Música

De los Beatles a Sleaford Mods

Dua Lipa. La vocalista londinense, de ascendencia albanokosovar, se ha convertido en uno de los productos más exitosos de la música comercial británica./
Dua Lipa. La vocalista londinense, de ascendencia albanokosovar, se ha convertido en uno de los productos más exitosos de la música comercial británica.

Aunque ha perdido tirón comercial, la música británica mantiene su relevancia planetaria

Carlos Benito
CARLOS BENITO

Si examinamos el cartel del próximo Bilbao BBK Live, que se celebrará en julio, comprobaremos que seis de los quince nombres más destacados del programa corresponden a artistas de Reino Unido. La proporción no está nada mal, pero en realidad se trata de un año flojo en cuanto a representación británica. Si repetimos el ejercicio con el cartel de la edición anterior, seleccionando de nuevo solo los artistas que aparecen en tipografía más grande, el resultado es abrumador: provenían de Reino Unido doce de diecisiete, incluso se podría hablar de trece si decidimos contar a David Byrne, que ha desarrollado su carrera en EE UU pero nació en Escocia. Es cierto que el festival bilbaíno siempre se ha caracterizado por cierta anglofilia, pero el ejemplo sirve como muestra significativa del peso –desproporcionado, podríamos decir– que ha tenido este país de 66 millones de habitantes en la música popular de las últimas seis décadas.

Entre EE UU y Reino Unido siempre ha habido un juego de influencias mutuas, combinado con cierta competencia que los lleva a alternarse en la tarea de dominar el mercado mundial y marcar sus directrices. Los norteamericanos inventaron el rock, pero los británicos supieron moldearlo hasta darle algunas de sus formas más estimulantes: hay que mencionar por fuerza la 'British invasion' de los 60 (cuando los Beatles y compañía, con su éxito global, impusieron el formato de banda) o el punk de la segunda mitad de los 70 (un fenómeno más o menos simultáneo en ambos países que adquirió en Gran Bretaña su formulación definitiva y dio lugar a una riquísima escena de post-punk, nuevos románticos y tecno-pop), pero también la génesis del heavy metal (con Black Sabbath, Led Zeppelin, Deep Purple...), el glam rock (Bowie, Bolan, Queen...), la nueva ola 'metalera' de los 80 (la de Iron Maiden), el exportable Britpop de los 90 (con Oasis, Blur, Suede...) o el papel decisivo de Reino Unido en la asimilación de estilos como el reggae. Y sin olvidar fenómenos generacionales como las Spice Girls o Take That.

Sleaford Mods. Desde Nottingham, el cantante Jason Williamson y el instrumentista Andrew Fearn confeccionan hoscas viñetas de punk electrónico.
Sleaford Mods. Desde Nottingham, el cantante Jason Williamson y el instrumentista Andrew Fearn confeccionan hoscas viñetas de punk electrónico.

5.000 millones

Buena parte de todo eso sobrevive de una u otra manera en estos tiempos nuestros, cuando todos los pasados parecen simultanearse en un eterno presente, pero da la impresión de que la música británica no atraviesa un momento de pujanza, al menos si medimos su influencia con el criterio del éxito comercial. En el último 'top 10' anual de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica, solo aparecía un artista británico, Ed Sheeran, cuando hace tres años acaparaban la mitad de la lista. De las 20 canciones más escuchadas del año pasado en Spotify, solo dos proceden de Reino Unido, el 'IDGAF' de Dua Lipa y el 'One Kiss' de Calvin Harris con Dua Lipa. La vocalista de ascendencia kosovar y el pelirrojo Sheeran son dos de los productos recientes más exitosos de la industria musical británica, que genera más de 5.000 millones de euros anuales, y se suman a Adele, One Direction, Sam Smith, Muse o Mumford & Sons en su olimpo de este siglo. En España, el bache de lo británico, vinculado al empuje del rap y la música urbana de EE UU, se suma al auge brutal de la música en castellano: de las veinte canciones más vendidas el año pasado en nuestro país, solo una, de Ed Sheeran, era 'made in the UK'.

Sons Of Kemet. La banda, fundada en 2011, impregna su jazz de influencias como la música caribeña o los sonidos de África Occidental.
Sons Of Kemet. La banda, fundada en 2011, impregna su jazz de influencias como la música caribeña o los sonidos de África Occidental.

La coyuntura, de todas formas, no merma el dinamismo de la música británica, ni tampoco su relevancia en distintos ámbitos. En Reino Unido siguen vivas auténticas instituciones como el programa de televisión 'Later... With Jools Holland' (en antena desde 1992), el programa radiofónico 'Desert Island Discs' (que arrancó en 1942), el festival de Glastonbury (que tuvo su primera edición en 1970) o el ciclo de música clásica The Proms (fundado en... ¡1895!). Muchas revistas influyentes en distintos géneros son británicas, así como gran cantidad de sellos que han hecho historia. Y, mientras tanto, escenas y microescenas están sometidas a una renovación trepidante: por algo existe en Reino Unido una gran tradición de confeccionar listas de jóvenes que están 'a punto de triunfar', como el 'Sound Of...' anual de la BBC.

Estilos como el grime –algo así como la versión británica del rap– son universos en transformación continua: artistas como Dizzee Rascal o Wiley, que empezaron a editar en este siglo, vienen a ser figuras venerables, y los que debutaron hace solo cinco o seis años, como Stormzy, son contemplados como veteranos. En general, en todas las escenas se puede reproducir ese esquema: desde iconos como PJ Harvey en el rock, Thomas Adès en la clásica contemporánea o Burial en la electrónica hasta incontables recién llegados (HMLTD, Art School Girlfriend, Big Joanie...), pasando por artistas relativamente nuevos pero asentados como la banda de jazz Sons Of Kemet, la artista de pop sintético Sophie o el hosco dúo de punk electrónico Sleaford Mods, convertido en algo así como la voz de la conciencia de Reino Unido en tiempos de 'Brexit'.