La ciencia de las distancias

La ciencia de las distancias

La teoría de Hall sostiene que la manera en que manejamos nuestro espacio es una forma de decir, sin palabras, cuando alguien es bienvenido o no

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ

Lo sabemos sin haberlo estudiado. Si alguien se nos acerca pasando cierta frontera invisible, nos sentimos incómodos. Si se acerca aún más, la incomodidad crece e incluso puede llevarnos a dar un paso atrás, a alejarnos para recuperar 'nuestro espacio', esa burbuja de seguridad a nuestro alrededor que solo permitimos que franqueen personas que sentimos emocionalmente cercanas: familiares, parejas, enamorados, amigos muy cercanos. Si nos vemos obligados a estar muy cerca de extraños (por ejemplo en un ascensor o en un vagón del metro atestado), utilizamos numerosos trucos para no aumentar las tensiones.

Imagínese que hay espacio en el metro, pero alguien, en lugar de mantener las distancias como las aves en un cable de luz, se acerca más y más a usted y le mira con insistencia. Inevitablemente lo interpretamos como una intrusión, una amenaza. A veces, el espacio nos obliga a estar cerca, pero nuestro instinto es fingir que el otro no está allí. Miramos hacia arriba (útil para quienes ponen publicidad en el metro), vemos el reloj, nos concentramos en el móvil o, si somos de la escuela antigua, en el periódico o un libro. Miramos a la lejanía, nos contamos los dedos para cerciorarnos de que aún tenemos todos los que llevábamos al salir de casa. El que se acerca y nos mira de frente (no de soslayo como solemos hacer, sobre todo cuando pensamos que no nos miran) resulta amenazante. A distancias cortas sólo toleramos a pocas personas.

Fue apenas en 1966 cuando el antropólogo Edward T. Hall (16 de mayo de, 1914 - 20 de julio de 2009) sugirió que esas distancias tenían significado social y de comunicación, observando que no solo varían en función de nuestra cercanía emocional con unas u otras personas y de la situación social en la que estamos, sino que se ven moduladas por nuestra cultura. En su artículo 'Teoría Proxémica' de ese año planteaba sus observaciones y bautizaba a una nueva disciplina dentro del entonces naciente campo de la comunicación no verbal. La palabra proxémica simplemente significa «la ciencia de la proximidad».

El mismo año, presentaba sus observaciones en un libro destinado al público. Porque la forma en que manejamos nuestro espacio, además de establecer nuestra jerarquía de distancias ante quienes nos rodean, es también una forma de decir, sin palabras, cuando alguien es bienvenido o no, lo que se traduce en conceptos como 'zona de confort' o 'espacio personal'. Como señalaba Hall, «la distancia social entre la gente se correlaciona de modo fiable con la distancia física». Así, por ejemplo, la gente puede apiñarse para ver a un personaje célebre, famoso o poderoso, una estrella de cine, de rock o un estadista mundial, pero el personaje siempre tendrá a su disposición un espacio mayor, una burbuja propia, que lo separa de las masas anónimas.

Malentendidos

Pero al ser un fenómeno que depende de la cultura, puede dar lugar a malentendidos tan intensos entre personas de diferentes costumbres como lo pueden ser los verbales o acciones tan aparentemente inocentes como comer con la mano izquierda en culturas donde sólo se permite comer con la derecha.

Por ejemplo, la distancia normal entre dos desconocidos que conversan es de entre 1,5 y 2 metros aproximadamente. Para los estadounidenses, es más cómoda la distancia de 2 metros, mientras que para muchas culturas europeas la distancia aceptable es mucho más corta, de modo que cuando dos personas de estas culturas se conocen y conversan, es posible que el estadounidense sienta constantemente la necesidad de alejarse un poco de su interlocutor, mientras que el europeo busca una distancia cómoda, creándose una especie de persecución.

Estas observaciones tienen implicaciones en muchos aspectos de nuestra vida, por ejemplo al diseñar espacios de trabajo: un oficinista de una cultura puede sentirse incómodo si el espacio que lo separa de sus compañeros es menor que su espacio social. El espacio necesario para que la gente se siente a esperar un tren o el metro, el espacio de una cola o el tamaño incluso de un gabinete en un baño son todos elementos que afectan nuestra percepción y nuestra sensación de control de lo que nos rodea.

Los niveles que definió Hall para el espacio en la comunicación son el espacio social que usamos con gente que conocemos, como compañeros de trabajo, o desconocidos en interacciones como la atención al público, entre 1,2 y 3,5 metros, aproximadamente. Más allá está el espacio público, el que nos separa de una figura pública, como un conferencista, un profesor o un artista que actúa en la calle o el escenario, más de 4 metros. En sentido contrario, el 'espacio personal' es más cercano, el que podemos tener con compañeros de trabajo o conocidos, más o menos entre 50 centímetros y 1,5 metros. Por el contrario, el 'espacio íntimo' de menos de 50 centímetros es una burbuja muy pequeña a nuestro alrededor, ésa que sólo aceptamos que franqueen las personas que nos resultan íntimas y donde se suele producir contacto físico, reservado para familiares y parejas.

Podemos ver también cómo las personas con gran capacidad comunicativa tienen la virtud de entrar en espacios más y más cercanos de lo habitual inspirando confianza en quienes los rodean, independientemente de lo bondadoso de sus intenciones.

La proxémica se puede explorar de manera exhaustiva mediante observaciones y experimentos diseñados para determinar cómo cada persona y cada grupo usan el espacio para expresarse y para interactuar. Y se refiere también al espacio tal como lo usamos con los objetos a nuestro alrededor.

Por ejemplo, cuando nos sentamos a tomar un café con un amigo, la mesa queda dividida implícitamente en dos territorios iguales. Podemos hacer que nuestro amigo se incomode, a veces sin saber por qué, si empezamos a 'invadir' su mitad de la mesa con nuestros objetos personales: el móvil, una pluma, nuestra servilleta…

Algún día, esperamos que pronto, los seres humanos iremos a vivir a otros cuerpos estelares, como Marte. Lo que la proxémica nos permita saber sobre nosotros con sus observaciones y experimentos (entre ellos la vida en espacios limitados como las estaciones en la Antártida o en submarinos y la Estación Espacial Internacional) será esencial para que la vida en esa aventura sea lo más amable y socialmente satisfactoria para todos sus participantes.

 

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