Antoine Legrand. Fotógrafo

La fotografía por instinto

Retrato de Iggy Pop./
Retrato de Iggy Pop.

Sale a la venta el primer volumen de retratos en blanco y negro de Antoine Le Grand

BEGOÑA RODRÍGUEZ

Con el título ‘Retratos’, la editorial Damiani ha publicado una selección de fotografías de actores, músicos, diseñadores, y otros artistas a quienes Antoine Le Grand admira por su carisma y su trabajo. Esa es su máxima para aceptar fotografiarlos. El personaje ha de gustarle, de llamarle la atención. Y entre ellos están Woody Allen, Jean Paul Gaultier, Vincent Cassel, Alain Bashung, Bryan Ferry, Iggy Pop, David Lynch, Charlotte Rampling, Al Pacino y muchos otros. Todos ellos retratos creados durante los últimos veinte años y que Damiani propone (re) descubrir ahora.

Retrato Bryan Ferry.
Retrato Bryan Ferry.

El libro va acompañado de un prefacio de Jean-Paul Goude, fotógrafo, diseñador gráfico, ilustrador y realizador con más de cuarenta años de experiencia. Según la revista ‘Vogue’, Jean-Paul Goude «es uno de los artistas más coloristas y definitorios de la estética de las últimas décadas». Que él haya aceptado escribir sobre Le Grand da una idea de la consideración que se le tiene en el mundo artístico y profesional.

Retrato de Vincent Cassel.
Retrato de Vincent Cassel.

Antoine Le Grand (1956) comenzó su carrera en periódicos como ‘Liberation’ y ‘Le Monde’. Luego colaboró con numerosas revistas como ‘Elle’, ‘Vanity Fair’, ‘The New Yorker’, ‘W’, ‘GQ’ y otras. Su estilo se caracteriza por el juego de luces y reflejos y por el uso de elementos como espejos y humo para crear retratos asertivos, potentes y expresivos, con frecuencia ‘gráficos’, a menudo intrigantes, y siempre con un toque de humor.

Algunas imágenes tienen un toque surrealista, fruto de su admiración por Buñuel

Su método de trabajo consiste en conocer a su modelo, conocido por muchos pero en realidad una incógnita para todos, y empezar las tomas y estar atento a ese momento en el que cae la ‘máscara’; ese preciso instante en el que la persona se revela… «Estoy en busca de azar, entre el equilibrio y el desequilibrio... el retrato es un signo de interrogación, colocada sobre alguien... la fotografía es crear por instinto».

El artista ‘empresa’

De todas formas ese instinto a veces se ve coartado por los grandes intereses detrás de los personajes públicos. Le Grand se queja y echa de menos sus comienzos, la libertad creativa de la época. No solo la que le permitieron los periódicos para los que trabajaba, sino también la que le vino a través de la música cuando, tras su paso por los periódicos, se vio, casi sin querer, y como arrastrado por una bola de nieve –como él mismo explica–, realizando portadas para los discos del momento: «Y entonces la música se interesó por mi trabajo, y empecé a hacer portadas de discos. Era el momento de Actuel y Radio Nova, había un buen ‘equipo’ que giraba en torno a la creación. También fue el comienzo del rap. Todo estaba en plena explosión. Yo vivía en la Bastilla, todo bullía como en un hormiguero. Fue un tiempo realmente emocionante».

Retrato de Woody Allen.
Retrato de Woody Allen.

Ahora , sin embargo, siente que la libertad creativa se ve mermada por la ‘empresa’ que cada artista lleva detrás de él, y que limita la libertad no solo del mismo personaje sino de todos los que intentan acerarse a ellos, de una manera u otra: «En la actualidad existe muchísima presión. Hace poco intentaba fotografiar a un conocido actor mientras tenía junto a mí a cuatro representantes de una casa de perfumes». Toda la parefernalia que gira en torno a las grandes celebridades «no solo resulta pesado sino que oculta al artista bajo la tiranía de su opresor». Para Le Grand es muy difícil trabajar así y él repite su añoranza del tiempo de sus comienzos: «Tuve la suerte de empezar a trabajar cuando lo que predominaba era la relación de confianza entre el fotógrafo y el artista. Te llamaban por la calidad de tu trabajo, por tu experiencia y por los malabarismos que podías hacer en cada sesión y por poder sacar de tu sombrero un poco de magia. Todos era maravillosamente loco».

Y hablando de malabarismos y puestas en escena, es cierto que algunos críticos ven una cierta teatralidad en sus trabajos. Cuando se le pregunta sobre el tema, Le Grand responde que él usa algunos elementos repetidas veces (el ya mencionado humo, los espejos, los juegos de sombras…) para constituir «el marco, el encuadramiento… y es lo que hará que la fotografía encuentre su lugar perfecto o no dentro de ese espacio; es la música que se asentará sobre los silencios desde la vibración del tiempo, como una partitura improvisada entre dos: el sujeto y yo».

Fabricar lo extraño

Algunos de sus retratos tienen un toque surrealista, y él mismo confiesa su admiración por Buñuel: «Estoy muy impresionado por ciertas imágenes, como las de perro andaluz de Buñuel, entre otros. Me encanta provocar, fabricar lo ‘extraño’ en la imagen, encontrar lo diferente…»

Le Grand aspira, sobre todo, a modular la luz, a improvisar con ella para otorgar a sus fotografías un sentido de pertenencia a un lugar, un contexto; un equilibrio, en suma, entre sus fotografías y la gente que fotografía y dónde la fotografía. Su deseo es crear una vibración común entre él y su modelo. Y si él sirviera de modelo a otros fotógrafos, su consejo sería que estos se desprendieran de ideas preconcebidas, que se libraran de las limitaciones impuestas por cualquier regla, que evitaran quedarse estancados en un estilo determinado y que buscaran, especialmente, la intensidad y la espontaneidad en su trabajo. Quien aspire a ser fotógrafo debería, en su opinión, explorar las diversas fuentes naturales o artificiales de luz en un mundo-escenario creado en el estudio o en el campo, pero donde los retratos capturen un estado de ánimo que cree una atmósfera tal que caracteriza su estilo personal.

Y, lo más importante: para Le Grand, cualquiera que sea el enfoque, el aspirante a fotógrafo deberá tratar de dominar el arte de comunicarse con la persona fotografiada para revelar, a través de esa comunicación binaria, la verdadera personalidad del sujeto a fotografiar, justo, de nuevo, en ese momento en que la persona se libera de toda constricción y se muestra cual es. Exactamente lo que intenta conseguir en cada uno de sus retratos: mostrar el alma de su retratado.