El teatro vasco, protagonista de los Max

Candidaturas a las principales categorías./Gonzalo de las HerasGráfico
Candidaturas a las principales categorías. / Gonzalo de las Heras

Los premios que se entregan hoy en Sevilla miran hacia Euskadi, de donde proceden las tres obras que optan al máximo galardón

TERESA ABAJO

El teatro consiste en olvidarse de dónde estamos y a quién tenemos delante en realidad, pero una vez al año pone el foco en los profesionales que lo hacen posible, desde la dramaturgia hasta el diseño de iluminación. La gala de entrega de los Max 2018 que se celebra hoy a las 21.30 horas en Sevilla con la actriz Cristina Medina como maestra de ceremonias –a partir de las 23.00 se emite en La 2– se seguirá con especial atención desde Euskadi, que nunca había acaparado tanto protagonismo en estos premios. Las tres obras finalistas en la máxima categoría –mejor espectáculo teatral– las han puesto en pie artistas locales, así que ya es seguro que el teatro vasco vivirá su gran noche. La que le brindará con su triunfo «Los Gondra», «Solitudes» o «Último tren a Treblinka».

La primera es una producción del Centro Dramático Nacional que, paradójicamente, no se ha visto en Euskadi. Su raíz vasca está fuera de dudas empezando por su autor, el getxotarra Borja Ortiz de Gondra, que cuenta la historia de una familia que podría –o no– ser la suya. Es candidato a la mejor autoría por una trama compleja que muestra la marca de la violencia a través de varias generaciones, desde la última guerra carlista hasta los años de plomo de ETA. A los teatros vascos no les interesó, pero tuvo un gran éxito de crítica y público en Madrid.

Un año de récord

395
espectáculos se han inscrito en los Max, más que nunca desde que empezaron a entregarse estos premios, en 1998. Entre ellos, 88 fueron candidatos en la primera fase y 37 son finalistas en alguna o varias de las 19 categorías.

«Último tren a Treblinka», de Vaivén producciones, ahonda en la memoria histórica de Europa al reconstruir a partir de textos reales las últimas horas en el orfanato del doctor Korczak, en Varsovia. El prestigioso pedagogo pudo salvar la vida al estar en una lista de «personas valiosas para la comunidad», pero eligió acompañar a sus alumnos al campo de concentración. «Tengo 200 hijos», se le oye decir en el texto del bilbaíno Patxo Telleria. La dirección de escena de Mireia Gabilondo, que introduce al espectador en el orfanato al sentarle en literas y mesas de madera, también opta a premio. La tercera finalista, «Solitudes», ha llegado hasta aquí sin decir una palabra. La compañía vasca con mayor proyección internacional, la guipuzcoana Kulunka, domina el teatro de máscaras y logra que el público sienta la soledad de un anciano que se ha quedado viudo. Ayuda a ponerse en su piel la música de Luis Miguel Cobo, candidato a la mejor composición.

Espectáculos de calle

«Son tres obras fabulosas y absolutamente diferentes», afirma el autor e intérpete Juli Disla, director institucional de Artes Escénicas de la Fundación SGAE y miembro del jurado. «Lo que tienen en común es que las tres abordan una temática social, muy pegada a la realidad». Este ha sido un año récord para los Max, que se entregan desde 1998. Se han inscrito 395 espectáculos, de los que 37 pueden llevarse hoy algún premio y solo tres aspiran al equivalente al Goya a la mejor película. «La procedencia no tiene nada que ver a la hora de decidir, pero la presencia de producciones vascas es notable. La contundencia de las artes escénicas en Euskadi se va a poner de manifiesto este año en los Max», añade Disla.

En total son siete los espectáculos con sello vasco que pueden llevarse a casa el trofeo creado por Joan Brossa, una manzana con un antifaz que simboliza el misterio escénico. Euskadi brilla en los espectáculos de calle, una categoría a la que aporta dos de los tres finalistas: «Meeting Point», de Ertza, y «Topa», de Kukai Dantza (ambas guipuzcoanas) y Brodas Bros, se medirán con «Olea» de «Visitants». Kukai vuelve a destacar después de tocar el cielo el año pasado con «Oskara», que ganó tres Max –entre ellos el de mejor espectáculo de danza– y el premio nacional de esta disciplina. En «Topa», la compañía que dirige Jon Maya Sein –autor también de la coreografía de «Los Gondra»– une la danza tradicional y la cultura urbana a través de cuatro jóvenes que se ponen a bailar en una plaza cualquiera. Entre ellos está Clara Pons, finalista como mejor intérprete femenina de danza. La pasión por el baile también es lo que transmite Ertza, que en «Meeting point» imagina el encuentro de dos jóvenes del mismo país que coinciden en el otro extremo del mundo. Esta pieza de 15 minutos ganó el premio al mejor espectáculo callejero en la Umore Azoka el año pasado.

«Los tres finalistas son absolutamente diferentes, pero están pegados a la realidad social»

«Los tres finalistas son absolutamente diferentes, pero están pegados a la realidad social» Juli Disla, miembro del jurado

El vitoriano Iñaki Rikarte está de enhorabuena por partida doble. Es el director y coautor de «Solitudes» y candidato a mejor actor por «Soka», un monólogo en el que explora los límites de la responsabilidad y la culpa en el papel de un profesor de gimnasia tras el suicidio de un alumno. También Adolfo Fernández dará una alegría si logra el premio a la mejor adaptación por «En la orilla» –basada en la novela de Rafael Chirbes– de la compañía bilbaína K producciones. El teatro vasco suma así un total de once candidaturas y tiene asegurada la medalla de oro que nunca había recibido, aunque Barbotegi –impulsada por la guipuzcoana Concha Busto y Joseba Arza– participó en las producciones ganadoras «El verdugo» y «Arte».

«Los Gondra» se traduce al inglés y al francés sin haberse visto en Euskadi

En vísperas de la gala de los Max a la que llega como finalista, Borja Ortiz de Gondra ha firmado el contrato con Oberon Books para publicar «Los Gondra» en inglés (traducido por William Gregory) en 2019. La historia de esta familia vasca con la violencia como telón de fondo ya puede leerse en francés, publicada por Actualités Éditions. El eco internacional resalta aún más la incongruencia de que una obra tan profundamente ligada a Euskadi solo se haya representado en Madrid. Escrita en parte en euskera, con tres actores vascos, música de Iñaki Salvador y coreografía de Jon Maia, la trama se desarrolla en torno a un frontón. Su autor aborda en la segunda parte, «Los otros Gondra», aún sin estrenar, la convivencia en Euskadi sin ETA.

Danza Mobile, las artes escénicas como vía de comunicación de la diversidad.
Danza Mobile, las artes escénicas como vía de comunicación de la diversidad.

El público elige una «comedia amarga» y participativa sobre la escuela

A falta de conocer lo que depare la gala, hay tres premios Max que ya tienen dueño. El de honor corresponde al dramaturgo, director y pedagogo teatral José Sanchís Sinisterra, que cumple seis décadas de profesión y suma este reconocimiento a otros muchos, como el Premio Nacional de Teatro. Ha estrenado más de 40 obras, entre ellas clásicos como «Ay, Carmela», y ha fundado tres espacios escénicos. La compañía Danza Mobile ha recibido el Max Aficionado o de Carácter Social por apoyar el desarrollo integral de las personas con discapacidad a través del arte.

Este año se estrena otro galardón especial, el que concede el público a su espectáculo favorito de la temporada. Casi 5.000 personas han votado a lo largo de dos meses a través de la web de los Max y de una aplicación móvil y la ganadora es una pequeña compañía valenciana, Bullanga, creada en 2013, por «Joc de xiquetes». Esta obra obtuvo dos candidaturas –a mejor espectáculo revelación y mejor autor revelación– en la primera fase de los Max, pero no llegó a finalista.

El público, en cambio, ha apostado por esta «comedia amarga para público adulto», como la define la compañía. Escrita y dirigida por Adrián Novella, que fue actor de La Cubana, la obra se basa en hechos reales y recrea una reunión de padres y madres en una escuela. Un ambiente familiar para muchos espectadores y en el que, además, se promueve su participación. «El público forma parte de la comedia, se le asigna un rol para poder entrar e implicarse activamente en este juego de niñas y niños», explica el autor. La pieza plantea una dura reflexión sobre la «hiper comunicación» en el ámbito escolar y los riesgos de «una protección desmedida de los padres a sus hijos». Los extendidos grupos de WhatsApp de padres y madres son un buen ejemplo de cómo «la tergiversación de la realidad puede acabar provocando consecuencias fatales».

 

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