Artes plásticas

Un arco de posibilidades

En la muestra. Obra del colectivo Democracia, en ADN./
En la muestra. Obra del colectivo Democracia, en ADN.

Territorios desglosa algunas de las propuestas más atractivas de un programa abundante en nombres consagrados

GERARDO ELORRIAGA

La cobertura de AR-CO a menudo se resume en un conjunto de cifras que avalan el triunfo o fracaso de cada edición, mientras que la organización, en sus comunicados, suele destacar la cualidad como puente entre Europa y Latinoamérica, los proyectos comisariados y el deseo general de impulsar las carreras de los artistas emergentes, poniendo el acento en las apuestas individuales. A ese respecto, la organización pone de relieve que, en esta ocasión, el 40% de las galerías participantes participa con proyectos centrados en uno o dos artistas, una medida que, en términos comerciales, puede resultar muy arriesgada.

La realidad de la feria es otra, muy diferente al discurso oficial. La cita no es un proyecto museístico y su elevado coste tampoco alienta el riesgo estético ni la apuesta por valores desconocidos. El catálogo demuestra que la mayoría de las firmas concurre con un buen número de autores de larga trayectoria y, en algunos casos, la selección se antoja una exquisita selección de la plástica contemporánea. El recorrido por el Programa General revela un número ingente de grandes nombres de la creación contemporánea. Sin ánimo de ser exhaustivos ni establecer categorías ni escalafones, sugerimos una relación, completamente subjetiva, con algunos nombres atractivos del panorama actual e, incluso, escenarios en los que no solemos reparar.

El país invitado proporciona la primera parada. La memoria histórica, la cultura popular o los conflictos internos, son objeto de estudio para las obras de Fernando Bryce, Armando Andrade Tudela y Iosu Aramburu, tres de los mejores exponentes del arte peruano contemporáneo. El primero, pintor y dibujante, se caracteriza por su meticulosa reproducción de materiales de archivo en un intento por desarrollar nuevas formas de representación del pasado. La feria madrileña le otorga un protagonismo relevante y su trabajo podrá contemplarse en Barbara Thum o la valenciana Espaivisor, que le dedica un proyecto especial.

Como todos los años, la presencia portuguesa es importante en ARCO

Las grandes corrientes

En ARCO la presencia portuguesa es siempre importante, tanto en cuanto a galerías como a grandes autores. El portuense Carlos Bunga, radicado en Barcelona, es una de las voces con mayor proyección internacional y Alexander and Bonin permite descubrir sus sutiles piezas a caballo entre la pintura, la escultura y la 'performance', capaces de dotarse de una atmósfera propia. Pero la historia reciente del arte luso no se comprende sin la aportación de las características figuras de Juliao Sarmento, las imágenes de Helena Almeida, recientemente desaparecida, la complejidad formal de Pedro Cabrita Reis y las esculturas de José Pedro Croft y sus diálogos con el espacio. Nuestro complejo de superioridad con los lusos se resquebraja, inevitablemente.

El espectador también tiene la posibilidad de contemplar la evolución del arte porque ARCO, a pesar de dirigir oficialmente su mirada hacia el futuro, retrotrae a las grandes corrientes. Las galerías Marlborough, Marc Domenech y Leandro Navarro, entre otras, se inclinan por las vanguardias históricas con sus atractivas selecciones de autores que desarrollaron su obra entre el periodo de Entreguerras y las últimas décadas del siglo pasado. La edición en ciernes recoge lienzos de Óscar Domínguez, Manolo Millares o Kurt Schwitters. Además, la londinense Timothy Taylor acerca la obra de Alex Katz, uno de los precursores más personales de la corriente pop, y la turinesa Giorgio Persano dedica su espacio a Michelangelo Pistoletto, referencia del 'arte povera'.

La española Cayón, expandida desde Madrid a Menorca y la lejana Filipinas, lleva a cabo un viaje por el arte conceptual y las tendencias minimalistas con otra nutrida lista que incluye a Dan Flavin, Dan Graham o Carl André, entre otros. La iconografía de Jenny Holzer, representada por Hauser & Wirth, puede ser interpretada como una actualización de esa corriente, íntimamente vinculada a cuestiones existenciales y la defensa de los derechos humanos.

La creación germánica es otra de las referencias ineludibles de nuestro tiempo. El país de Gerhardt Richter aparece representado por con un abanico de grandes artistas. La abstracción geométrica de Günther Förg posee una capacidad de seducción similar a la que transmiten las fotografías de Axel Hutte, el más destacado representante de la Escuela de Dusseldorf y que llega a ARCO de la mano de Helga de Alvear. Este heredero de la Nueva Objetividad goza de un prestigio excepcional por sus imágenes de paisajes.

La aportación española es numerosa. En el capítulo de la retrospectiva, nos encontramos con el Equipo 57, al que perteneció Agustín Ibarrola, y que se halla entre las propuestas de Denise René y Guillermo de Osma, y en el de los homenajes a los grandes de nuestros días, están los escultores Fernando Sinaga, un artista que articula sabiamente el espacio, físico y mental, con sus dispositivos objetuales, y Jaume Plensa, que aúna belleza y una profunda reflexión sobre la condición humana. Carreras Múgica se decanta por el trabajo de Itziar Okariz y Sergio Prego, los dos artistas responsables del próximo pabellón español en Venecia, y el segundo también concita el interés de la barcelonesa etHALL. Además, la galería bilbaína presenta obra de Pello Irazu, Asier Mendizabal, Erlea Maneros o Ángela de la Cruz, una de las artistas españolas con mayor proyección internacional.

Hay obras de artistas procedentes de más de treinta países

Los vascos

Los artistas vascos llegan a través de diversos medios. La bilbaína Alejandra Icaza, radicada en Nueva York, acude también a ARCO con la galería Edward Tyler Nahem. Su pintura abstracta está acompañada por la obra de Sam Francis, Jackson Pollock o Keith Haring. El stand también comprende piezas de Miquel Barceló, uno de los españoles mejor representados por las firmas extranjeras. Espacio Mínimo, entidad española también habitual del circuito comercial, se decanta por Miguel Ángel Gaueca, Maider López, Manu Muniategiandikoetexea y Juan Luis Moraza, y Moisés Pérez de Albéniz se surte de Ana Laura Aláez y el navarro Carlos Irijalba, una voz prometedora dentro de la plástica gracias a su sobria reflexión sobre el entorno y el tiempo. Asimismo, la suiza Wilde presenta a Nan Goldin, Cornelia Parker y Javier Pérez, al que dedica un proyecto especial. La nueva figuración dispone de dos seguidores tan cualificados como Kepa Garraza, en Álvaro Álcazar, y Alain Urrutia, bilbaíno afincado en Berlín, y que llega mediante Casado Santapau.

Trabajo de Ángela de la Cruz que estará presente en ARCO.
Trabajo de Ángela de la Cruz que estará presente en ARCO.

En algunas ocasiones, merece la pena ser apabullado. La relación de autores que presenta Thaddaeus Ropac da cuenta de las dimensiones de esta multinacional del arte, fundada en Salzburgo en la década de los ochenta y expandida por Francia y Gran Bretaña. Su origen germánico se evidencia en la predilección por autores que beben del neoexpresionismo, el minimalismo alemán o la exploración de nuevos medios. La nómina que trae a Madrid incluye a Daniel Richter, Sigmar Polke o Georg Baselitz, pero también a escultores ingleses como Antony Gormley o Tony Cragg.

ARCO es una ocasión para la compra de obras de arte procedentes de más de treinta países, pero, como sus responsables afirman, para descubrir y divulgar la obra de artistas excepcionales que no suelen llegar hasta nosotros si no es por antológicas de gran formato cuando su trayectoria ya ha cristalizado. El trabajo del colectivo Democracia, en ADN, supone uno de esos raros casos de compromiso directo con el tejido social, mientras que el universo sutil, a caballo entre la historia del arte y la contemporaneidad, la figuración y la abstracción, de Jerónimo Elespe, es, simplemente, una de las propuestas más cautivadoras de la escena española.