Lecturas

La ciudad a contracorriente

Sede del Centro Botín./andrés fernández
Sede del Centro Botín. / andrés fernández

La escena galerística santanderina es muy dinámica y su ambición contrasta con las dimensiones de la ciudad

Gerardo Elorriaga
GERARDO ELORRIAGA

Bilbao y Santander parecen dos ciudades muy diferentes entre sí, aunque, curiosamente, ambas comparten una vocación cultural que se despliega tanto en el ámbito académico como el musical o la plástica. Quizás, para algunos, la comparación se antoje similar a la de David y Goliat. La capital vizcaína dobla en población a la cántabra, cuya renta media per cápita, además, solo es el 67% de la que tiene la Villa. Pero la honda del pequeño rey golpea a esta en plena frente, justo en esa aspiración de situarse como la referencia artística en el norte del país. El circuito comercial santanderino cuenta con similar número de firmas, mayor presencia en ARCO y un optimismo imposible de encontrar en Bilbao, por no hablar del resto de capitales vascas. Además, este año, Santander se ha convertido en sede oficial de PHotoEspaña, aspiración de algunos marchantes locales que ni está en la agenda pública vasca ni se la espera.

La efervescencia galerística en torno al Paseo de Pereda podría achacarse al peso de una población flotante, sobre todo madrileña, de importante poder adquisitivo. Nada más lejos de su realidad histórica. «Aquí ha habido mucha relación con el arte contemporáneo, incluso desde el XIX, gracias a una burguesía que resulta bastante moderna para lo clásica que aparenta ser», explica Juan Silió, propietario de una de las firmas más importantes.

Manuel Arce es el nombre que todos los interpelados esgrimen al explicar esa tradición. Él fundó la librería y galería de arte Sur en 1952, cuando aún el país penaba el racionamiento, y tras su clausura en 1994, fue objeto de un homenaje por el Museo Reina Sofía. Su trayectoria está cuajada de nombres esenciales. El marchante, fallecido hace un año, celebró la segunda exposición de Antoni Tàpies, y exhibió la obra de Pablo Picasso, Joan Miró, Marc Chagall o Giorgio Morandi. «Es la razón de que en muchas salas de estar de esta ciudad haya lienzos de María Blanchard», asegura Juan Riancho, responsable de Siboney, otra entidad veterana del panorama local, y director de la Feria Artesantander.

«No puedes esperar a que los suizos lleguen por sí solos, pero si los invitan, vienen»

Los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo son otro de los factores que explican ese temprano vínculo que aún permanece. El poder mediático también ha supuesto revulsivo determinante. «Hubo una generación de artistas locales como Eduardo Sanz o Manuel Gómez Raba, que gozó de gran proyección internacional y llegó a participar en las bienales de Sao Paulo o Venecia, y ese eco llegó a la ciudad. El eco mediático influyó en el incremento del interés».

La cercanía impulsó una demanda comercial. «Aquí, la gente entraba a las salas y se creó un mercado», alega. Seis de los cien coleccionistas más importantes del país proceden de esta comunidad autónoma. «Fernando Fernández, el propietario de la fábrica de sobaos El Macho, y Jaime Sordo, entre otros, representan una versión diferente de esta afición porque no se ocultan, como muchos otros, al contrario, son militantes del arte».

Archivo De la Fuente, en el Palacete.
Archivo De la Fuente, en el Palacete. / roberto ruiz

Una ciudad que resiste

Las galerías santanderinas consiguieron un prestigio nacional y su cénit llegó en 2009, cuando acudieron cuatro representantes en la Feria ARCO. En la última edición fueron seleccionadas dos, mientras que el País Vasco tan solo aportó una. ¿Y el peso del turismo? «No lo podemos negar: cuando es fiesta en la capital, Santander se colapsa». Pero Madrid también es un canto de sirena del que resulta difícil escapar. «La foto fija de la catástrofe que ha sufrido el circuito español es la concentración de firmas, llegadas de todas partes, en la calle Doctor Fourquet», lamenta.

La esperanza vive arriba, junto al Cantábrico. Como la aldea de Astérix y Obélix, la pequeña ciudad resiste la embestida con estadísticas contundentes. No se han producido cierres y partidas, tal y como ha sucedido en Pamplona, Murcia o Santiago de Compostela, y los residentes se han organizado. Siete profesionales constituyen una asociación gremial, otra de las aspiraciones no satisfechas de sus colegas vascos. «Es absurdo trabajar por separado», aduce y apunta que las instituciones prefieren trabajar con una cabeza visible. «Hemos luchado por cuestiones tan esenciales como que no haya ayudas regladas porque la posibilidad de que alguien se favorezca porque tiene a mano un consejero es, sencillamente, detestable. También hemos conseguido apoyo para acudir a ferias, y extendemos estas ventajas a todos, incluidos los recién llegados. Asimismo, hacemos una labor de acompañamiento y promoción de los jóvenes valores».

La Feria Internacional de Arte Contemporáneo Artesantander ha cumplido 28 ediciones, tan solo cuatro menos que ARCO y este año se celebrará entre el 13 y 17 de julio. «Funciona bien, es gratuita y solo abre por las tardes. La gente viene como un rito de fin de temporada, sale contenta y algo se vende. Acuden grandes nombres como Espacio Mínimo o Moisés Pérez de Albéniz», explica Juan Silió.

El verano, a diferencia de Bilbao, constituye el culmen de la temporada. «Son tres meses muy potentes. Santander, entonces, vende cultura y hay un efecto transversal, el público que acude al Festival Internacional de Música también acude a las galerías». Pero la actividad no cesa durante el resto del año. La agenda de las firmas privadas puede incluir entre 70 y 80 exposiciones. A ese número hay que sumar su inclusión dentro de PhotoEspaña desde esta edición, recién inaugurada. Silió ha sido el responsable de que Santander se haya convertido en una de las sedes del festival. Su iniciativa pretendía ser una adhesión particular, pero el festival demandó el compromiso de todos los agentes culturales y la respuesta fue unánime. «Aquí todo es relativamente fácil», admite.

Un de las sedes de la UIMP.
Un de las sedes de la UIMP. / javier cotera

Buena disposición

Esa buena disposición se reveló, por ejemplo, poco antes de la crisis, cuando el Gobierno regional, en manos del Partido Popular anunció que dejaría de realizar su desembolso anual de 300.000 euros en ARCO y reunió a los galeristas para conocer sus necesidades. «Fue como una carta a los Reyes Magos», recuerda. «Se nos dio lo que solicitábamos, con la aprobación del resto de las formaciones políticas. La recesión nos vino bien. Ahora nos piden desde otras autonomías el BO de Cantabria para copiar la fórmula», revela y afirma que reciben una media de 5.000 euros, fundamentales para la promoción del arte. «Somos conscientes de que constituimos la envidia nacional».

Quizá pueda interpretarse que las ambiciones de una galería cántabra se hallan en consonancia con las reducidas dimensiones de su Comunidad y que esta modestia explica su permanencia. No es así. La entidad de Silió acude a ocho ferias en España, dos en Europa y cuatro en América, y en su relación de artistas se encuentran autores locales emergentes como Gorka Mohamed, figuras de la talla de Rufo Criado o Joan Fontcuberta y, curiosamente, algunos vascos prestigiosos, caso de Darío Urzay, Carlos Irijalba o Alain Urrutia. «El 60% de las ventas son nacionales», arguye. En los próximos meses, abrirá un espacio en Madrid, aunque mantendrá la sede en Santander.

El efecto Guggenheim apenas ha llegado al circuito privado bilbaíno y la repercusión comercial del Centro Botín también es cuestionable. «Suelen ser instituciones impermeables, pero creo que se puede rentabilizar su presencia», sostiene y aconseja: «No hay que esperar a que los coleccionistas suizos entren por la puerta; si les invitas, vienen». Los profesionales bilbaínos lamentan el escaso interés de los clientes foráneos y la falta de relevo de los nativos. Ahora bien, esta apreciación puede resultar falsa. Tal vez existan y lo que haya sucedido es que busquen otros incentivos más allá de Muskiz. «Tengo muchos clientes vascos, podría dar diez nombres de jóvenes muy potentes».

La irrupción de la galería José de la Fuente hace cinco años también da cuenta de esa vitalidad. Su apuesta se centra en la vanguardia y los creadores internacionales. Su propietario coincide en el relieve de coleccionismo 'doméstico' que ha desembocado en entidades ambiciosas que tienen que ver con el arte y el pensamiento contemporáneo. Atraer al turismo, a su juicio, supone uno de los retos aún pendientes.

Los artistas noveles y la difusión de los valores cántabros es una de las líneas de actuación de Espacio Alexandra, con una década de recorrido. Su planteamiento estético incluye tanto la obra conceptual como figurativa, la abstracción y las nuevas corrientes urbanas. «No podría afirmar tan rotundamente que Santander sea una ciudad tan exitosa para el arte contemporáneo, si bien es cierto que existe un número importante de galerías para las dimensiones que tiene», declara Alexandra García Núñez, su impulsora. «Además, se ha visto incrementada en los últimos años con proyectos que incluyen la actividad expositiva entre sus propuestas con lo que la oferta se plantea más plural y cuantitativamente mayor».

Iker Navarro, artista navarro radicado en la capital vizcaína y comisario de exposiciones en Torre Ariz, ha expuesto recientemente en esta sala y conoce ambas realidades. «Creo que la diferencia fundamental entre Cantabria y el País Vasco es que allí se apoya la difusión y aquí la producción, como si vender no fuera tan importante, y eso es un error», indica. «En Bilbao han surgido espacios de reflexión muy interesantes, pero el circuito comercial se halla en recesión. Me sorprende lo cerca que estamos y la división y el desconocimiento que existe entre las dos comunidades. Sin duda, tenemos que trabajar para crear puentes».