Artes plásticas

Berthe Morisot, pionera del impresionismo

'Eugène y su hija en Bougival' de Berthe Morisot, cuadro que se incluye en muestra del Museo Orsay./
'Eugène y su hija en Bougival' de Berthe Morisot, cuadro que se incluye en muestra del Museo Orsay.

El Museo de Orsay de París presenta una muestra monográfica sobre la primera mujer que participó en el Salón Oficial de Pintura y Escultura, en 1864

ABRAHAM DE AMÉZAGA

Es muy probable que muchos de quienes lean estas líneas no hayan oído hablar nunca de la francesa Berthe Morisot (1841-1895), una de las grandes figuras del impresionismo. Habrá unos cuantos que sepan de su existencia y, los menos, que al pronunciar su apellido sean capaces de asociarla con un cuadro en concreto.

Aunque nunca se precisa de pretexto alguno para acercarse a su obra, la muestra que pone en pie el Museo de Orsay, en París, a partir del próximo martes, se nos antoja idónea para hablar de esta mujer de carácter y gusto independiente, rara avis de la pintura de finales del siglo XIX y que, de haber vivido más tiempo –lamentablemente se fue de este mundo a los 54 años–, hubiese producido bastante más que los alrededor de cuatrocientos cuadros que dejó. El arte lo llevaba de algún modo en las venas, y en concreto la pintura, al descender por parte de madre de Jean-Honoré Fragonard (1732-1799).

Si bien es la primera exposición que le dedica la mencionada pinacoteca en sus treinta y tres años de existencia, no estamos ante una retrospectiva –la última vez que se le consagró una muestra fue en 2012, en el Marmottan–. «Se trata de una nueva mirada a su obra, más afinada y centrada en su faceta de creadora de cuadros en los que aparecen figuras humanas», como puntualiza a Territorios Sylvie Patry, comisaria de la exposición, así como directora de conservación y de las colecciones del Museo de Orsay. Conforme se va apreciando su producción, se palpa que con los años evoluciona. Si bien comienza alrededor de 1860, de esa década apenas se conserva obra. En sus inicios, se percibe en su pintura la influencia de Corot, y poco a poco ganará en luminosidad.

Se trata de una nueva mirada centrada en su faceta de creadora de cuadros con figuras humanas

Berthe Morisot se percataría muy pronto de su condición de mujer y de las limitaciones que la sociedad le ha impuesto como tal, y en concreto en el mundo del arte. Quizá por ello, consciente o inconscientemente, la mayoría de figuras humanas que incluirá en sus cuadros a lo largo de su existencia serán del sexo femenino. Si hasta hace poco no fue fácil hacerse un hueco destacado si se nacía mujer, figúrense en el siglo XIX, cuando esta hija de burgueses decide sumergirse en la pintura, nada favorable para las féminas, que tenían además vetado el ingreso en la Escuela de Bellas Artes. En cuanto su madre capta sus grandes dotes pictóricas –Berthe tiene apenas 11 años y comparte la afición con su hermana Edma– estimula a ambas a seguir, desconociendo que será el futuro oficio de la primera, algo que desagradará a su progenitor, antiguo delegado del Gobierno en el departamento del Cher, y posteriormente con puesto importante en París.

Será la primera mujer en participar en el primer salón oficial de pintura y escultura, en 1864, donde grandes como Monet y Renoir seleccionan dos de sus obras. También será la primera en tomar parte en la creación de la Société des Artistes Français, así como en sumarse al colectivo formado por los citados Monet y Renoir, junto a Sisley, del Salon des Refusés (Salón de los Rechazados). Su encuentro con Edouard Manet en el Louvre se revela de lo más fructífero para ambos: no solo servirá de modelo en varias de sus obras, como 'Le balcon' (1868), sino que también gracias a él conocerá a su hermano Eugène, con quien contraerá matrimonio en 1875.

'Mujer y niña en el balcón'.
'Mujer y niña en el balcón'.

Evolución estilística

Con motivo de la guerra contra los prusianos, la familia abandonó París, trasladándose a la localidad de Saint Germain en Laye, en plena naturaleza. A su regreso, Berthe descubrirá que su taller ha sido destruido, lo que la sume en una depresión. Manet, su futuro cuñado, la invita a que siga siendo su modelo. Algo parecido hará ella años más tarde, cuando nace su hija Julie, a la que va inmortalizando en sus cuadros. Vemos crecer a Julie, al mismo tiempo que Morisot evoluciona en su estilo. Se ha dicho que hasta el fallecimiento de la pintora, sería la cámara fotográfica de su hija, una mujer que confesaría amar «solo la extrema novedad o las cosas del pasado».

En más de una ocasión se la ha comparado con la también artista Mary Cassatt (1844-1926), igualmente impresionista y a quien conocerá en Francia, país que por fin acoge la primera gran exposición de Berthe Morisot a sus 51 años. Será en la galería parisiense Boussod, y cosecha un sonoro éxito. Tres años después, víctima de una neumonía, fallece, dejando huérfana a su hija con 17 años –su esposo había muerto en 1883–. Los tutores de la joven son Stéphane Mallarmé y Auguste Renoir. Su singularidad fue «vivir su pintura y pintar su vida», en palabras de Paul Valéry.

Se iba la para algunos primera mujer impresionista, quien contribuyó en la modernidad de su época explorando diferentes temáticas, al tiempo que luchaba ante prejuicios en un mundo dominado por el sexo masculino. «No creo que haya habido nunca un hombre tratando a una mujer de igual a igual, y eso es todo lo que hubiese pedido, porque yo sé que valgo», dijo la artista, consciente de la batalla que no solo a ella le tocaba librar, sino también al resto de los seres de su mismo sexo. Afortunadamente dejaba su producción artística que, aunque no llegaba a los cuatrocientos cuadros, incluye obras tan relevantes como 'Fable', 'Eugène Manet et sa fille dans le jardin', 'Dans la Véranda' o 'Jardin à Bougival', entre otras, son un excelente ejemplo de su aportación al universo de la pintura de la segunda mitad del XIX.

Muy apreciada en los Estados Unidos, precisamente la exposición que ahora puede verse en la Ciudad del Sena llega de ese país, donde ha sido exhibida en Filadelfia y Dallas tras Canadá, que la desveló en primicia en Québec. París es su puerto de amarre hasta el próximo 22 de septiembre. Aproximadamente la mitad de las obras que se podrán ver ahora en el Orsay provienen de colecciones privadas, de Francia y del resto del mundo, como el Thyssen-Bornemisza de Madrid, que ha prestado 'La Psyché' (1876). Para saber más sobre la artista, se sugiere la biografía que le dedicó en francés Jean-Dominique Rey.