Los dinosaurios que no lo eran

Los dinosaurios que no lo eran

Desde mamíferos hasta diversos reptiles, como tortugas, serpientes y cocodrilos, son confundidos a menudo con estos 'lagartos terribles', con los que convivieron

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ

Los dinosaurios se apoderaron de la imaginación popular desde que, en 1842, el británico Richard Owen anunció que esos fósiles conocidos durante tanto tiempo pertenecían a todo un nuevo tipo de animales que tenían en común rasgos que no compartían con ningún otro grupo zoológico. A ese grupo Owen lo llamó los 'lagartos terribles' que es el significado de 'dinosaurio'.

Las rápidas reconstrucciones que hizo Owen a partir de los esqueletos y que aún pueden verse en el parque Crystal Palace en el sur de Londres eran imprecisas y torpes, pero dieron la primera imagen de enormes reptiles que evocaban a los dragones (muchos fósiles hallados en China fueron considerados huesos de dragones… o quizá la leyenda de los dragones nació como explicación a esos hallazgos inquietantes).

Este grupo de reptiles apareció en nuestro planeta hace unos 237 millones de años y, como sabe cualquier niño aficionado a ellos, fueron el grupo dominante en el planeta hasta que un acontecimiento hace 66 millones de años acabó con la mayoría de ellos, excepto por los dinosaurios aviares, los actuales pájaros o aves.

Pero que los dinosaurios fueran dominantes no significa que no convivieran con muchos tipos de animales, desde los mamíferos, que aparecieron poco después, hace 225 millones de años, hasta diversos reptiles, como tortugas, serpientes y cocodrilos, y otros reptiles que con frecuencia consideramos, equivocadamente, como dinosaurios.

Pensemos, por ejemplo, en los ictiosaurios, palabra que significa 'pez reptil'. Aunque externamente parecen peces, no lo son. Se trata de reptiles a los que las presiones de la evolución llevaron a adaptarse al medio marino, asumiendo la forma y aletas que permiten mejor el desplazamiento en el agua. Así como ballenas y delfines son mamíferos que se han adaptado a la vida en el agua y, por tanto, tienen similitudes de aspecto con los peces, los ictiosaurios fueron reptiles que pasaron por el mismo proceso y mientras –por decirlo así– los dinosaurios reinaban en la tierra, los ictiosaurios eran el grupo dominante en los mares.

Estos animales eran feroces depredadores con algunas especies que podían alcanzar hasta los 16 metros de longitud, pero, al igual que los delfines y ballenas, no podían respirar el oxígeno del agua, así que tenían que salir a la superficie a respirar aire. Sus muchas especies, pertenecientes al menos a los 50 géneros identificados hasta hoy, estaban presentes en todos los océanos hasta que fueron desplazados por otro tipo de reptiles que tampoco eran dinosaurios, los plesiosaurios.

Por mar, aire y tierra

De ancho cuerpo y extremidades convertidas en aletas –a veces, no siempre, con larguísimos cuellos– dominan la representación del grupo. Todos eran depredadores, que se movían ágilmente por el agua y que vivieron hasta hace 66 millones de años, cuando fueron víctimas del mismo evento que acabó con la mayoría de los dinosaurios.

Pero así como los ictiosaurios y plesiosaurios dominaban las aguas marinas, otros animales dominaban el aire. Porque los dinosaurios eran animales terrestres, exclusivamente. Esto significa que no existían dinosaurios marinos pero tampoco existían dinosaurios voladores. Al menos hasta que aparecieron las aves.

Los animales voladores en los que pensamos cuando tratamos de imaginarnos un paisaje jurásico son los pterosaurios, palabra que significa, simplemente, 'reptil con alas'. El más icónico quizá, el que más aparece como juguete de plástico, es un miembro del grupo de los pteranodon, antes llamados 'pteranodontes', un genus con multitud de especies de diversos tamaños. El más pequeño encontrado hasta ahora es el anurognathidae, con apenas 9 centímetros de longitud. El mayor es el más conocido por su distintiva cresta ósea en forma de hoz curvada hacia atrás cuya función es todavía un misterio para los paleontólogos y majestuosas alas que alcanzaban una envergadura de hasta 6 metros. Compárese esto con los 3 metros de envergadura del cóndor sudamericano o los 3,5 metros del albatros errante. Y aún esas medidas palidecen ante el mayor pterosaurio descubierto hasta ahora, el Quetzalcoatlus northropi con alas de hasta 13 metros de envergadura.

Brazos adaptados

Las alas de los pterosaurios, como las del murciélago, carecen de plumas y son adaptaciones de sus brazos y manos, en particular del cuarto dedo de las extremidades delanteras, con una membrana que va de ellos al cuerpo del animal. Fue por ello que el primer naturalista que propuso que los animales de los que procedían los fósiles que estudió podían volar, el francés Georges Cuvier, los bautizó con el hoy abandonado nombre de 'pterodáctilos', literalmente 'alas en los dedos'. A falta de plumas, sin embargo, algunos pterosaurios estaban recubiertos de una especie de pelaje formado por unas estructuras primitivas llamadas picnofibras. En total se han descrito 160 géneros de pterosaurios, con miles de especies que vivieron y se sucedieron unas a otras desde hace 228 millones de años hasta hace, también, 66 millones.

Otro animal que sufre con frecuencia de identidad confundida es el dimetrodon, reptil famoso por llevar en la espalda una especie de vela formada por grandes espinas unidas por una membrana y cuya función, también, es un misterio. El dimetrodon es uno de muchos miembros de un grupo que es incluso más antiguo que los dinosaurios, el de los sinápsidos, que aparecieron hace unos 312 millones de años y que incluyen a la especie que, eventualmente, daría origen a los mamíferos, ya que en este grupo fue en el que aparecieron las características que distinguen a nuestra clase de animales, con pelaje, una piel gruesa con glándulas que cumplen diversas funciones y, por supuesto, las glándulas mamarias.

El dominio de los sinápsidos fue breve en términos geológicos, ya que eventualmente fueron desplazados por los dinosaurios, al menos durante un tiempo. Porque a diferencia de otros grupos, los sinápsidos no se extinguieron, sino que un grupo de ellos prosperó, los mamíferos, que hoy incluyen a más de 5.500 especies entre las cuales nos contamos, por supuesto, nosotros mismos, que tampoco somos dinosaurios, aunque los tengamos tan cerca de nuestras fantasías e interés.

 

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