Álvaro Pombo: una biografía interior
Personal. ·
El Premio Cervantes reúne dieciocho textos sobre su vida y sobre aspectos o claves fundamentales de su personalidadA menudo las autobiografías de los escritores albergan un aspecto decepcionante: se centran demasiado en los hechos, en las anécdotas, en los acontecimientos que rodearon ... sus vidas o de los que fueron ellos mismos protagonistas sin profundizar en las huellas que estos dejaron en su conciencia. De algún modo esos relatos encierran una traición porque no narran lo realmente importante. En una de sus prosas fragmentarias, que siempre lindan con el aforismo, dice Cioran -cito de memoria- que los elogios y los reconocimientos apenas nos rozan por dentro. Solo llegan a la epidermis de nuestro espíritu. Son las afrentas -según él- las que de verdad nos dejan unas huellas imborrables y acaban conformando nuestro carácter. Por esa razón resulta especialmente estimable un libro como 'Cuentos autobiográficos', en el que Álvaro Pombo revela al lector de un modo sistemático cómo vivió interiormente los episodios que ilustran su propia existencia. A través de dieciocho sobresalientes relatos, el escritor santanderino nos brinda una inusual 'biografía interior', un testimonio íntimo de la manera en que ha ido encajando las circunstancias que hicieron de él lo que es. Y lo hace con absoluta naturalidad, sin avisar de ello para darle valor a la confidencia, manteniendo un tono que es lo menos parecido al del secretismo de la confesión culpable.
En el que abre el libro, titulado 'Los señores', nos traslada a una infancia de clase alta y a un hogar en el que, pese a ser tratado por el servicio como el señorito Álvaro, no pertenecía al bando de los padres, sino al de las chicas que trabajan en su casa y a las que ha seguido amando hasta el presente. En ese retablo de época (Pombo nació a los dos meses y 23 días de terminada la Guerra Civil ), ocupa un lugar central Fraulein Maria Hirschle, una institutriz a la que describe como «una alemana gorda y terca de unos cincuenta años», cuyo afecto se impone sobre el de unos padres jóvenes y ausentes de la casa de una manera intermitente por compromisos como el de una absorbente finca heredada en tierras castellanas. Pombo habla de su paso de alumno externo de los Escolapios de Santander a interno de los Jesuitas de Valladolid, donde ya gozaba de una aureola de joven escritor que lo convirtió en «todo un personaje». Y se define a sí mismo como «una habitación en el campo iluminada por una vela vacilante» que da luz y deja de darla de repente. Habla del tubo diario que llegó a consumir de anfetas y del Fanodormo, una droga de alcohólicos con la que conseguía contrarrestar el efecto estimulante de las primeras.
En el siguiente relato, 'Lisbeth', el escritor da un salto a un presente en el que una fotógrafa venezolana aparece en su casa para entregarle unas fotos que le sacó treinta años atrás. La visita sirve para trazar un divertido autorretrato literario en el que se ve contradictoriamente favorecido: «Tengo un aire sobrevenido de observador inesperado, indeseado y, de algún modo, malencarado, encarnado en un careto frailuno, un falso monje de algún modo. La edad ha hecho de mí una buena imitación...».
Pese a que Álvaro Pombo ha teorizado alguna vez sobre la técnica del relato atribuyendo a éste una estructura circular y una suerte de conclusión en el desenlace como condiciones indispensables del género, la verdad es que los textos que ha reunido en este volumen no responden en absoluto a dicha receta. La estructura es o bien lineal o bien zigzagueante. Son más fieles al tono, que se desliza entre recuerdos y reflexiones, muchas de ellas filosóficas, que lo que se dice a una fórmula orbicular. Y tampoco se puede decir que respondan al clásico final cerrado con moraleja. Más bien presentan todos unos finales abiertos que dejan las posibles lecciones que se puedan extraer de ellos a la libertad interpretativa del lector.
Así sucede, y no por casualidad, con 'El buen combate', el cuento que cierra el volumen y que tiene algo de carta a su propia madre, «una carta que he tardado cincuenta años en escribir», y en la que reconoce que el tiempo que pasaba en Londres, lejos de ella, era un gran alivio o que tanto él como Fraulein la temían y le mentían. «No hubo entre nosotros una relación maternofilial», llega de manera explícita a decir.
Los 'Cuentos autobiográficos' de Álvaro Pombo quizá no sean cuentos, pero, sean lo que sean, su catalogación en un género literario resulta irrelevante. Lo cierto es que cada una de estas prosas parece responder a un lado esencial del 'ser pombiano', en el cual residía su secreta o tácita circularidad.
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'Belladonna' Michael Connelly
Connelly se reinventa en una isla para pijos
Óscar Beltrán de Otálora
Se podría pensar que Michael Connelly lo ha contado todo en el mundo de la novela negra. Lleva publicando desde 1992 y ha escrito más de cuarenta títulos, además de cuentos y un recopilatorio de sus artículos periodísticos. Toda esa prolífica producción se sustenta en tres personajes: Harry Bosch, Mickey Haller -conocido como 'el abogado del Lincoln'- y Reneé Ballard.
Pues no. Todavía tiene historias que poner por escrito y ha sido capaz de crear un nuevo protagonista. Con 'Belladona', Connelly presenta al sargento Stillwell, un policía purgado del departamento de homicidios de Los Ángeles. Dónde ha hecho magia el autor ha sido con su nuevo escenario. Stillwell es el jefe de la Policía de Catalina, una isla para pijos situada a unos 35 kilómetros mar adentro del continente. Un refugio de millonarios en el que los agentes patrullan en carritos de golf y los millonarios viven en yates de lujo más caros que la mansión de un jeque.
Esta reinvención de Connelly muestra la madurez del escritor. No solo demuestra que sigue siendo un genio a la hora de dibujar héroes y atmósferas reales. También ha conseguido un tratamiento humano de personajes como una conflictiva buscavidas; los isleños que odian salir de su paraíso o los empresarios que buscan hacerse de oro con los turistas. 'Belladona' es una muy buena novela que sirve tanto para iniciarse en el 'mundo Connelly' como para que los fans siguen reverenciando a su ídolo.
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'La sangre está cayendo al patio' Elvira Navarro
De lo absurdo y lo hostil
Iñaki Ezkerra
En 'La sangre está cayendo al patio', Elvira Navarro nos brinda nueve relatos que se inscriben en el género gótico y que tienen como recurrentes escenarios unas urbanizaciones, poblaciones o barriadas particularmente sórdidas tanto en lo estético como en lo moral. En 'La lavadora', el cuento que abre el volumen, una mujer descubre que el electrodoméstico que se encuentra instalado en su terraza y que usa para lavar la ropa le devuelve ésta bañada en sangre. La llamada que hace a la Policía solo sirve para empeorar las cosas. Ella y su marido acaban siendo investigados y despertando rechazo en el vecindario. Como ya sucedía de un modo reiterativo en 'La isla de los conejos', su anterior colección de relatos, a las complicaciones absurdas que viven los personajes se suma el factor de la hostilidad del entorno, que a menudo puede acabar inspirando en el lector más indignación que pánico propiamente dicho, aunque este no deje de ser un ingrediente de la receta narrativa y argumental.
En el cuento que cierra el volumen, una tal Almudena vaga por una fea y fantasmal urbe que parece un escenario postbélico, un paisaje después de la batalla de tintes oníricos y expresionistas que rozan lo kafkiano. Como lo roza la trabajadora social que surge de la nada y que actúa de guía de la protagonista sumida en la visión de gentes inexistentes. Aunque bien escritos y trabados, los relatos de Elvira Navarro cuentan con una sobrante dosis de efectismo.
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'Blas de Lezo' Guillermo Nicieza Forcelledo
Una vida espectacular de Blas de Lezo
Julio Arrieta
Por razones nada historiográficas, la figura de Blas de Lezo y Olavarrieta (1689-1741), uno de los marinos de guerra más notables de la historia de España, disfruta desde hace algunos años de una insospechada popularidad. Efecto de este fenómeno ha sido la multiplicación de libros sobre su figura, obras que, como señala Guillermo Nicieza Forcelledo, tienden a descuidar partes fundamentales de su biografía, como las de su infancia y juventud. En 'Blas de Lezo. Una vida al servicio de España', Nicieza, investigador naval especializado en la Real Armada del siglo XVIII, presenta una biografía exhaustiva, rigurosa y extrardinariamente documentada que va mucho más allá de contar de nuevo la célebre defensa de Cartagena de Indias durante la guerra del Asiento, en 1741. El libro aborda los aspectos menos conocidos de la vida del marino guipuzcoano, desde su infancia en Pasai San Pedro hasta su formación en la Marina Real francesa y su carrera meteórica en la Armada española. El autor traza un perfil apasionante pero también desmitificador del personaje a través de un texto muy atractivo, épico pero riguroso. El libro sobresale además por su aparato gráfico espectacular, con ilustraciones de artistas reconocidos como Augusto Ferrer-Dalmau y Pablo Outeiral, mapas, planos y secciones de barcos, cuadros y grabados de época que llevan al lector al siglo XVIII o directamente a los combates en los que tomó parte su protagonista. Incluso a alguno que ha resultado ser legendario.
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'Sobre Dios. Pensar con Simone Weil' Byung-Chul Han
A vueltas con lo sagrado
María Bengoa
Una característica de los breves ensayos de Byung-Chul Han es ofrecer a sus lectores la asimilación de textos más áridos desmenuzada y actualizada, cita y parafrasea con elegancia a los grandes Heidegger, Arendt, Foucault, Nietzsche... Su lectura destilada de otros filósofos que han reflexionado sobre el mundo contemporáneo es una clave de su éxito. Otra es que, en sus más de veinte títulos sobre asuntos candentes, apenas sobrepasa las cien páginas, como si poseyera el secreto de que la atención no es fácil de mantener en la fatigada sociedad del cansancio definida por él mismo en su título más celebrado. Tal vez por eso condensa su afán didáctico y moralista en opúsculos críticos como latigazos. En este caso la referencia a otra filósofa es explícita desde la portada 'Pensar con Simone Weil' y el primer párrafo: «Hace ya algún tiempo que Simone Weil se coló en mi interior. Se instaló en mi alma. Y hoy en día sigue viviendo y hablando dentro de mí». Considera a la pensadora francesa el filósofo más brillante del siglo XX y reinterpreta su pensamiento; lo utiliza cien años después para combatir las heridas de la sociedad contemporánea.
Este ensayo sobre Dios recoge una frase lapidaria de Weil: «El espíritu es atención», el pensamiento exige una atención profunda y eso se contrapone al ruidoso mundo hiperconectado en el que nos movemos y al frenético modo de contar de las redes sociales. También el culto al ego mantiene a Dios alejado de nosotros. Han argumenta que una de las causas de la crisis de la religión actual es la pérdida del silencio y asegura que al capitalismo le gusta el ruido. Nos falta paciencia y tiempo para pensar. En sus citas por extenso de la filósofa cristiana francesa se detiene en la sacralidad de los ritos y su belleza liberada de la economía. «Los rituales y las ceremonias encarnan la medida que da forma al alma», esas repeticiones que no producen nada son una «imitación del orden del mundo y el silencio de las cosas», generan sentido en la inestable y frágil vida humana. Por el contrario, la digitalización nos anestesia: todo es accesible, consumible, saltarín y efímero. Los estímulos que nos hacen adictos son los mismos que adormecen nuestra atención.
Este adalid de la filosofía para todos los públicos defiende la necesidad de encontrar un nuevo pacto entre el espíritu y el mundo, como si la espiritualidad tuviera aún mucho que decirnos, seamos creyentes o no, por su búsqueda de trascendencia, paz y consuelo… «En su grado más alto la atención es lo mismo que la oración». La inactividad y el ocio nos abren caminos hacia algo que es más que nosotros y Han siempre regala ideas que nos hacen pensar por encima de nuestra capacidad.
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'Los conocedores' Mircea Cartarescu
Tres fragmentos
Pablo Martínez Zarracina
Extraer tres historias a modo de 'tráilers' de una obra como la monumental trilogía 'Cegador' puede parecer extraño, pero adquiere sentido en el caso de Mircea Cartarescu. Lo comprobamos en esta antología concebida como un acceso lateral a un universo que puede intimidar por su naturaleza abrumadora. El mérito del libro es condensar la naturaleza de la trilogía sin reducirla: ofrecer un destilado de su imaginario.
Las tres piezas elegidas -'Los Badislav', 'El circo' y 'La boda'- corresponden a los tres tomos de 'Cegador' y reproducen su estructura simbólica, la mariposa que el propio autor concibe como emblema de la totalidad. En las alas se inscriben los mitos y las visiones: el primer relato, 'Los Badislav', reconstruye la huida de un clan sobre la nieve mientras sobre sus cabezas ángeles y demonios se enfrentan en una batalla apocalíptica. En el extremo opuesto, 'La boda' traslada esa misma energía visionaria al terreno de la metamorfosis: el príncipe andrógino Witold Csartarowski se transforma en una ceremonia nupcial que desborda lo humano.
Entre ambas alas, 'El circo' actúa como cuerpo central y muestra la dimensión autobiográfica que contiene la extraordinaria volatilidad de 'Cegador': En el Bucarest de 1964, un niño, el propio autor, es hipnotizado por un artista llamado 'El Hombre Serpiente', yogui y telépata «llegado desde el templo de Calcuta». Lo que ocurre aquella tarde de verano, una epifanía en medio de la ciudad oscura, marca el nacimiento de una conciencia literaria y el comienzo de un viaje hacia los límites de la propia identidad.
Demostrando lo que el libro tiene también de catálogo de registros narrativos, es en este regreso al Bucarest de su infancia donde Cartarescu se muestra por momentos como un narrador realista e incluso humorístico, siendo por ejemplo capaz de inmiscuirse en las reuniones de la sección del Partido Comunista en el Circo Estatal, donde el payaso Ciacanica explica planes trimestrales, «con su nariz roja y su sonrisa de oreja a oreja», sentado junto al ilusionista Farfanelli y el jefe del sindicato, «el famoso domador de pulgas Eduard».
Aguarda, sin embargo, en cada página de 'Los conocedores' la demostración de que Cartarescu adquirió en 'Cegador' la plena posesión de la escritura personalísima que brillaría después en libros como 'Solenoide' o el reciente 'Theodoros' (ambos en Impedimenta). Con ella, el rumano es capaz de abarcar la totalidad, desde el análisis microscópico hasta la elevación desatada, con una misma energía creadora. El resultado llega a ser inconfundible: párrafos sonoros, expresivos e imponentes que -entre nosotros gracias a la traducción de Marian Ochoa de Eribe- merecen ser releídos en voz alta.
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'Mátate, amor' Ariana Harwicz
Flujo de (mala) conciencia
Eduardo Laporte
La vida editorial de 'Matate, amor' es peculiar. Escrita en 2011, en España la publicó un año después la Lengua de Trapo, que apostaba fuerte entonces por la narrativa. La obra, osada, salvaje, llamó la atención pero sin generar ningún fenómeno editorial. Hasta que en 2017, traducida al inglés, empezó a encadenar premios internacionales. Ahora la recupera Anagrama y esta semana se estrena la adaptación al cine con Martin Scorsese en la producción, y protagonizada por Jennifer Lawrence.
Es el relato -surgido desde lo autobiográfico para derivar en literatura- de una maternidad a la que la voz narradora se opone. Porque «escribir es oponerse al mundo». Leída hoy, cuando hablar de ser «mala madre» ha dejado de ser tabú, pierde fuerza. Es más, tras la publicación, en 2001, de 'Un trabajo para toda la vida', de Rachel Cusk, pareciera que lo demás venía a ser camino trillado. En 'Matate, amor', la prosa apuesta por un flujo de conciencia a lo Virginia Woolf, pero con una querencia por lo incómodo, el autodesprecio y la divagación inspirada cuando no patológica. La novela se puede disfrutar si uno se entrega a esa narración cruda y sórdida de lo que debería ser un viaje hacia la ternura, con no pocos aciertos de estilo. Pero si se lee como lo haría un psicólogo, se detecta crueldad, narcisismo, hipersensibilidad rayana en lo TOC y, en fin, un discurso mórbido que gozó de su prestigio cuando llegó para romper moldes.
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'Hic sunt leones' Katerina Poladjan
Un viaje íntimo al genocidio armenio
Javier Ortiz de Lazcano
El genocidio armenio, perpretado por el Imperio Otomano entre 1915 y 1923, dejó entre 1,5 y 2 millones de muertos. Dos hermanos, Anahid y Hrant, logran rescatar una Biblia familiar antes de huir de su ciudad natal en la costa del mar Negro.Un siglo más tarde, Helen Mazavián -una restauradora alemana de origen armenio- llega a la remota Ereván, la capital del país del Cáucaso en busca de sus orígenes. Comienza a reparar la Biblia cuando una nota en sus márgenes le estremece. «Hrant no se despierta. Haz que despierte». El libro le llama desde el pasado. Está vivo y habla con ella. Quiere entender lo que dice, conocer la historia de sus dueños y entender la suya propia.
Conmocionada por lo que descubre sobre el pasado de Armenia, emprende un viaje a la costa del Mar Negro y a las tierras más allá del monte Ararat en busca de sus propios orígenes y los del libro que recompone. El título 'Hic sunt leones' (Aquí hay leones) es una declaración de intenciones. Recupera la expresión latina con la que cartógrafos medievales y renacentistas marcaban las zonas ignotas del mundo, esos territorios donde comenzaba el misterio. Y la protagonista se adentra en un mundo desconocido a todos los niveles, en la búsqueda de sus propios orígenes y hasta en su mapa de relaciones amorosas. La autora toma algo tan inmenso como el genocidio armenio y lo convierte en algo íntimo y muy cercano. El miedo está presente y se narra con una gran sensibilidad.
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'Bajo las togas. Errores judiciales y otras infamias' Carlos Castresana
Cuando la justicia se equivoca
Íñigo Beraza
«Bajo la toga de los juristas… se escondía la daga de los asesinos». Con esa frase lapidaria, incluida en la sentencia del juicio de Núremberg contra los magistrados del Tercer Reich, Carlos Castresana titula una obra que desmonta el mito de la justicia infalible. Y lo hace con la autoridad de quien ha vivido el Derecho desde dentro, pero también con la lucidez del narrador. El libro atrapa desde el principio, por la precisión con la que el autor conecta historia, Derecho y humanidad. Castresana despliega una colección de casos. Algunos conocidos internacionalmente como el proceso contra los juristas nazis, el affaire Calas, o los «interrogatorios locales» a presos del IRA». Otros más cercanos como la condena de Mariana Pineda o el mediático juicio a Dolores Vázquez en el caso Wanninkhof.
El método del autor es claro y eficaz: abre cada capítulo con una cita literaria, coloca al lector en el entorno histórico y social del caso, expone «la versión oficial» y, finalmente, el punto clave de cada relato es revelar la grieta: ¿qué salió mal?, ¿cuándo se torció el juicio? A partir de ahí, despliega la tragedia personal, la mancha colectiva. Da voz a los acusados y los rescata de los expedientes. Humaniza lo que el sistema quebró. Alterna datos y reflexión con ritmo periodístico, sin sacrificar la profundidad. Cada capítulo deja la misma impresión: lo fácil que es quebrar la justicia cuando se confunde legalidad con verdad, o protocolo con ética.
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