Artes plásticas

Información y reflexión

Mackenson, 5 años, poco antes de morir por cáncer de piel, en Haití. /Sandra Balsells
Mackenson, 5 años, poco antes de morir por cáncer de piel, en Haití. / Sandra Balsells

La exposición itinerante 'Creadores de conciencia', que reúne 120 imágenes de cuatro fotorreporteros, puede verse ahora en el Círculo de Bellas Artes de Madrid

ITXASO ELORDUY

De Samuel Aranda a Mingo Venero, por orden alfabético, en una selección que incluye también a Javier Bauluz, Ricky Dávila, Kim Manresa, Emilio Morenatti, Daniel Ochoa de Olza, Ana Palacios, Santi Palacios, Judith Prat y Gervasio Sánchez. «'Creadores de conciencia' es un resumen de los trabajos de la mejor generación de fotógrafas y fotógrafos españoles de todos los tiempos, que en su gran mayoría no pueden vivir de la fotografía en su país de origen, pero que, como en el caso de Samuel Aranda, ganador del World Press Photo 2012, publican en el 'New York Times'», relata Gervasio Sánchez, impulsor del proyecto. Para Chema Conesa, comisario de la muestra, esta es una iniciativa que no hubiera salido adelante sin el soporte de DKV y de su consejero delegado, Josep Santacreu, alma máter del Programa de Responsabilidad Social corporativa.

La idea nace para conmemorar los 20 años del inicio de acciones de responsabilidad social en la compañía, «o lo que es lo mismo, reinvertir los beneficios de la empresa en concienciación social». «Juan Manuel Castro Prieto, por su parte, se ha encargado de que todas las imágenes estén impecables desde el punto de vista técnico», añade Conesa. La muestra, que tiene carácter itinerante, ha visitado el Palau Robert, de Barcelona, estará visible hasta el próximo día 28 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid; del 7 mayo al 23 junio en el MuVIM, de Valencia; en julio, en la lonja de Zaragoza; y en noviembre, en Gijón. Reporteros Sin Fronteras también participa en el proyecto, y recibirá todos los beneficios recaudados con la venta del catálogo de la exposición.

Santacreu, uno de los fundadores de Médicos Sin Fronteras en España, que viajó con Open Arms en algunas de sus incursiones de salvamento en el Mediterráneo, fue testigo de una anécdota que refleja la complicada situación de los periodistas gráficos. Él vio a un fotógrafo en un barco y le preguntó: «¿Tú para quién trabajas? –Yo, para mí mismo, saco fotos y las vendo como puedo». Entonces se dio cuenta de que esta es una profesión que parece tener mucho brillo, pero, en realidad, a nivel estructural, es bastante débil y de ahí surgió la idea de homenajear al periodismo gráfico.

'Celebrando el día del Orgullo Gay' de Daniel Ochoa de Olza.
'Celebrando el día del Orgullo Gay' de Daniel Ochoa de Olza.

Tributo a una generación

La exposición, además de remover conciencias, rinde homenaje a una generación de fotoperiodistas que han reflejado con imágenes momentos trascendentales de la historia reciente, a veces en situaciones precarias y asumiendo riesgos. «Una tarea muy importante, en momentos históricos agitados y convulsos, que no ha conseguido siempre un justo reconocimiento», explica el comisario de la muestra. Reporteros que cubren una serie de realidades complicadas de asimilar por la sociedad, que resultarían invisibles a no ser por el disparador de la cámara de estos profesionales. «Un mapa de problemas comunes a toda la humanidad», añade Conesa. No solo priorizar al fotoperiodista como autor, sino que la temática sea plural. Las fotos de Ricky Dávila, por ejemplo, tratan tres temas muy diferentes: los niños afectados por la radiación en Chernobil, la pesca en gran sol y la masificación del turismo en Benidorm.

En opinión de Dávila, la importancia de esta exposición estriba en el hecho de «dar carta de naturaleza a un trabajo como el fotoperiodismo, que antes no era considerado una profesión». «La muestra prioriza el contenido periodístico sobre el esteticista», añade Conesa. Aunque siempre sobrevuela el debate acerca de la búsqueda de la belleza dentro de las miserias humanas. En opinión de Sandra Balsells, que pertenece al minoritario grupo de reporteras gráficas, «el buen fotoperiodismo no choca con la estética». «Este es un trabajo vocacional en el que es necesario que exista una vinculación personal o afectiva con los protagonistas para que tenga sentido». Balsells habla de una de las fotos de la exposición, tomada en un orfanato de Haití, donde retrató a un niño, Mackenson, con cáncer de piel y metástasis en la cabeza, que se entusiasmaba con cada click de la cámara. «Dos meses después falleció y si hubiera sido atendido en un hospital del primer mundo se hubiera salvado con seguridad».

En la muestra sobrevuela el debate de la búsqueda de la belleza dentro de las miserias humanas

En busca de la verdad

Chema Conesa argumenta que el cambio de la tecnología, en el que lo real tiene que ver con lo virtual, implica la idea de que toda imagen puede ser falsa porque puede ser tratada, pero el fotoperiodista tiene un compromiso con la verdad, por ese motivo las agencias solicitan el archivo RAW, para certificar parámetros como el cuándo y el dónde se han tomado las imágenes y controlar los excesos de edición, no exagerar la realidad, en definitiva. Lo que hay que defender es la forma de mirar, porque los fotógrafos están «tremendamente concienciados, la verdad del periodista gráfico está basada en la realidad y el compromiso». «Este hecho, unido a la saturación de imágenes, explica la importancia de la honestidad del reportero a la hora de elegir un tema y el desarrollo del mismo», constata el comisario de la muestra.

«Creo que lo que importa en una fotografía, o lo que hace que una imagen se distinga de las demás, es su capacidad de crear un contraste de situaciones, porque es un efecto visualmente muy interesante, que pone en ese lugar al espectador y le hace preguntarse en qué lado del contraste está él», asegura Daniel Ochoa de Olza. Uno de sus trabajos, presente en esta exposición, refleja un momento del Día del Orgullo, en Madrid, hace un par de años. En la imagen, vemos sentados en un banco a una anciana, con atuendo antiguo (bata estampada, alpargatas, garrota), y a un joven travestido de unicornio. La mujer lo mira incrédula, asombrada. Una historia sorprendente, aunque real, que refleja la paleta de colores de la sociedad española. «Esa fotografía funciona porque documenta un momento que agrupa polos puestos», explica Ochoa de Olza.

Parafraseando a Sartre, Josep Santacreu une dos conceptos aparentemente contradictorios en imágenes que narran terribles experiencias como la guerra, las miserias humanas propias de catástrofes naturales, o simplemente la realidad, que juega al claroscuro. «Existen los oprimidos y también la belleza. Ojalá que seamos capaces de no fallar ni a unos, ni a otros».