Artes plásticas

La lengua cortada

Las dos lenguas que cuelgan en La Taller. / E.C.
Las dos lenguas que cuelgan en La Taller. / E.C.

Txaro Fontalba convierte órganos humanos en entes autónomos con carga ideológica

G. ELORRIAGA

Txaro Fontalba acude al interior para dar cuenta de los conflictos externos, habla del individuo y su relación con el medio a partir de lo más oculto, sus órganos. En 'Deslenguadas y otras tartamudas' aborda la subjetividad femenina a través de la lengua, símbolo de esa dificultad o incapacidad para comunicar de la subjetividad femenina, lastrada por la historia, la incomprensión y tanta barreras físicas y mentales. El punto de partida de este proyecto es una muestra anterior en la que debía dialogar con la forma oteiziana. «Cogí el sonema, la parte material del fonema para hacer frente a ese legado tan masculino», explica.

Dos esculturas con forma de lengua cuelgan en el espacio de La Taller. Pueden ser dos 'punching balls' o dos cuerpos inertes, dos tótems, o sendas piezas de carnicería, quizás sugieren fracaso o aludan a la facultad de producción de lenguaje, a la palabra como herramienta de trasmisión de conceptos y cambio. La artista navarra acostumbra a objetualizar los órganos humanos y convertirlos en contenedores políticos.

El corazón, el útero, los intestinos o la laringe, se cargan de función, simbolismo y destilan ideología, sobre todo en los territorios relacionados con la mujer y su rol público. «Es una disección que permite cierta confusión entre interior y exterior, una cierta indeterminación», alega. «La lengua tiene una función de masticación, pero también de fonación, esa concurrencia me fascina. La carga simbólica proporcionada por la historia me proporcionan un valor a partir del que puedo trabajar».

Las imágenes de Fontalba son poderosas, e, incluso en el dibujo, prevalece su objetivo escultórico y la vocación de jugar con los planos. «El órgano se convierte en cuerpo, asume un protagonismo, se transforma en un ente autónomo que incita a la reflexión», señala y, a pesar de la rotundidad de la propuesta formal, conviven miradas directas y de soslayo. «Hay velos, elementos escondidos y un interés creciente por acercarme al lenguaje, con esa lista de palabras tartamudas, dotadas de semejanza silábicas, que quieren huir de su destino y convertirse también en algo material».

 

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