Festivales de nivel

ALICIA GIMÉNEZ BARTLETT

Hay festivales de Literatura por todos lados. Comenzó el fenómeno hace años, con discreción y éxito moderado, pero la cosa se ha ido extendiendo por Europa hasta formar una red continental. Los hay de muchos tipos en cuestión temática, pero abundan más los de novela negra y los generalistas. ¿Cómo nace un festival? Parecería lógico pensar que las instituciones culturales de un municipio se ponen de acuerdo para ponerlo en marcha a fin de promocionar el pueblo del que se trate, o la ciudad. Pero resulta que la mayor parte de las veces no es así y todo arranca de la iniciativa particular de uno o varios aficionados a la literatura que luchan para implicar a los poderes públicos y privados (bancos, fundaciones etc.) con el objetivo de obtener financiación. Vale, hasta ahí todo queda claro. Sin embargo, existen entre todos los festivales pronunciadas diferencias de nivel. Los hay florecientes e importantísimos y otros que nunca consiguen arrancar con la fuerza necesaria como para trascender. Incluso los hay cutres a morir. En mi ya larga trayectoria los he visitado de todas las categorías. El más cutre fue uno en el que me premiaron con un sombrero Borsalino que nunca llegó a mis manos ni aun reclamándolo. Supongo que guardan el mismo cada año y se lo prometen al ganador de turno. Acabo de volver del festival de Mantua, que es una auténtica joya dentro del ránking internacional. La cantidad y calidad de autores que participan es ingente, e ingentísimo el número de personas que asisten como espectadores. Hay colas para oír la ‘actuación’ de un escritor, colas para las firmas de libros, encuentros autor-lector de todos los tamaños: salas pequeñas para literatos principiantes (que también tienen su público) y enormes espacios para los más consagrados o populares. Es un gozo visitar en esas fechas la ciudad (bellísima, por cierto), llena hasta los topes de ‘festivaleros’. Como amante de los libros una recupera la fe en la Humanidad y colige que no todo está perdido.

¿Cómo consiguió Mantua destacarse de los demás? Creo que me he hecho una idea bastante afinada. El milagro, aparte de la ayuda oficial, se hizo posible gracias a la confabulación de la ciudad entera. Empezó pequeño y creció en buena parte por la voluntad de la gente: los comerciantes, vendan lo que vendan, llenan sus escaparates de libros, la calle está plagada de carteles, los restaurantes ofrecen descuentos a los que tienen ticket para un acto, el grupo de voluntarios forma un ejército… Todo el pueblo empuja en una dirección: los libros. ¡Qué hermoso! ¡Y qué envidia como española, de verdad!

 

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