Artes plásticas

El buen ojo de Vasarely

Una de las obras más características de Victor Vasarely, presente en la muestra./
Una de las obras más características de Victor Vasarely, presente en la muestra.

El Pompidou abre sus puertas a una gran retrospectiva del padre del 'arte óptico'

ABRAHAM DE AMÉZAGA

Se ha apuntado que, en su momento profesional álgido, en los años 60 y 70, estuvo a punto de morir de éxito, por la tal saturación de productos de 'merchandising' con algunos de sus motivos reproducidos; por la omnipresencia de su arte. No fueron pocos por entonces los que empezarían a empacharse de su estilo. Era toda una estrella de la esfera artística desde que en 1965 hubiese expuesto en el MoMA neoyorquino. Son muchos, aún hoy, quienes conocen su obra, de formas y colores, y que paradójicamente desconocen su nombre, el de Gyózó Vásárhelyi, en húngaro, y que se diera a conocer al mundo bajo el nombre de Victor Vasarely (Pécs, 1906-París, 1997). El Centro Pompidou, en París, acoge estos días una gran retrospectiva de su obra.

Como tantos otros, Vasarely se trasladó a la capital francesa, que en el período de entreguerras era el centro donde bullían todas las artes. Llegó en 1930, junto a su esposa, quien dará a luz allí pocos años después a sus dos hijos. En Vasarely la Bauhaus, que precisamente este año cumple su centenario, será una base relevante en su formación. Antes, de adolescente, se había adentrado en el terreno del dibujo, asistiendo a clases nocturnas, para pintar desnudos. Más tarde, se interesaría por el diseño gráfico, donde conoce a Klára Spinner, quien se convierte en su esposa.

Victor Vasarely trabajará como grafista en un primer momento en el campo de la publicidad, lanzándose al ruedo artístico en especial a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial. París está sumamente unida a él, porque es desde allí donde comenzará a forjarse un nombre. En el Café de Flore conoce a la galerista Denise René, quien abrirá con una muestra suya su nuevo espacio, en 1944. Es con sus dibujos y composiciones gráficas. A sus primeros trabajos figurativos y gestuales les dará el calificativo de 'wrong roads' (caminos equivocados).

Era toda una estrella de la esfera artística desde que en 1965 expuso en el MoMA neoyorquino

Según Guillermo Solana, director artístico del Thyssen-Bornemisza, «el antecedente inmediato del trabajo de Vasarely y de los que junto a él, en su generación, anunciaron lo que luego sería el Op Art, el cinetismo y otras formas de la abstracción perceptual, tendría que ser Picasso, y cómo no, sus Arlequines». Aquí empieza el juego de ruptura y fondo, de reversibilidad. Breton dirá que el suyo es «arte surrealista», el de quien tiene a Salvador Dalí como un referente.

Otra obra presente en la muestra.
Otra obra presente en la muestra.

Abstracto, dentro de esta corriente, el arte óptico, que logra gracias a un proceso de rigor científico, imágenes inestables. Como es lógico, en el comienzo y desarrollo de su obra, Vasarely no se vale de los ordenadores, por su inexistencia, y porque probablemente, años después, cuando se desarrolla la informática, no tendría sentido para él; hubiera sido como bajar de escalón, de nivel, su estilo. Como se ha dicho, su trabajo se inscribe plenamente en el contexto científico, económico y social de los años 60 y 70. Gracias a sus medios económicos, contará con un gran taller en Arcueil, a diez kilómetros de la capital gala, donde emplea a varias personas que, en muchos casos, serán las encargadas de ayudarlo en la realización de sus obras.

Tras el Thyssen-Bornemisza, en Madrid, y el Städel Museum, en Fráncfort, la muestra que abre de algún modo el año expositivo en París con peso es la que le dedica el centro de arte contemporáneo Pompidou (hasta el 6 de mayo). Es la primera gran retrospectiva en el país vecino, y llega con el título de 'Vasarely, le partage des formes' (El compartir de las formas). Porque, además de formas y colores percibidos de distinto modo según desde el ángulo que se elija, el húngaro quiso compartir su obra con todo aquel que se acercara a ella, creando una especie de comunicación. Un arte que habla, por tanto, a grandes y pequeños.

Diseño rompedor

En el museo que surgiera del talento de Renzo Piano y Richard Rogers, causando polémica por su osado y rompedor diseño, en 1977, Vasarely reinará a lo largo de tres meses, con siete espacios consagrados a él, que recogerán desde las primeras a las últimas obras que realizara quien es considerado el padre del Op Art: corriente a la que comienza a dar forma a mediados de la década de los 50 –con su periodo blanco y negro, al que corresponden 'Homenaje a Malevitch' (1954-1958) y 'Vega' (1956), entre otros cuadros–, y que le aportará suma notoriedad en los 60. Es entonces cuando los colores serán los grandes protagonistas.

En 1987, con 81 años, inauguraba en su país el Vasarely Múzeum Budapest –hay que anotar que siempre fue muy generoso con su lugar de origen, donando obra en diversas ocasiones–. Su director, Márton Orosz, ha señalado que el artista definió lo que hacía «como objetos cinéticos», y que para él forma y color serían una entidad única, gracias a que «desarrolló un sistema predeterminado de algoritmos, que aplicó para generar sus composiciones». El de Budapest cuenta con más de cuatrocientas obras y hace alrededor de dos años fue renovado.

Una de las obras de Vasarely.
Una de las obras de Vasarely.

Existe una Fundación en Francia que lleva su nombre, concretamente en la ciudad sureña de Aix en Provence. Un lugar muy acorde la mencionada localidad, por su luz y gran colorido, con la obra del maestro, aquel modernista sin duda para su época, obsesionado con el juego de colores, con los universos oníricos.

La retrospectiva del Pompidou pone ante el público trescientas obras, entre objetos y documentos, algunas de las cuales no han sido expuestas desde hace más de medio siglo. En ella se ven pintura, escultura, integraciones arquitecturales, diseños realizados para el mundo de la publicidad… Y todo ordenado de un modo cronológico y temático.

Esto suele ser muy apreciado por la gran mayoría de visitantes, al ayudarlos a la hora de recorrer el conjunto de la obra de un artista que, además, en este caso, se despliega por medio de diversas facetas e inspiraciones, como por ejemplo la ciencia ficción. Una obra, como ocurre en la mayoría de los casos, que irá evolucionando con el tiempo. Un aspecto nada desdeñable es que su trabajo se desarrolla de modo paralelo a la investigación en visión.

Esta retrospectiva pone ante el público trescientas obras, entre objetos y documentos

Los comisarios de la muestra son Michel Gauthier, conservador del museo, y el profesor de Historia del Arte Contemporánea de la Sorbona Arnauld Pierre, dos hombres que conocen muy bien el aporte del húngaro, que influyó en vida a otros artistas, como los latinoamericanos Julio Le Parc y Jesús Soto, por citar solo dos, y que falleció de cáncer a los 91 años en la ciudad que ahora le honra con la gran retrospectiva. Sus herederos, al parecer, continúan con litigios en los tribunales.

Para la crítica de arte Jill Gasparina, resulta un contrasentido «reducirlo a un lenguaje plástico», porque lo más interesante en su trabajo «es precisamente que articula la idea de un lenguaje abstracto geométrico universal con un proyecto de profunda transformación de la sociedad, la búsqueda de una belleza para todos. Su lenguaje plástico, sin embargo, es parte de una larga historia de la informatización de la pintura, que comenzó en el siglo XIX, con neoimpresionistas como Seurat», explica a Territorios.

Acompaña a la exposición un catálogo, con el mismo título, que aparte de los ensayos de los dos comisarios, incluye un tercero de Gasparina, quien espera que se le quite la etiqueta de «artista oficial que pesa sobre él desde la década de los 80», a quien fue «una mezcla extraña de artista comprometido y tecnócrata». Como la muestra no está pensada solo para que sea visitada por los adultos, como suele ser habitual en el centro Pompidou, se han organizado diversos talleres para los más pequeños. Fue la de Vasarely una obra atemporal, la de un artista con mucho ojo. En todos los sentidos.

 

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