Artes plásticas

En boca de todos

Algunas restauraciones realizadas por especialistas de prestigio internacional también han sido polémicas

LUISA IDOATE

'Venus y Marte'. Berlusconi dio instrucciones para que se añadieran una mano a Venus y el pene a Marte en la restauración.

Cuando se restaura una obra icónica, la polémica está servida. La Capilla Sixtina del Vaticano ha sufrido cinco: en los siglos XVII, XVIII y XX. En algunas de ellas se emplearon aceite de linaza, pan húmedo, barnices y hasta esponjas empapadas con vino griego. La última fue en 1979, realizada por Gianluigi Colalucci, Maurizio Rossi, Bruno Baratti y Piergiorgio Bonetti, siguiendo los criterios establecidos un año antes por Carlo Pietrangeli, responsable del laboratorio vaticano. En quince años se recuperaron los 1.200 metros cuadrados cubiertos con frescos de Miguel Ángel. Trabajo que la Nippon Television grabó paso a paso, por tres millones de dólares para costear la operación. Cubrieron grietas, retiraron el hollín y la suciedad causada por los velones encendidos en la sala durante siglos. Se recuperó la luz y el color de las pinturas. Algo que criticó el experto James Beck, para quien los tonos obtenidos no eran auténticos. También hubo bronca sobre los calzones con que Volterra tapó los genitales de las figuras, tras el Concilio de Trento de 1564; no todos se retiraron porque el 'Braghettone', como le llaman, arrancó los desnudos originales. Y probablemente, advirtió Giulio Argan, crítico de arte y exalcalde de Roma, también los castró. «La historia tiene vergüenzas que no tapa ninguna braga», sentenció.

Polvareda también levantó la rehabilitación de 'La Virgen, el Niño y Santa Ana', de Leonardo, que Cinzia Pasquali finalizó en 2012. Adelgazó repintes anteriores para rescatar claridad y luminosidad. «Su nivel se redujo lentamente y con cuidado, conforme a la decisión de la comisión del Louvre», explicó. Pero incomodó a dos de sus miembros, Ségolène Bergeon Langle y Jean-Pierre Cuzin, que dimitieron. La restauradora no rebajó el barniz por completo y documentó la existencia en él de huellas dactilares, posíblemente impresas por Leonardo al difuminar con sus dedos los pigmentos.

La restauración de 'Las Meninas' de Diego Velázquez, en 1984, fue conflictiva desde el comienzo. No gustó que se encargase a John Brealey, estrella del Met de Nueva York, financiado además por una anónima filántropa norteamericana. Echó más leña al fuego el entonces director de El Prado, Alfonso Pérez Sánchez, que rebatió: «El mejor cuadro requiere el mejor restaurador». Hubo protestas de miembros del Instituto y Escuela de Conservación y la Facultad de Bellas Artes de Madrid, a quienes Brealey vetó en sus sesiones, azuzando un runrún mediático por el que casi renunció. Pero no lo hizo. Laminó el amarillento velo de polución que cubría el cuadro, que, según Pérez Sánchez, pasó «de ser inquietante a ser sosegante». Y remató: «Es como salir a la calle un día de verano con gafas de sol: si te las quitas te sientes deslumbrado, pero poco a poco te acostumbras a la realidad, que siempre es mucho mejor que cualquier filtro». Muchos lamentaron no reconocer ya los colores del pintor sevillano.

La restauración de 'Las Meninas', de Velázquez, fue conflictiva desde el comienzo

El rechazo de la rehabilitación de 'El caballero de la mano en el pecho', de El Greco, llegó en 1996 al Congreso de los Diputados. Se debatió por qué se sustituyó el fondo negro con la firma del autor por uno gris y sin ella. El entonces director de El Prado, Fernando Checa, argumentó que la rúbrica, torpe y con falta de ortografía, no era del artista; y el color negro era un repinte hecho en 1858 por Vicente Poleró. Algo que rechazaron los especialistas, porque ese conservador trabajaba con barnices y no con óleos como el suplantado. Varios expertos autentificaron además el autógrafo del creador y justificaron la falta como una diéresis de su nombre en griego. En el documental 'Fondo para un caballero' (2010), Emiliano Cano mantuvo que la rehabilitación fue precipitada, basada en ideas erróneas y contraria a los protocolos internacionales.

'El caballero de la mano en el pecho'. Alegando que era de un repintado posterior, el fondo negro del cuadro fue sustituido por uno gris y desapareció la firma del Greco.

Pirámide de Zoser

La pirámide de Zoser (2700 aC) es la primera de las egipcias; una superposición de mastabas con 60 metros de altura situada en Saqqarah. La construyó el ingeniero Imhotep como una escalera hacia el cielo por la que el rey del mismo nombre ascendiera para ser recibido por el dios Ra. En 1992 la dañó un terremoto y desde 2002 se han sucedido los trabajos para recomponerla, con numerosas interrupciones por su complejidad y carestía. En 2014 Ahram Amir Gamal, del colectivo Robos Sin Descanso, denunció su deterioro y cuestionó que «la empresa encargada nunca antes había restaurado un sitio arqueológico». El Consejo Supremo de Antigüedades «está cometiendo un crimen», señaló. «Los trabajos de restauración se están llevando a cabo de forma correcta, bajo la supervisión de un equipo de la Unesco que ha venido a Egipto», contestó su responsable, Mamdouh El-Damati. Para demostrarlo organizó visitas guiadas, pero impidió a los periodistas más críticos acceder a zonas sensibles de la pirámide.

Condenado sin paliativos fue el arreglo exprés de la máscara de Tutankamon (1354-1340 aC) en 2015. Se desprendió su barba postiza. La unieron con pegamento casero, rasparon la rebaba sobrante y rayaron la mandíbula. El bodrio se debió a la mezcla de ignorancia y avaricia por seguir haciendo caja con el joven faraón. Se hizo del mejor modo posible, alegaron los expertos, y además no era la primera vez. Algo inimaginable en China, donde rodaron cabezas en 2013 por la restauración que convirtió los frescos del templo budista de Yunjie (dinastía Qing 1644-1911) en un batiburrillo de Disney y Warhol. También Carlos I cortó por lo sano. En 1526 paralizó las obras de la mezquita de Córdoba que había aprobado, al ver que el arquitecto Hernán Ruiz 'el Viejo' eliminaba tramos para insertar una catedral católica. El monarca estalló. «Habéis destruido lo que era único en el mundo, y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes».

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