Las crónicas visuales de Kepa Garraza
'The New Order'. ·
La Universidad de Salamanca organiza la primera retrospectiva del pintor vizcaíno, que aborda con realismo la representación del poderEl poder, su representación y la geopolítica inspiran el trabajo de Kepa Garraza (Berango, 1979). Durante las dos últimas décadas, el artista vasco ha abordado ... la construcción y evolución de ese imaginario y la violencia larvada que habitualmente lleva consigo. Sus lienzos, de una sorprendente verosimilitud figurativa, presentan recursos narrativos como la utopía o la ucronía para exponer escenarios perfectamente plausibles. Esa trayectoria creativa, estructurada mediante series cerradas, se sintetiza en 'The New World Order', su primera retrospectiva, recientemente inaugurada en la Universidad de Salamanca.
Las cuarenta obras seleccionadas hablan de un concepto acuñado por el presidente George Bush padre. «Era el orden que se planteaba tras la caída del imperio soviético y en el que parecía que Estados Unidos iba a ser el dominador global de una etapa en el planeta de paz y conciliación», explica el autor. «Ese planteamiento se vino abajo con el 11-S, aunque, desde entonces, se ha repetido constantemente, incluso por agentes antagónicos como Rusia y China, y ahora Trump ha vuelto a utilizar la expresión».
El artista reconoce que le gusta contar historias. «Me interesan las crónicas visuales», confiesa, que unas veces se relacionan directamente con la realidad y otras se basan en la ficción. «La historia es una de mis grandes pasiones y esa predilección vertebra mi relato. Me gusta establecer nexos y contraponer actualidad y pasado para demostrar al espectador que en la propaganda y la representación del poder ya está todo inventado desde hace 2.000 años».
La escala, la perspectiva y la monumentalidad, sobre todo en su último proyecto, son algunas de las herramientas que utiliza. «Empleo las mismas que usa el poder cuando se representa a sí mismo, pero intento colocarme a una prudente distancia y no resultar dogmático», apunta. La pintura y el realismo han sido siempre sus vehículos creativos. «Porque me di cuenta de que eran dos vehículos muy eficaces que servían para trasmitir el mensaje que quería hacer llegar», aduce y admite que su singular apuesta le ha proporcionado cierta sensación de ser una rara avis desde su periodo de formación. «Nunca tuve influencia de un profesor ni formé parte de un colectivo de artistas similares en cuanto al lenguaje y el discurso», explica. «Eso también me marcó, y, además, mi carácter, bastante solitario y hermético, influyó en mi devenir y en la búsqueda de una iconografía muy personal».
Artistas figurativos
Su propuesta también le ha otorgado cierta condición de disidente dentro de la escena local del arte. «Mi generación ha evidenciado la pluralidad de discursos y forma de hacer, algo que, sin embargo, no se ha reflejado en el ámbito institucional que, claramente, va por detrás de la realidad», lamenta. «Los pintores figurativos de la Universidad del País Vasco, y algunos escultores y fotógrafos, no hemos encajado en las dinámicas de representación oficiales», indica. «Aquí hay unas líneas ideológicas y estéticas muy marcadas que establecen un discurso y hay mucha gente que no encajamos. Poco a poco, esa pluralidad de lenguajes está permeando el ámbito institucional y se están deshaciendo esas camarillas tan anacrónicas».
Esa marginalidad no ha impedido una notable proyección nacional e internacional, acceder a colecciones como las del Artium, la Comunidad de Madrid o el Patio Herreriano, y convertirse en un habitual de la Feria ARCO. «Siempre he tenido el apoyo de la empresa privada y he contado con galería en Bilbao».
Pero, ¿el mercado no fagocita incluso las iniciativas más radicales? «Es lo que rige al individuo y vertebra la realidad hasta unos límites inauditos», concede. «Revela la intrascendencia del ejercicio de la crítica, pero también su necesidad. Es una especie de sinsentido. La salud del capitalismo está a prueba de bombas y hemos llegado a la conclusión de que es el más natural de los sistemas, aunque quizás acabe devorándolo todo».
La ambición aparece inextricablemente unida al poder y, en opinión del autor, ahora resulta aún más protagonista de la política. «Ahora asistimos a un ejercicio sin límites, algo que hace tan sólo una década nos habría espantado», indica. «El poder manifiesta su verdadera naturaleza cuando no hay un proceso de contestación ciudadana», advierte. «Vivimos momentos favorables a los tiranos y demagogos porque se lo estamos permitiendo, en realidad ellos reflejan cómo somos en sociedad y nuestro grado de responsabilidad».
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