La mirada

Colón, Jimi y los imperios

Colón, Jimi y los imperios

JESÚS DEL CAMPO

Ha habido polémica por una estatua de Colón y se celebran los cincuenta años del disco 'Electric Ladyland' de Jimi Hendrix. Respecto a lo primero, llama la atención el debate sobre Colón y los genocidios que, en suma, vendría a ser una evaluación actualizada de la crueldad como azote histórico. Suelen los expertos recomendar que no se juzguen las conductas de hace quinientos años con la perspectiva del siglo XXI: hacen bien. Pero al margen de cuántos monumentos sobrevivirían si nos ponemos a derribar piedras que conmemoren crueldades, lo curioso es esa sensación de que ahora sí, ahora tenemos la gran suerte de haber alcanzado el discernimiento definitivo. No está claro si debemos juzgar, vale, pero poder sí que podríamos porque, faltaría más, en este joven milenio ya está todo legislado. ¿No es curioso? Es como si se diera por hecho que las estatuas que nosotros levantemos no serán revisables en el futuro. Desde esa certidumbre tan reconfortante, la sociedad contemporánea lo tiene claro todo: la saludable fragilidad de los modales parlamentarios, la remuneración de las estrellas del 'show business' –en esto, la ciudad que ya no tiene estatua de Colón marca tendencia: para justicia social, la de Hollywood– o la verdad absoluta del lenguaje inclusivo en el que fray Tomás de Torquemada ya hizo sus pinitos en su día al mandar a «todos y cualesquier judíos y judías» abandonar la diócesis de Gerona. Fue la primera orden de expulsión que luego se generalizó. Siglos más tarde, Goebbels y Hitler también marcaron tendencia al saludar a su público con lo que podría –«volksgenossen und genossinnen»– traducirse como compañeros y compañeras de pueblo. Nihil novum, ciertamente.

Efemérides discográficas como la de 'Electric Ladyland' contienen un sutil reproche cultural; no es seguro que, en cuestión de música, estemos mejor que en el 68. Y de alguna forma, esos recordatorios tienen también un punto de desasosiego. Vienen a decir que, caso de que Occidente pierda un día su fuerza y quede tan desmantelado como lo acaba de ser la estatua angelina de Colón, pudiera ser que Hendrix y un buen puñado de numantinos del rock se convirtieran en iconos sagrados de una cultura perdida. En fin, no se imagina uno a King Kong trepando por un rascacielos de Shanghái con Fay Wray de la mano. Cambian los imperios. Déjenme añadir otra efemérides imperial: hace 1950 años y medio supo Galba, en la ciudad de Clunia –que les recomiendo visitar, y está cerca– que era el nuevo emperador de Roma tras la muerte de Nerón. Suetonio pone a caldo a los dos: otra historia.

 

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