Fotografía

La intensidad de lo discreto

Estación de metro Av. Président Kennedy./
Estación de metro Av. Président Kennedy.

Raymond Deppardon fue uno de los fundadores de la agencia Gamma y autor de fotos que han ido narrando su biografía

BEGOÑA RODRÍGUEZ

El próximo miércoles se cumplirán 52 años de la fundación de la Agencia Gamma. Aunque desparecida ya, fue fundamental en la historia del fotoperiodismo y uno de sus fundadores, Raymond Depardon, sigue siendo una figura imprescindible en el mundo de la fotografía y uno de los más prestigiosos directores de cine documental actual.

Nacido el 6 de julio de 1942 en Villefranche-sur-Saône, Francia, Depardon se crió en el campo, y allí comenzó a fotografiar a los 12 años con la cámara de su padre. Aprendiz en una óptica, abandonará su granja para irse a París como asistente del fotógrafo Louis Foucherand. Walker Evans se convertirá para él en una referencia a seguir y pronto debuta como fotoperiodista y comienza a recorrer el mundo. En esos tiempos, sin embargo, en la fotografía triunfaba, cuasi a modo de dogma, el estilo Cartier-Bresson; es decir, el concepto del momento decisivo: esa fracción de segundo en la que los elementos que dan expresión a un acontecimiento y componen la imagen se conjugan de forma armoniosa. Pero Depardon, siempre se distanció de esta idea. «Para él es más importante aquel momento en el que no ocurre nada. La banalidad es más importante que lo extraordinario», explica Agnès Sire, comisaria de la Fondation Henri Cartier-Bresson, y organizadora de una de sus múltiples exhibiciones.

Efectivamente, lo banal, lo anónimo, lo ordinario, lo falsamente despreciativo… los adjetivos que califican el trabajo de Raymond Depardon definen irremediablemente su gusto por la simplicidad. Calmado y con ojos tranquilos, como Kaspar Hauser, el personaje de leyenda que evoca Voltaire, Depardon es «una fuerza silenciosa, un oxímoron por sí mismo», como lo define Virginie Huet. Y lo es «porque el rango de sus imágenes es inversamente proporcional a la agitación que allí reina»: nada, o más bien no mucho. Un 'no evento'. Y es precisamente en esa privación, en esa ausencia de artificio, donde uno puede juzgar, en verdad –como asegura Huet– una imagen. Como una mujer recién levantada, sin maquillaje. Parafraseando a Shoji Ueda, fotógrafo japonés, «el fondo de la foto es lo más importante, antes que los personajes, antes de que los personajes estén en el frente, en primer plano, o lo que sea. Lo importante es la decoración».

Dejó de ser reportero cuando empezó a pensar que la fotografía no explica un evento

El fondo más que la forma es, en fin, la intención que recorre todo el trabajo de este cazador de imágenes, ciertamente influido por el cine de Robert Bresson y John Huston. Con ellos comparte una cierta economía de medios, inseparable de la humildad sincera hacia su medio: «Creo increíblemente en la necesidad de hacer una foto. No un simple 'click', sino una foto, Yo creo en la imagen». Y agrega: «El mundo no está hecho de bellezas excepcionales o vistas pintorescas. Es simplemente el panorama de luces en las entradas de las ciudades, campos sin historia... Es su fotografía». Es el 'periplo de un solitario' –como lo llama Gloria C. Maclennan– que, traducido en serenas imágenes repletas de emoción, se expande a lo largo de casi sesenta años de profesión, devoción y amor. Y en esa soledad y ausencia de artificio, se forja su identidad como fotógrafo; un punto de encuentro entre lo real y lo imaginario: «Intento enmarcar el mundo real que tengo enfrente. En verdad, no suele ser muy interesante. ¡Tengo que soñar!», escribe el artista.

En sus exposiciones, sus imágenes se acompañan de textos, películas y documentos realizados por este polifacético y prestigioso artista francés, que además de fotógrafo, es escritor y cineasta. Y en todos los ámbitos, en toda su obra, se nota «la necesidad del autor de encontrar su inclinación… de la búsqueda de Depardon de su propia voz», señala Agnès Sire. «De ahí la importancia de los textos que acompañan a cada fotografía».

Temporalidad distinta

Por otro lado, para el francés, el acto de la escritura ofrece una temporalidad distinta del de tomar una imagen. El escritor fundamentalmente se escucha a sí mismo e impone su ritmo, mientras que durante el acto de fotografiar el artista debe permanecer en silencio, escuchando una voz ajena, a la espera «de un momento no decisivo sino esencial». «Una fotografía es el fruto de un pensamiento. Existe porque ya estaba allí, enterrada dentro de uno mismo. Es la afirmación de un pensamiento», afirma el artista. «Viajar no es nada. Ni ser turista, ni reportero. No buscar ningún rendimiento. No intentar probar nada», continúa.

Plaza San Marcos y Rotterdam

Es por eso que a pesar de haber cofundado Gamma y de trabajar para Magnum, Depardon decidió dejar de ser reportero porque consideró que la fotografía era –y es– una forma de expresión o documentación, pero no una explicación de un evento, como cuando el trabajo es para la prensa. Así, su viaje por Líbano y Afganistán le sirvió para elaborar su libro 'Notes' (1979), donde –cómo no– cada imagen va acompañada de un texto. «Un texto escrito en la soledad de un hotel, destinado a una mujer de la que estaba enamorado, pero no era correspondido». Lo que a primera vista podría parecer un libro de imágenes de guerra es en realidad una búsqueda de sí mismo, un reflejo de sus emociones.

Sus fotos se convierten así en una autobiografía en la que, por ejemplo se narra de una u otra manera el ir y venir de un nómada que siempre retorna a sus orígenes: la granja de su infancia. Destilan sus fotos, también, la angustia que como creador y como persona ha perfilado su trayectoria artística. Son, específicamente, las imágenes tomadas como fotógrafo de guerra, donde el artista se enfrenta tanto al dolor de los protagonistas de sus imágenes como al suyo propio. Y aquellas tomadas en los psiquiátricos y en las cárceles, que reflejan la obsesión del creador por los muros. «Hoy tomo venganza por los temores del periodista. He sufrido un estado permanente de voyeurismo, asalto, preocupación (...) soledad; era necesaria toda la fuerza de mis raíces campesinas para no ceder a la locura». Ahora deja, simplemente, que sus imágenes hablen por sí mismas.

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