Artes plásticas

Más isla que nunca

Kiosko Brexit. Michael Landy, 2018./
Kiosko Brexit. Michael Landy, 2018.

El arte británico dijo no al 'Brexit', que ahora debe afrontar, con la calculadora en la mano y el corazón dividido entre la ironía y el desmayo

BEGOÑA GÓMEZ MORAL

Desde el día 1 de marzo hasta el 29, cuando en teoría finaliza la cuenta atrás para el 'Brexit', una cabina telefónica perteneciente a la estirpe de las sólidas BT grises que proliferaban en la década de 1990 se erige a modo de monolito en un punto de la inmensa playa de Dungeness. Se trata de un área conocida como el único desierto de Gran Bretaña; una reserva natural en la costa de Kent desde donde casi se ve el continente los días despejados y un lugar desolado cuyo «vacío, agotamiento y excesos meteorológicos» impresionaron al fotógrafo Robert Walker cuando lo documentó en 2011. Quizá por esos mismos atributos el artista británico Joe Sweeney ha escogido Dungeness para situar su «nostálgica llamada a la acción».

En realidad, la cabina es solo el símbolo de una incomunicación espectral. No es posible llamar desde ella, aunque el proyecto se basa en enviar y recibir mensajes. Cualquiera, en cualquier momento puede hacerlo con la única particularidad de 'dirigirse a Europa'. El «archivo permanente de opinión pública» que el autor se propone reunir funciona a través de una página web (leaveamessage4europe.com) donde se registran y almacenan comentarios, despedidas, lamentos o exabruptos y donde se ve en tiempo real la cabina expuesta a la intemperie mientras se aproxima el 'día B'.

Apenas 33 kilómetros hacia el este se encuentra Dover. La localidad de 31.000 habitantes es el acceso principal al estrecho desde el lado británico y da nombre a la costa de las inconfundibles rocas blancas –las siete hermanas– que tradicionalmente reciben a quien llega a Reino Unido por mar desde Europa. Allí apareció el día 8 de mayo de 2017 un mural pintado sobre la mediana de un edificio cerca de los muelles donde atracan los ferris que cruzan el Canal. En esa pared Banksy expresaba su opinión sobre el abandono de la UE con la imagen de un operario que elimina con martillo y cincel una de las estrellas doradas de la Unión.

No serán las últimas reflexiones sobre el 'Brexit' desde la práctica artística y tampoco han sido las primeras. ¿Cómo hemos llegado a esto? se preguntaba el conceptual sueco Jonas Lund en enero cuando, desde una galería londinense, intentaba 'cambiar el voto' mediante una oficina propagandística abierta durante cuatro días con el único objetivo de emplear las artes de la 'guerra incivil' que condujo al 'Brexit'; en otras palabras, «valerse de la tecnología y medios utilizados durante el referéndum a favor de abandonar la UE, pero para revertirlo».

En la primera imagen, Stronger in Europe. Damien Hirst, 2016. En la segunda, Deja un mensajepara Europa. Joe Sweeney & Cob Gallery, 2019. Y en la tercera, Nadie es una isla. Póster de Wolfgang Tillmans, 2016.

No está solo. Michael Landy también ha visto trazas de manipulación en los resultados del plebiscito. Es conocido sobre todo por 'Break Down', aquella performance de 2001 a medio camino entre el autorretrato y la crítica al consumo en la que durante dos semanas destruyó sus pertenencias; todos y cada uno de los 7.227 objetos acumulados a lo largo de 37 años de vida, desde la partida de nacimiento a un abrigo heredado de su padre y el coche. Con el acicate del 'Brexit' inminente. Lundy ha indagado en la ambigüedad propagandística de máximas con doble interpretación: «La reina apoya el 'Brexit'» o «Queremos recuperar nuestro país». También ha elevado a la categoría de estandarte la elocuente expresión 'Brexshit'.

Es un producto más a la venta en el 'Brexit kiosk', un tenderete decorado con los colores de la bandera británica que forma parte de su intervención efímera durante la flamante Bienal internacional de Arte Contemporáneo de Riga, la RIBOCA, celebrada en 2018 en Letonia, uno de los más recientes miembros de la UE. Lundy activaba así implicaciones irónicas en varias direcciones, más si se tiene en cuenta que vendía, además de la bandera 'Brexshit', productos tan inconfundiblemente ingleses como Cadbury's o Marmite.

Un informe augura el fin de la fluidez entre fronteras comerciales, algo que se considera crucial para el trabajo creativo

Un mundo 'anti Brexit'

Igual que en el resto de industrias creativas, solo el 4% de quienes trabajan en torno a las artes visuales se han posicionado a favor de abandonar la UE. Los problemas que el 'Brexit' acarreará al sector se perfilaban en un estudio del British Council for the Arts publicado poco después del referéndum. En primer lugar auguraba el fin de la fluidez entre fronteras comerciales, un aspecto crucial para el trabajo creativo. Consideraba, además, que cualquier trámite aduanero afectará más al talento emergente y a iniciativas en ciernes que a proyectos institucionales y fundaciones asentadas, un hecho que podría traducirse en efectos desastrosos para la innovación, otro factor fundamental en la actividad artística a medio y largo plazo. En términos económicos mencionaba ejemplos como Europa Creativa u Horizonte 2020, programas en los que Reino Unido ha obtenido alrededor del 15% de beneficio con una aportación del 12%. De la incertidumbre sobre cambios legislativos y arancelarios también derivaría la pérdida del papel de Reino Unido como intermediario en la entrada de bienes culturales hacia Europa gracias a su IVA en ese tipo de comercio, el más bajo de la UE, sin olvidar el potencial impacto en la 'soberanía cultural europea', que venía protegiendo grandes áreas creativas frente al empuje del mercado estadounidense y otros.

Muchos pesos pesados de las artes visuales británicas comenzaron a hacer campaña a favor de permanecer en la UE tan pronto como se anunció el referéndum de 2016. La iniciativa 'Stronger in Europe' reunió a Damien Hirst, Tracey Emin, Antony Gormley y Tacita Dean entre otros. Todos ellos aportaron alimento visual a favor de la permanencia, igual que Anish Kapoor, quien denunció el 'Brexit' como «síntoma de una sociedad dividida, una vuelta a la era colonial que ha conseguido sacar lo peor de cada británico». El ganador del Turner Mark Wallinger se pronunció a favor de una segunda consulta: «Aunque parece una catástrofe cuidadosamente urdida, el 'Brexit' es en realidad la consecuencia más estúpida del deseo de mantenerse en el poder de nuestros políticos» y Wolfgang Tillmans, alemán afincado en Londres, llegó a poner en marcha una campaña propia dirigida a los sectores de público más joven.

El British Museum abrirá el 11 de abril una muestra sobre Munch, cuyo 'Grito' es todo un símbolo sobre el futuro

Incertidumbre

Desde asociaciones de estudiantes varios posters con frases y versos como 'Nadie es una isla', de John Donne, intentaban concienciar sobre la importancia de votar al grupo de edad que ha demostrado menor interés por el plebiscito. «La debilidad europea es un objetivo claro para gobernantes como Putin o Trump. La UE tiene obstáculos que salvar, pero defiende una visión democrática del mundo y de los derechos humanos. Representa la alternativa a la confrontación que arrasó Europa en el siglo XX», clamaba Tillmans.

El mediático Grayson Perry se ha mostrado más interesado por el fenómeno 'Brexit' en sí mismo y por conceptos en torno a la división y la unión como forma indirecta de abordar la situación de su país. Obtuvo ideas a favor y en contra a través de redes sociales y creó dos jarrones casi idénticos para ilustrar ambas posiciones. El pintor vivo más cotizado, David Hockney, no se ha pronunciado, aunque sí ha mencionado que, viviendo en una zona rural de Inglaterra, no le sorprendió el resultado pro 'Brexit'. En varias ocasiones ha rechazado el papel del artista 'opinador' con frases tan célebres como «cállate y pinta». A pesar de ello, su posición ha resultado ambigua para algunos compañeros de profesión, en especial después de rediseñar la cabecera de 'The Sun', que hizo una feroz campaña a favor de abandonar la UE.

Sobre el futuro nadie sabe nada. Por ahora esa es la única certeza. Jeremy Deller se lamentaba de no haber distribuido sus camisetas 'anti Brexit' antes y de «no tener ni idea de lo que va a pasar, igual que cualquiera». La galería londinense Tornabuoni, por ejemplo, expone desde hace unas semanas a artistas como Burri o Fontana. Cuando cierre el 30 de marzo, justo un día después de la fecha límite, aún no se sabe si podrá devolver las obras no vendidas a Italia sin pagar impuestos adicionales.

El 11 de abril se inaugurará en el British Museum la muestra titulada 'Edvard Munch: Amor y angustia'. Varias semanas antes de la inauguración ya es símbolo de lo que será el arte en Reino Unido después del 'Brexit', porque precisamente en 'El grito', la obra más célebre del noruego, se ha querido ver la representación visual de la temperatura sicológica británica en estos días. Y no es la única. A partir de una iniciativa espontánea surgieron 29 candidaturas. Entre ellas estaba «cualquier cosa de Chris Ofili» porque, «como el 'Brexit', el análisis superficial indicaría que es basura mientras el análisis en profundidad demostraría que es, sin ambages, absoluta y auténtica basura». El panel del infierno de 'El jardín de las delicias' de Bosch también obtuvo votos, igual que el 'Caminante' de Giacometti, que ya representa el 'angst' del siglo XX. La 'Loca Greta' fue una opción aclamada para quienes apostaron por Bruegel y hubo quien propuso la 'Mierda de artista' de Manzoni o «algo de Pollock, caótico y borroso». También se propuso un Delaroche de 1834 sobre la muerte de Lady Jane Grey, que reinó en Inglaterra durante 9 días antes de ser decapitada. El 'Callejón de la ginebra' de Hogarth se debatió junto a 'Mil años' de Damien Hirst, una cámara sellada donde una cabeza de vaca se pudre en el suelo mientras un puñado de moscas nacen, crecen, se reproducen y mueren sin salir de allí.