El disco favorito de Paul McCartney

El quinteto en sus años de surf, playa y chicas./
El quinteto en sus años de surf, playa y chicas.

Se cumple el cincuenta aniversario de la publicación de ‘Pet Sounds’, la obra maestra de los Beach Boys y una de las cumbres de la historia del pop

ENRIQUE VIÑUELA

En diciembre de 1964, la frágil mente de Brian Wilson dijo basta. Agotado física y emocionalmente debido a un infernal ritmo de trabajo y a su creciente afición por la marihuana y el LSD, el líder de los Beach Boys tomó la decisión de no volver a actuar en directo nunca más. Aunque para el grupo fue un mazazo en toda regla, la crisis nerviosa le dio la oportunidad de desarrollar todo su potencial artístico. Liberado del yugo de las giras interminables y de los dictados de Murry Wilson, un padre tiránico que hasta entonces dirigía con mano de hierro la carrera de la banda, Brian se encerró para componer en solitario «el mejor disco de la historia del rock». Aquel tour de force creativo lleva por título Pet Sounds y fue publicado por el sello Capitol el 16 de mayo de 1966.

«Muchas veces he llorado al escuchar Pet Sounds». La frase es de Paul McCartney. El exbeatle tiene la costumbre de regalar a sus hijos una copia del que es su álbum preferido, ya que considera que la educación musical de un aficionado al pop no está completa sin haber escuchado la obra maestra de los Beach Boys. McCartney ha confesado que cuando lo escuchó por primera vez se quedó «completamente impresionado. Primero, por la manera de componer de Brian. Me vuelve loco ese disco. Está lleno de hallazgos. Nos inspiró mucho y los Beatles sacamos de él unas cuantas ideas. Fue la principal influencia con la que nos pusimos a trabajar en la grabación de Sgt. Pepperss Lonely Heart Club Band».

Medio siglo después, la magia y el poder de seducción de esta colección de melodías celestiales permanecen intactos. Aunque apareció firmado por la banda californiana, fue la apuesta personal de un genio de 23 años. Alumno aventajado del mítico productor Phil Spector, inventor del célebre muro del sonido, Wilson se encargó de la composición, de los arreglos y de dirigir a un selecto grupo de músicos profesionales durante las sesiones en el estudio. Al igual que su mentor, al que acabaría superando en inventiva y destreza técnica, prefería grabar la música y las voces por separado. Así que la participación de los demás miembros de los Beach Boys se limitó a añadir sus angelicales armonías vocales sobre las partes instrumentales ya terminadas.

Cambio radical

Cuando el disco llegó a las tiendas, los fans se quedaron tan descolocados como los directivos de Capitol. No se parecía en nada a las grabaciones anteriores de la banda. Las nuevas canciones abrumaban al oyente por su imaginación y profundidad emocional, por la densidad sonora y variedad instrumental: suenan clavicordios, armónicas de bajo, flautas, campanillas, timbres y bocinas de bicicletas, acordeones, trompas e incluso un electro-theremin. Auténtico pop de vanguardia que trascendió su relativo fracaso comercial fue el primer trabajo de los Beach Boys que no alcanzó el disco de oro para convertirse con el paso del tiempo en una presencia habitual en lo más alto de las listas de los mejores discos de la historia, junto al debut de The Velvet Underground, Whats Going On de Marvin Gaye y Revolver de los Beatles.

La portada de su mejor disco.
La portada de su mejor disco.

Otro álbum de los Beatles fue su principal inspiración para dar forma a Pet Sounds. Publicado en 1965, Rubber Soul supuso un paso de gigante tanto para los de Liverpool como para el género del rock. Por primera vez, un disco conseguía desarrollarse en un conjunto unitario de canciones y no en una mera sucesión de singles. Wilson quedó impresionado por la variedad de estados de ánimo que transmitía, así como por sus letras, que invitaban a la reflexión. Espoleado por la madurez compositiva de los Beatles, se conjuró para superar a sus rivales británicos y brindar al mundo «una buena dosis de amor espiritual».

Aunque la mayor parte de Pet Sounds se grabó en 1966, las semillas se fueron plantando y abonando durante los doce meses precedentes. Fue un periodo de intenso desarrollo en el que Wilson dio muestras de una formidable metamorfosis creativa. «Me gustaría que las canciones duren más y que en lo sonoro funcionen a varios niveles, que puedan contener diferentes movimientos, igual que una composición clásica, pero en pequeñas cápsulas», explicaba. Se había cansado de cantar sobre surf, playas, coches y chicas en bikini. Comenzó a escribir en primera persona, consiguiendo que las canciones reflejaran las emociones que estaba experimentando. Una evolución que ya comienza a vislumbrarse en algunos de los temas incluidos en The Beach Boys Today! y Summer Days (and Summer Nights!!) ambos de 1965.

A Brian Wilson le encantaba contar con colaboradores para escribir las letras mano a mano. Para Pet Sounds su elección no pudo ser más inesperada. Escogió a Tony Asher, un brillante creativo publicitario cuyos conocimientos musicales no iban más allá de la elección de los jingles para anuncios. En el estupendo libro de Charles L. Granata Wouldnt It Be Nice. Brian Wilson y la creación de Pet Sounds (Libros del Ruido, 2013), Asher recuerda que la primera vez que se reunió con el músico, una fría mañana de enero de 1966, la única directriz que éste le dio fue: «No vamos a hacer la típica canción de los Beach Boys, así que olvida cualquier cosa que te venga a la cabeza cuando pienses en ellas. Por eso te he llamado a ti».

Cohesión de la obra

Las canciones de Pet Sounds relatan el ascenso y la caída de una relación amorosa adolescente a través de los ojos del chico. Un viaje emocional que transita por el optimismo y las expectativas de un amor que florece (Wouldnt It Be Nice, Im Waiting for the Day), la vulnerabilidad que envuelve a los amantes durante las primeras citas (Dont Talk. Put Your Head on My Shoulder), la imposibilidad de controlar los impulsos (You Still Believe in Me) y la incertidumbre por lo que deparará el futuro (God Only Knows). A la altura de Here Today el chico es consciente de lo rápido que pueden cambiar los sentimientos de las personas. La relación llega a su fin, al igual que el álbum, con la melancólica Caroline, No, un poema cautivador que resume la naturaleza efímera de la juventud y el amor. ¿Estamos entonces ante un disco conceptual?

En sentido estricto, no. Por el camino aparecen dos canciones, Pet Sounds y Sloop John B adaptación de un tema tradicional del folk popularizado en su día por el Kingston Trio que no guardan relación temática y que rompen la cadencia emocional del conjunto. Sin embargo, si atendemos a la cohesión que la obra muestra entre melodía, letras, interpretación y producción, la respuesta es sí. Pet Sounds marcó a la vez un principio y un final tanto para Brian Wilson como para los Beach Boys. Nunca fueron capaces de superar el grado de sofisticación y emoción que atesoran los 36 minutos de este disco fundamental. Engullido por las drogas, Wilson acabó hecho un guiñapo en manos de un psiquiatra sin escrúpulos. Con su compositor principal en fuera de juego, desde entonces los Beach Boys se han dedicado a recibir aplausos y regalías en conciertos donde repasan sus grandes éxitos una y otra vez para deleite de nostálgicos de una época que no volverá.