Punto de vista

La gran novela de Stan Lee

IÑAKI EZKERRA

Poco antes de morir el pasado lunes en Los Ángeles, Stan Lee confesó su sueño, no diré que frustrado sino simplemente incumplido, de escribir 'la gran novela americana'. No diré que frustrado porque tampoco parece que le importó mucho a juzgar por la excusas que se puso para no hacerlo: «nunca tuve tiempo», «perdí el interés», «me di cuenta de que llegaba a más gente con mis historias de superhéroes del cómic»… No sé si el padre de Spider-Man habría llegado a escribir 'la gran novela americana' de haberse puesto alguna vez a ello. Pero me hace gracia su arrogancia. El creador de Marvel Comics hablaba de la posibilidad de convertirse en el novelista de referencia de los Estados Unidos como de una Miss America que se le hubiera insinuado de modo reincidente y a la que él se hubiera permitido rechazar una vez y otra en nombre de ocupaciones más sugerentes. A lo lago de mi vida he conocido a bastante gente que rechazó olímpicamente la oportunidad de escribir una gran novela de algo –la gran novela de la Transición, la gran novela de la Guerra Civil, la gran novela de la institución farmacéutica…– porque no tenía tiempo o se había dado cuenta de que llegaba a más gente con su trabajo en una inmobiliaria. No. No menosprecio a Stan Lee ni al arte de escribir cómics. Precisamente su caso es el que me despierta las dudas que no me despertaron otros. ¿Le habría llevado a escribir esa gran novela americana con personajes profundos, verosímiles, de carne y hueso, el mismo talento que tenía para crear al Increíble Hulk y a la Bruja Escarlata?

 

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