La impunidad de siempre

Herrera indaga en lo sucedido en el incendio de una mina en México hace un siglo

J. ERNESTO AYALA-DIP

En las páginas de sucesos de todos los países, siempre hay una noticia que salta a las portadas porque el asunto es muy grave. Son accidentes ferroviarios, incendios en discotecas o fugas nucleares. Difieren en gravedad, en dimensión humana. Pero sí que algunos se parecen por la impunidad en que quedan. El que nos importa hoy ocurrió en México hace casi cien años.

Estamos hablando de 'El incendio de la mina de El Bordo', la nueva novela del escritor mexicano Yuri Herrera (1970). Este luctuoso hecho ocurrió en el estado de Hidalgo. Se declara un incendio en la mina El Bordo. Comienza enseguida la evacuación. Poco después las autoridades competentes dan el visto bueno para que se cierre la mina para así favorecer la extinción de las llamas. Todo hace pensar que las víctimas son pocas. Pero la realidad es infinitamente más dantesca. A los pocos días, se inicia el rescate de los mineros atrapados. Y la realidad es espantosa. Solo siete supervivientes y ochenta y siete cadáveres calcinados.

El incendio de la mina de El Bordo

Autor: Yuri Herrera. Ed.: Periférica. 120 páginas. Precio: 14 euros

Yuri Herrera reconstruye casi quirúrgicamente cada hora y cada día del terrible accidente. Su escritura afilada y sin apenas espacio para la palabra innecesaria va en busca de todas las sospechas posibles. Herrera investiga a través del tiempo. Pone en tela de juicio las declaraciones de responsables de la mina, de autoridades políticas y los más que sospechosos titulares de una prensa que ofrece pocas dudas sobre su compromiso con el silencio más miserable. Obviamente la primera pregunta que surge es por qué se cerró la mina sin antes comprobar la situación de los mineros atrapados.

Al fin y al cabo, de lo que se trata en cualquier accidentes de esta magnitud es de buscar el verdadero o verdaderos responsables de los mismos. En España hemos tenido dos accidentes gravísimos en este siglo: el de tren descarrilado en Galicia y el del metro en Valencia. Todavía no sabemos a ciencia cierta qué ocurrió. En la mina de El Bordo ocurrieron cosas contradictorias. El papel de la prensa de aquellos días en México fue casi tan luctuoso como el accidente del que daba cuenta en sus páginas. Cargó las tintas en un único culpable, el irresponsable de turno como chivo expiatorio. El juez cerró el asunto demasiado pronto. Nunca se investigó si tal mina disponía de las normas de seguridad apropiadas. Un excelente ejercicio de estilo y de investigación, no solo de ese hecho, sino de todos los hechos que ocurrieron y desgraciadamente seguirán ocurriendo.