Artes plásticas

Esplendor de la fealdad

La artista y algunas de las imágenes que ha tomado de sí misma en distintos papeles./
La artista y algunas de las imágenes que ha tomado de sí misma en distintos papeles.

Cindy Sherman explora mediante 'selfies' los iconos asignados a la mujer en la cultura occidental

BEGOÑA RODRÍGUEZ

Durante 40 años, Cindy Sherman, el gran camaleón de nuestro tiempo, ha creado más de 500 fotografías y casi la misma cantidad de personajes distintos en cada una de ellas, con el objetivo de realizar una irónica investigación sobre el tipo femenino americano y su iconografía. Ahora, y enfrentándose al paso de la edad y sus consecuencias, la fotógrafa estadounidense está dedicando los últimos años de su obra a retratar en selfies que sube a Instagram lo que podríamos denominar como «el esplendor de la fealdad».

El primer pensamiento sobre el arte parece que tuviera que conducirnos inexorablemente a dos ideas: un fin principal, la belleza, y un objetivo claro, agradar al espectador. Pero su antónimo, la fealdad, ha sido, curiosamente también, una constante. Umberto Eco hace en 'Historia de la fealdad' un exhaustivo recorrido por las diferentes imágenes y plantea la incongruencia que tienen ambos términos –bello vs feo– tanto a nivel temporal –a menudo, lo que hoy es feo, ayer fue bello y viceversa– como cultural, que determina en gran medida los estándares de belleza. Pero esa fealdad retratada tan a menudo en el arte, no solo puede ser bella, sino reivindicativa y gloriosa, liberadora y llena de esperanza.

Este parece ser el camino que Cindy Sherman está tomando en la actualidad. Con sus fotos de mujeres de su edad –ya en la mitad de los sesenta….–, Sherman ha vuelto a una ternura que no se ha visto en su trabajo durante las últimas décadas. Ella describe esas imágenes como «las cosas más sinceras que he hecho, que no están llenas de ironía, caricatura…». Quizá la serenidad de llegar a las puertas de la vejez la esté llevando a subrayar lo que realmente es válido y perdurable: el ser humano en su esencia.

A los 65 años, sus fotografías se enfrentan a lo que significa envejecer para una mujer

Años de trabajo

Antes de alcanzar esta nueva etapa creativa, y como señala Blake Gopkin, Sherman había usado su cámara durante más de 40 años para capturarse a sí misma interpretando diferentes papeles icónicos que la cultura occidental ha atribuido a las mujeres. Pero en sus últimos trabajos, y tras tomarse un tiempo sin editar y obligada a lidiar con «problemas de salud y el paso del tiempo», las fotografías-selfies de Sherman se ha vuelto más explícitas que nunca sobre la propia autora, convirtiéndose en imágenes que confrontan lo que el envejecimiento significa para una mujer. Flirteando con sus 65 años, ella se contempla ahora como una sobreviviente «y puedes ver algo del dolor ahí dentro», pero lo bueno es que ella siempre está «mirando hacia adelante y avanzando». Viendo su producción como un conjunto, se observa una identidad cambiante que puede reflejar la situación real de una sola persona: una persona solitaria que intenta encontrar su lugar en el mundo, primero, y luego en un mundo artístico «que no tenía un papel obvio para ella», como resume Gopnik.

Es así como, y a pesar de que dice odiar los selfies («¡tan vulgares!»), Sherman se ha trasladado desde hace tiempo a Instagram, donde sube imágenes totalmente diferentes a las creadas hasta ahora. Sus fotografías siempre habían tenido una narrativa sólida, esa capacidad de sugerir una psicología completa o un argumento en un solo detalle; por ejemplo, la forma en que una mujer duda en una puerta, como en un retrato de 'Untitled Film Stills', con medias blancas y gafas oscuras, apenas colgando sobre su copa de Martini y mirando al espectador con alarma. Sin embargo, con la serie de Instagram, Sherman no está hablando de arquetipos reconocibles. Sus nuevos autorretratos simulados son de personas comunes, aunque caracterizados de manera caricaturesca. Son algunos de los primeros protagonistas puros del trabajo de Sherman: «Estas mujeres no son metáforas, no esperan ser representadas, rescatadas o destruidas», comenta Parul Sehgal. Ellas mismos son gloriosas, catastróficamente gloriosas. «Quiero comenzar a jugar y veremos a dónde voy». Ahora, simplemente, sabe que está cansada de las fotos que ha estado haciendo durante tanto tiempo: «Cuando empecé esta serie, pensé 'Dios, esta es la última vez que hago esto'. Estoy tan harta… ¿cómo puedo intentar cambiar mucho más?» Pues bien, la gran sorpresa en su trabajo reciente es que ella ha hecho un esfuerzo menor para hacerlo... y, aun así, lo ha conseguido.

El disfraz

Sherman está irremediablemente unida al disfraz. Nació como Cynthia, pero aún conserva el apodo de su infancia, Cindy que, con su connotación de niña estadounidense, sin culpas, le sienta mejor. «La chica más bonita de cualquier barrio». Calvin Tomkins escribió sobre ella en un perfil de la 'New Yorker 2000' cuando Sherman tenía 46 años. Rostro fresco y amigable, suave y complaciente en persona, derrocha ferocidad en su trabajo. Esta división en ella se pronuncia y se remonta, según Sehgal, a su infancia. La última de cinco hijos –su hermano más cercano en edad era nueve años mayor–, Sherman creció sintiéndose como una intrusa. «No era que no les gustara, pero llegué muy tarde y ellos ya eran una familia», dijo a 'The Guardian' en 2011. «Me sentía como la rezagada que corría tras ellos, diciendo: 'Oye, ¿te acuerdas de mí?'», dijo en una ocasión.

Y estas son también las fotografías de rebeliones sutiles: la primera es la demanda, de mujeres de cierta edad, para ser notadas, admiradas. «¿O lo tengo al revés? Cuanto más miro estas fotografías, menos segura estoy de ellas. ¿Estas mujeres insisten en ser vistas o se están burlando de nosotros, jugando maliciosamente por los temores de la fealdad femenina, de ser viejas y absurdas o simplemente invisibles?» Por un lado, expresa su solidaridad: «Así es como se ven las mujeres de 59 años de edad que no han tenido trabajo realizado. ¿Lo entiendes?» Por otro lado, Sherman todavía lamenta hacerse mayor, la forma en que «todo se desmorona a los 60».

Vladimir Nabokov se fascinaba ante las mariposas tan creativamente exuberantes que al enmascararse como hojas imitaban los pequeños agujeros masticados por larvas. ¿Qué depredador podría apreciar semejante sutileza? Esto era arte, dijo: «La naturaleza jugando un juego de intrincados encantamientos y decepciones», de intrincados encantamientos y decepciones… Y así es la obra de Cindy Sherman, no solo una fotografía, no solo un selfie, sino su historia completa detrás de cada una de sus fotos, aunque ella se resista a descifrar el significado de su trabajo.