Escenarios de ayer y de hoy

Explotación a cielo abierto

La mina ya no está. Imagen del apartadero en la mina Orconera, a comienzos del s XX./
La mina ya no está. Imagen del apartadero en la mina Orconera, a comienzos del s XX.

En 1903 Blasco Ibáñez retrató en 'El intruso' las durísimas condiciones de vida de los mineros que hicieron posible la industrialización vizcaína

IRATXE BERNAL

Cuando en 1903 Vicente Blasco Ibáñez supo que en el Bilbao católicos y anticapitalistas habían acabado a pedradas en la festividad de la virgen de Begoña no dudó en plantarse en la Villa para animar a los segundos. Literariamente, al menos. Sin embargo, pronto entendió que la novela no estaba tanto en el Ensanche que estaban levantando los nuevos burgueses como en la margen izquierda, donde malvivía la mano de obra que aupaba tanto éxito empresarial. El resultado de aquella visita es 'El intruso', obra publicada al año siguiente como un duro retrato de las consecuencias sociales de la industrialización.

El mismo lugar ahora.
El mismo lugar ahora. / fernando gómez

El autor descubrío en Gallarta cómo era la explotación a cielo abierto de los recursos mineros. La de las vetas, por un lado, y la de los mineros, por otro. Y lo reflejó dando el protagonismo de la novela a la única persona que se codea con ricos y pobres; un doctor de buena familia inspirado en Enrique Areilza, director de los hospitales mineros de Triano, La Arboleda y Galdames.

De su mano, con las colinas de escoria roja creadas «espuerta sobre espuerta» de fondo, Blasco Ibáñez recorre los barracones de Labarga, las cantinas de «la cuesta empinada y pedregosa» que era «la calle principal», los chalets «a las afueras» de los capataces y hasta la nueva iglesia que el párroco ha dedicado a San Antonio. «No podía ser otro. Es el patrón de las bestias y aquí en Gallarta hay tanto buey».