Artes plásticas

El extravío de Camille

Retrato de la escultora Camille Claudel. /
Retrato de la escultora Camille Claudel.

Fue una gran escultora y su obra se puede comparar con la de su amante Rodin, un genio déspota que ayudó a ocultar su trabajo

DANIEL REBOREDO

Las mujeres han estado supuestamente ausentes en la Historia de la humanidad y en mucha mayor medida en los ámbitos de la ciencia y de la cultura. Los obstáculos para desarrollar sus capacidades e intereses y el hecho de que las que consiguieron sobresalir fueron ninguneadas y olvidadas por libros y enciclopedias las ha colocado en una posición residual. En el mundo de la Historia del Arte ocurre lo mismo y, aunque nos sorprenda, el siglo XIX fue un paradigma del veto a la independencia creadora de la mujer a causa de la moral burguesa reinante que relegó al género femenino a una condición doméstica casi exclusiva y que marcó un canon masculino en las primeras publicaciones dedicadas al Arte. A pesar de esta discriminación, incrementada cuando se crearon los grandes museos europeos, en el misógino siglo XIX hay nombres propios reconocibles e imprescindibles, como las impresionistas Berthe Morisot, Mary Cassat y Marie Bracquemond y, sobre todo, la escultora maldita Camille Claudel.

Camille, la ignorada. Camille, la menospreciada. Camille, la olvidada. Camille, la desdeñada pese a su talento. Camille, la joven impulsiva apasionada por la escultura y por un hombre, Auguste Rodin. Camille, la enterrada en vida por la incomprensión de su amante. Camille, la que se consumió durante treinta años en los sanatorios mentales de Ville-Évrard, Enghien y Montdevergues (Aviñón) hasta la muerte, después de que su madre Louise Cerveaux y su hermano, el poeta y embajador Paul Claudel, la internaran a la fuerza cuando murió su padre y protector Louis Prosper.

Nacida en 1864, en Fère-en-Tardenois (Picardía), se traslada a París en 1881 con su madre y hermanos y desde muy joven comienza a realizar esculturas, como la de su hermano, que tituló 'Paul Claudel a los trece años'.

Sus aspiraciones chocaron con las condiciones de su entorno, la soledad y el aislamiento

Aunque ella no lo supiera, en 1883 se torció su suerte y se definió su destino cuando Auguste Rodin comenzó a dar clases al grupo de amigas del que formaba parte. Deslumbrado por su belleza, no cejó hasta que la sedujo. Con veinte años empezó a trabajar como ayudante y modelo en el taller del escultor, sus inquietudes se mezclaron, el escultor francés dejó que Camille participara en algunas de sus obras y él aprovechó para firmar algunas esculturas de Camille como si fueran suyas. Cuentan ya con una relación profunda enmarcada por los celos y por la frustración de que Rodin no cumpliera nunca el compromiso de casarse con ella y abandonar a Rose Beuret con la que vivía desde hacía más de veinte años y con quien acabaría casándose en 1917. Aunque Camille fue admitida en 1893 como miembro en la Sociedad Nacional de Bellas Artes y recibe encargos del Estado francés ('La edad madura', 'Clotho') la ruptura entre ambos es ya una realidad. Después de diez años parece que hubo una reconciliación pero fue un hecho efímero que se rompió definitivamente en 1898 mientras seguía trabajando y considerando a Rodin como un monstruo a pesar de que este le hacía llegar mensualmente sumas de dinero o le pagaba el alquiler. Ha entrado ya en la etapa de aislamiento mientras que su amante alcanza el cénit de su carrera y es admirado por todos. El desequilibrio y las crisis nerviosas la llevan a destruir las obras que crea. Son años difíciles, de soledad, de tristeza que se acrecentarán con su internamiento y el aislamiento absoluto al que se la somete por deseo expreso de su familia. Mientras tanto, el avasallador Rodin muere en 1917 sin haber ido nunca a visitarla.

La belleza y el talento de la obra artística de Camille se vieron siempre ensombrecidos por la tormentosa relación que mantuvo con el ya grande de la escultura universal. Un amor enfermizo en el que este no supo entender nunca los profundos sentimientos de una mujer que habría dado su existencia por él, o los entendió perfectamente y se aprovechó de ellos, de su modernidad, de su talento creador, de su originalidad temática y de la expresión desmedida de sus obras. Aunque Camille estuvo a su altura y creó esculturas deslumbrantes ('Mujer en cuclillas', 1885; 'El hombre inclinado', 1886; 'El abandono', 1886; 'La edad madura', 1890; 'El vals', 1889-1893; 'La fortuna', 1900; 'La sirena', 1905; etc.), siempre se la minusvaloró e incluso muchos consideraron que Rodin fue el verdadero autor de su obra. El egoísmo del 'maestro' no solo le hizo apropiarse de lo que era de Camille, sino que nunca desmintió la consideración de que solo era una mera imitadora y plagiadora.

Camille Claudel fue la mejor escultora de su tiempo, pero tuvo la desgracia de nacer en un momento histórico en el que a las mujeres se las educaba para el ámbito familiar. De ahí que sus aspiraciones chocaran con las condiciones de su entorno, con el aislamiento y la soledad. Fue una mujer solitaria que vivió como quería. Amó a quien quiso y decidió ser artista y esculpir en barro y bronce a la altura de las exigencias de la época. En su vida se mezclaron el talento con el amor y la locura con el arte y alcanzó una dimensión artística y creativa que nada tuvo que envidiar al genio arrollador y déspota de su maestro. Pero el enemigo era muy fuerte y por eso se hundió en la desesperación al no poder mejorar su condición social y sus derechos; al no contar con apoyos ni en su mundo personal ni en el artístico; al no encontrar a nadie que confiara en ella y en su valía y, fundamentalmente, al recoger descalificaciones y desprecios sin reconocimiento alguno.

El extravío de Camille fue el de todas aquellas mujeres, artistas o no, que se salieron de la norma y que por ello tuvieron que luchar contra la incomprensión de la sociedad de su tiempo y padecer su venganza. Venganza que destrozó su vida y también la obra que nunca pudo realizar.

 

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