vivir, y muy de cerca.

– Salen de este libro muchas lecturas...

– (Risas) Es un volumen de animación a la lectura, depende de la curiosidad de cada uno. Algún lector me ha comentado que empezó a leerlo y lo dejó para leer alguno de estos que comento... Ese era mi propósito.