Edificar desde el principio

'Norman Baukasten' (Alemania, 1900)./
'Norman Baukasten' (Alemania, 1900).

El CBA recorre la historia de los juguetes de construcción y su influencia en la arquitectura

BEGOÑA GÓMEZ MORAL

El Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge estos días una exposición definida por su principal responsable, el escultor canario Juan Bordes, como «una colección sin protagonistas». Al mismo tiempo se trata de una colección con millones de protagonistas porque su razón de ser son los juegos de construcción, parte inseparable de la infancia para quienes han jugado alguna vez con los sillares de plástico de Exin Castillos o las piezas multicolores de Lego y también para quienes han visto palacios y cuevas en cajas de embalaje vacías o construcciones futuristas en moldes de papel para magdalenas.

El montaje reconoce el componente nostálgico de su contenido, pero se aleja de él para presentar una panorámica rigurosa sobre la historia de ese tipo de juegos y condensar la teoría arquitectónica que contienen. Con ese fin, se ordena no de forma cronológica, sino de acuerdo a los tres conceptos atribuidos a Vitrubio: firmitas, utilitas y venustas.

Su importancia como primer acercamiento para entender el espacio, para conocer hasta dónde llegan las leyes infranqueables de la Física y saber también dónde la imaginación puede correr libre, queda patente en el testimonio de varios arquitectos, como el suizo Peter Zumthor, premio Pritzker 2009, que refiere alguno de sus proyectos a los recuerdos infantiles o el padre de la Bauhaus y figura central en la génesis de la arquitectura moderna, Walter Gropius, quien elogió las cajas de construcciones Anker y las señaló como un recuerdo entrañable de su infancia.

El potencial de los juguetes constructivos para el desarrollo de las nociones de espacio y forma no pasó tampoco inadvertido a los fabricantes. En distintos momentos expresaron esas virtudes a través de lemas publicitarios como el de Blitz-E-Z, que afirmaba «igual que el niño construye el juguete, el juguete construye al niño» o el de Kiddie Blox, presentado «para los constructores del mañana». Los fabricantes de Dome fueron aun más claros al exponer «() no es solo un juego. Un estudio sobre la ciencia de las estructuras. El juego de mañana, aquí, hoy».

Las cajas de construcción aparecieron por primera vez como conjuntos de bloques de madera con alguna cara pintada o cubierta con papel encolado. Por lo general, reproducían motivos arquitectónicos para formar fachadas o pequeños monumentos. Son comienzos confusos, difíciles de reconstruir en detalle, y se basan a menudo en breves comentarios, por ejemplo sobre el catálogo de una empresa que en 1787 ofrecía «un juego de maderas coloreadas susceptible de ser construido, desmontado y después reconstruido». Un siglo antes, las menciona el educador Jan Comenius en Didáctica magna, de 1684.

Enigma chino

Entre las primeras referencias se mencionan los castillos de naipes y tiene una participación decisiva la llegada al ámbito occidental del Tangram. Este juego fue protagonista de un proceso de difusión tan veloz como pocos antes de la llegada de la comunicación digital. En menos de dos años, desde que en 1816 un capitán mercante desembarcó en Filadelfia con un ejemplar, se extendió con una edición de 1817 llamada The fashionable Chinese Puzzle. En Francia se difundió como Énigme chinois y meses después se popularizó en Alemania, Italia, Holanda...

'Anker Steinbaukasten (1882).
'Anker Steinbaukasten (1882).

En el Tangram no hay cálculo estructural, pero el mero hecho de realizar figuras obliga a manejar conceptos de equivalencia y subdivisión de áreas, simetría y suma de longitudes. Hay quien relaciona su origen con la antigua Grecia y el Stomachion, también conocido como el cuadrado de Arquímedes y fue un rector de Harvard quien lo recomendó para la enseñanza de Geometría a los niños y, probablemente, dio por primera vez al Qi qiao ban (siete piezas de ingenio) el nombre occidental de Tangram, formado por el cantonés Tang (chino) y la forma latina grama. Además de ser un notable instrumento didáctico, otra consecuencia de su éxito fue mostrar las posibilidades de entretenimiento y experimentación en el acto de construir.

Pioneros de la pedagogía moderna, como Johann Heinrich Pestalozzi, propugnaron el juego educativo y Froebel opinaba que «construir es fundamental para el niño, como es fundamental en el desarrollo de la mente humana y en la cristalografía. La importancia de la vertical, la horizontal y el rectángulo es la primera experiencia que el niño obtiene de sus construcciones; le sigue el equilibrio y la simetría». Las cajas de arquitectura basadas en su programa contribuyeron a la formación de artistas tan significativos como Frank Lloyd Wright y Le Corbusier, cuyas biografías señalan sus inicios en la pedagogía del Kindergarten.

Las cajas de bloques, que habían nacido como juguetes artesanales capaces de proporcionar un entretenimiento moderado, despliegan su potencial en la segunda mitad del siglo XIX, a partir de Froebel y la difusión de su docencia por todo el mundo. Los fabricantes de juguetes asumen entonces el valor educativo de los bloques y el interés del público por ofrecer a sus hijos juguetes con esas cualidades. En el ámbito comercial, supuso una eclosión marcada por dos líneas que se mantienen hasta hoy y diferencian las construcciones apilables de las más sofisticadas conectables. La exposición del Círculo de Bellas Artes contiene ejemplos de ambas opciones y constituye un recorrido con algo de nostalgia y mucho de ingenio y atractivo.